Con un humor tan seco como una sobredosis de realidad (hilarante y desgarradora), «Kajillionaire», el tercer filme de Miranda July, nos sumerge en un viaje incómodo sobre una chica que ha crecido en un mundo tan frío y retorcido como los propios padres que la criaron. La película no sólo escarba en los rincones más oscuros de la familia disfuncional; va directo a la yugular de lo que significa ser un ser humano atrapado entre las expectativas ajenas y las propias cicatrices emocionales. La vida de Old Dolio (Evan Rachel Wood) no es un viaje de autodescubrimiento: es una carrera de obstáculos hacia la supervivencia, y en su caso, el amor ha sido tan escaso como un billete de 100 dólares en su billetera. En este universo extraño y frío, sus padres no solo han fallado en ofrecerle cariño; han elevado la indiferencia a una forma de arte.

Los Dyne no son solo unos padres problemáticos. Son los arquitectos del vacío existencial que han construido en su hija que crece sin más propósito que sobrevivir. El mundo es un lugar hostil y el único juego es robar lo suficiente para no caer completamente en la desesperación. Old Dolio, que ni siquiera tiene un nombre que le pertenezca (lo «tomaron prestado» de un vagabundo muerto), ha aprendido a ser una especialista en sobrevivir, un camuflaje emocional que se arrastra por la vida con la misma apatía con la que los padres cotizan su amor como un bien de lujo, pero también, para ocultarse de cobradores y victimas, con extraños movimientos como un ninja que se desliza. Su vida se escurre sin propósito, arrastrando su existencia de manera tan vacía y desolada como la espuma rosada que cubre las paredes de su apartamento en Los Ángeles.
El padre, Robert Dyne (Richard Jenkins), está atrapado en su propia teorías conspirativas, convencido además, que su muerte se acerca. La madre, Theresa Dyne (Debra Winger), podría ganarse un lugar en el récord Guinness por su energía indestructible, a pesar de cojear por la vida con una amargura imparable. Juntos, han creado una familia donde las estafas son la moneda corriente para llenar su vacío.

Es en medio de este caos que entra Melanie Whitacre (Gina Rodriguez), una joven que se une inesperadamente al «negocio familiar». Su llegada es como un terremoto emocional para Old Dolio, que empieza a preguntarse por primera vez, si las sombras de su familia se pueden quitar de encima. A medida que se acerca a Melanie, empieza a imaginar que existe otro tipo de vida, una en la que no tenga que estar atrapada en un ciclo interminable de mentiras y supervivencia.
Pero ¿podrá Old Dolio liberarse de la prisión que sus padres construyeron para ella? ¿Encontrará, en el estallido de la desconcertante conexión humana, algo que se parezca a la felicidad? «Kajillionaire» es una mirada cruda y sarcástica sobre lo que significa ser hijo de un amor ausente, mientras se lucha por encontrar un pedazo de humanidad en un mundo que nos enseña que el amor nunca fue la respuesta.
Miranda July, nacida en 1974, no es solo una cineasta; es una fuerza creativa multidisciplinaria que se mueve con fluidez entre el cine, la literatura, el performance y las artes visuales. Su estilo es tan característico como inquietante, capaz de sacar a la luz los rincones más oscuros y complejos de la experiencia humana, y lo hace con una sensibilidad casi sobrehumana. En sus películas, no hay juicios ni moralismos, solo una observación tan afilada como empática, una especie de inmersión en los laberintos de la psique humana. Y, claro, «Kajillionaire» no es la excepción. La directora nos invita a un viaje que es tanto perturbador como conmovedor, un viaje donde la intimidad, la familia y la identidad se entrelazan de maneras que nos dejan pensando mucho después de que se termina la película

Si algo caracteriza la narrativa de July pienso que es su capacidad para explorar lo profundo sin ahogarse en lo turbio. Sus personajes son esos seres complejos, humanos a su manera, con defectos y virtudes que se revelan con una autenticidad que pocos logran. No se trata solo de una película, sino de un viaje emocional a través de las emociones crudas, las relaciones familiares que a menudo son más ataduras que refugios, y el complicado proceso de encontrar tu lugar en el mundo. En el caso de «Kajillionaire», los personajes son un reflejo de la forma en que en una familia, sus integrantes se moldean unos a otros y cómo las experiencias compartidas, tan aparentemente simples, pueden convertirse en las mismas trampas que nos definen.

Me resulta fascinante ver cómo Miranda July, con su enfoque tan particular, logra una conexión única con sus actores. En el caso de Evan Rachel Wood, se toma el tiempo de trabajar en una química que va más allá de la actuación tradicional. Antes de la filmación, la directora pasó horas con Wood en su estudio, obligándola a salir de su zona de confort, incluso a través de ejercicios como no mirar a nadie a los ojos, usar ropa holgada y comunicarse solo con gestos o sonidos. Wood misma revelaría que July le decía: «Hazlo como si fueras un animal salvaje, como si fueras una criatura», una dirección que claramente marca una diferencia radical en la interpretación. Y el resultado es un trabajo que no solo te conmueve, sino que también te incomoda, te hace sentir.

En su esencia, «Kajillionaire», es más que una película; es una inmersión profunda en los temas que nos definen: las relaciones humanas, la conexión familiar y la lucha por la identidad. Mientras los personajes se enfrentan a sus propias barreras emocionales y se vuelven extraordinariamente complejos cuando están bajo la mirada de July. Todo esto acompañado por una banda sonora que no solo complementa, sino que amplifica la intensidad emocional de cada momento, haciendo que el viaje se sienta tan hermoso como incómodo.
Miranda July se adueña de la pantalla una vez más, dejándonos con una sensación de vulnerabilidad y esperanza, con la promesa de que, aunque el camino hacia la autoaceptación sea difícil, siempre habrá espacio para la renovación. Gracias por leer mi texto, fue un filme en el que la soledad y desesperanza de sus personajes me conmovió hasta las lágrimas.
Estados Unidos, 2020. Título original: Kajillionaire. Director: Miranda July. Guion: Miranda July. Productores: Dede Gardner, Youree Henley, Jeremy Kleiner. Productoras: Annapurna Pictures, Plan B Entertainment. Distribuida por Focus Features (2020). Fotografía: Sebastian Winterø. Música: Emile Mosseri. Montaje: Jennifer Vecchiarello. Reparto: Evan Rachel Wood, Gina Rodriguez, Richard Jenkins, Debra Winger, Matthew Foster, Elena Campbell-Martinez.
Crédito fotografías: Matt Kennedy/Focus Features.




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