“… Baldía nación;/ se te derriten,/ todos tus muchachos, / todos tus borrachos;/ todos tus drogados, / en un rincón.” José Cruz.
Directamente del martirologio de Hollywood: Pasión y muerte de Billie Holiday; ícono del jazz cuyo nombre de pila fue Eleanora Holiday Fagan (Pensilvania, 1915).
Oveja descarriada, alcohólica elegante, codependiente y atormentada, luminosa, junkie y mártir… Así lo cuenta el inventario fílmico, The United States vs. Billie Holiday (2021), del director Lee Daniels (Precious, 2009). No sorprende que una de las premisas del relato cinematográfico sea el estigma de la fatalidad en la vida de la cantante; devienen la discriminación de la que fuera objeto y el planteamiento que pretende sostener la trama: La acción judicial del Estado norteamericano para criminalizarla por su adicción a la heroína, so pretexto de impedir que cante la polémica Strange fruit. Interpretar la canción protesta, sólo le abona problemas y una cosecha amarga hasta el final de sus días.
De acuerdo a la película, basada en la historia del periodista Johann Hari, la ofensiva del Federal Bureau of Investigation (FBI) contra el consumo y tráfico de estupefacientes durante aquellos años, focaliza en Holiday el blanco de un acoso que demuestra la racialización de las drogas, así como los estereotipos que infrahumanizan y limitan los derechos civiles de la comunidad afroamericana.

Es mediante un infiltrado e informante Federal, --siempre hay un Judas-- Jimmy Fletcher, también afrodescendiente, que el FBI logra inculpar a Holiday. Ya casi en el umbral donde habrá de enfrentar su juicio, Billie asesta contundente: “La gente que es más dura conmigo es de mi propia raza”. A propósito de embustes y traidores, Judas and The Black Messiah de Shaka King (2021). Referente a clichés y Judas, Jesus Christ Superstar (1973) de Norman Jewison; en algún momento contemplaron llamarla, Judas Superstar. Y sobre el acoso racial perpetrado desde el poder a través de sus aparatos judiciales --qué raro--, la mata ya había dado en 2020, el documental MLK/FBI dirigido por Sam Pollard.
Acerca de músicos y cantantes activistas contra la segregación, suman a la lista los documentales: The two kilins of Sam Cooke (2019), dirigido por Kelly Duane; What happened, Miss Simone? (2015), de Liz Garbus y Birth of The Cool (2019), de Stanley Nelson, acerca de Miles Davis. Es el Black power extendido al arte y de ahí a la posteridad, nada menos.
De retorno al martirio de Lady Day-cantante Maldita, (ateniéndonos al Malditismo de Verlaine) en su lecho de muerte profetiza desafiante a su acosador: “Do you think I'll stop singing that song?… Your grandchildren will sing Strange fruit” (¿Crees que dejaré de cantar esa canción?… Tus nietos cantarán Fruta extraña).
¿Crees que dejaré de cantar esa canción?… Tus nietos cantarán Fruta extraña.

Cual Santa María Egipcíaca, Billie Holiday con todo y gardenia blanca, ha sido redimida y beatificada por Hollywood y la industria musical, profesándole a destiempo respeto, aunque acatar sin cortapisas los derechos humanos de los afroamericanos en pleno siglo XXI, sea una signatura sin saldar.
Los aciertos en el desarrollo del largometraje, sin duda son los números musicales y la actuación de Andra Day en el papel de Billie Holiday.
Los inconvenientes, son las licencias en el guión para narrar forzadamente pasajes biográficos, intentando encajar como piezas desiguales la ficción, el idealismo y la realidad, en una historia que no cuaja y al final te deja la certeza de que aún no llega “la película”… Esa que merece el Angel de Harlem, bien argumentada y articulada, desprovista de sensacionalismo. En fin, convengamos que a la industria hollywoodense le viene bien explotar la morbosidad, consustancial peculiaridad del ser humano.
Billie Holiday Sam Cooke Miles Davies Nina Simone



¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.