Vamos a morir. Meteorito, la política en el mundo posmoderno, redes sociales, Byung-Chul Han y el absurdo de Camus Spoilers

Bastará haber navegado mínimamente por internet durante estos días para haberse topado con la terrible noticia de un meteorito que amenaza con impactar contra la Tierra. De la noticia tengo poquitas cosas para decir:

  • Con solo entrar uno descubre que tiene muchísimo de clickbait, y que todo debe matizarse.
  • De asteroides, meteoritos, cálculos y astrofísica no sé absolutamente nada; así que disto de cualquier autoridad para hablar de esto.
  • Lo sorprendente pareciera radicar en que esta vez, a diferencia de todas las noticias fatalistas que ya hemos visto, esta sí activó el protocolo de seguridad planetaria, y además por primera vez las probabilidades aumentan cada día en lugar de bajar como suele acostumbrarse.
  • Tampoco es que el mundo funcione de maravillas así como estaba, hay que decirlo.
  • La noticia me sirve de excusa perfecta para hablar de Don´t look up, que cada día que pasa me resulta más actual.

Mientras tanto, yo así:



Configuración de la política en el mundo posmoderno

Como para empezar, la película de McKay trata sobre el cambio climático, la negación de la ciencia, la corrupción política y la manipulación mediática (cosas que no serán sujetas a debate al menos aquí). Ética, Política y Epistemología son puestas a discusión, señalando además algunas de las dinámicas que operan como leyes en nuestro mundo post-posmoderno, o cómo sea que nos guste considerarlo. La película critica la indiferencia frente a las amenazas reales y cómo el poder y los medios distorsionan la percepción pública.

Algunas de las problemáticas filosóficas que vemos son cuestiones epistemológicas como la manipulación de la verdad y cómo se desatiende el conocimiento científico. Además temas de ética, responsabilidad, el papel de los medios y de los líderes ante amenazas globales. También critica la negación de verdades incómodas y la desinformación política. Por medio de la sátira, cuestiona la indiferencia ante las crisis graves y la apatía social respecto de la realidad.

Crisis de la verdad científica

Uno de los ejes centrales de la película es la dificultad para establecer y comunicar la verdad en un contexto saturado de información y desinformación. Se nos muestra cómo, a pesar de la evidencia científica inequívoca, la verdad sobre el peligro inminente se diluye en un mar de narrativas mediáticas y discursos políticos. Esto pone en juego la idea de que el conocimiento sea una cuestión de acumulación de hechos, sino que está mediado por intereses, discursos y contextos culturales, poniendo contra las cuerdas la idea de la neutralidad del saber.

La desconfianza hacia la ciencia, que se ve reflejada en la respuesta de la sociedad frente a la advertencia del desastre, es una gran invitación a reflexionar sobre cierto efecto de la posverdad, en el que los hechos objetivos pierden peso frente a las emociones, opiniones y la influencia de los medios. La película cuestiona la capacidad de la sociedad para discernir lo real de lo fabricado, evidenciando una crisis epistemológica en la que la autoridad del conocimiento se ve socavada por intereses mediáticos y políticos.

Todo este problema es cada vez más tremendo pensándolo en relación con el avance de las fakenews. Hemos visto cada disparate que ponemos también en tela de juicio las noticias con un verdadero asidero en los datos y la realidad. Además la búsqueda por construir un enemigo con la que la política actual se ve tentada a proceder es un caldo de cultivo profundamente peligroso para la utilización ideológica de la información (podemos pensar en que surgieron sectores que negaron la existencia de una pandemia).

Además, toda la cuestión de las fakenews es exponencialmente mayor gracias al nuevo desarrollo de las IAs, gracias a las que cada vez resulta más difícil distinguir la ficción de la realidad, incluso cuando uno se toma el trabajo ascético de querer comprobar los datos que recibimos. La inmediatez de la información, la saturación de contenido digital que recibimos, logran crearnos una falsa realidad o simulacro.

¿Está en agenda la agenda?


Observamos además una desproporción en la escala de prioridades, sostenida a fuerza de tendencias en las redes sociales que distorsionan los temas verdaderamente en agenda, por el sesgo de creer en lo digital como un ágora legítimo para la discusión.

Sin ir más lejos, en Julio del 2023 (es el último dato serio que encontré), se calculaba que los argentinos con una cuenta en X rondaban cerca de los 8 millones, lo que equivale tan solo a un 18% de la población. Ya se aclaraba además que probablemente el número de cuentas activas sería inferior a la mitad.

Habría que restarle a este número que muchísimas personas abandonaron la aplicación en distintas oleadas migrando hacia otras redes sociales como protesta a distintas ocasiones en las que su dueño protagonizó algún escándalo (me reservo los comentarios porque creo que ofrecer un artículo relativamente serio sobre el ethos geopolítico actual basta como acción).

Otro número: se estima que para alcanzar el trending topic hacen falta aproximadamente 1200 menciones por minuto. Entiendo que en términos de redes sociales esto sea mucha gente -estoy obviando además la infestación de bots- pero en la vida real son muy pocas personas.

Todo esto es para decir, que muchísimas veces nos convencemos de la ilusión de que determinados temas son tendencia, cuando la tendencia representa un porcentaje completamente minoritario en un mundo que en su gran mayoría no habita los escenarios virtuales que erigimos como válidos. Sin embargo, los grandes medios levantan como noticia qué temas están en el trending, generando una falsa ilusión de agenda incluso para los ajenos que solo consumen medios tradicionales.

Política de la banalidad

Don't Look Up se erige como una crítica mordaz a la política contemporánea y a las estructuras de poder que parecen más preocupadas por la imagen y el entretenimiento que por el bienestar común. (Aprovecho para citar otra comedia increíble que describe este mismo fenómeno con creces: Long shot)

El manejo de la inminente catástrofe por parte de los líderes políticos y las instituciones refleja una forma de poder caracterizada por la inercia burocrática, en la que la toma de decisiones cruciales se ve obstaculizada por intereses particulares, egoístas y bastante siniestros: la búsqueda del consenso mediático y el miedo a las consecuencias electorales. Encontramos aquí un punto de contacto con las críticas clásicas a la política burocrática, donde la urgencia del bien común es subordinada a la preservación del status quo.

La película además, denuncia cómo el poder se disfraza de las formas del espectáculo. El consumo irónico y los memes que acercan a los jóvenes a ideas radicales y completamente descorridas de la corrección política como signo de falsa rebeldía contestataria; además de la capacidad de empoderar viejos discursos de odio, dándole nuevamente voz a propuestas violentas que soñábamos casi extintas. Estas nuevas formas algorítmicas de la política, como la viralidad, las fakenews, la inmediatez y la lógica del bait, logran ascender en la opinión pública a marginales personajes reaccionarios, posiblemente inadaptados en el mundo real. (uf, diremos solo eso, y las conclusiones las dejaremos abiertas al lector).

Los medios, en complicidad con actores políticos, transforman un problema existencial en un entretenimiento de baja intensidad, donde la forma prevalece sobre el fondo. Esta dinámica pone en tela de juicio la autenticidad del liderazgo y la capacidad de la política para abordar crisis reales cuando su ejercicio se reduce a la gestión de la imagen pública.

El dilema ético de la responsabilidad

La inminente amenaza del cometa (que podríamos reemplazar indistintamente por cualquiera de las crisis globales que se nos ocurra) requiere una respuesta ética urgente. Menciono someramente el concepto de “ética de la responsabilidad” que propuso Hans Jonas, subrayando la obligación moral que tienen tanto los individuos como las instituciones, de actuar en beneficio de las generaciones futuras y del bienestar planetario, aun cuando la evidencia y las advertencias sean ignoradas.

La propia consigna Don't Look Up (“No mires hacia arriba”), resulta una buena metáfora sobre la tendencia de la sociedad a evitar confrontar las verdades incómodas. A medida que avanza la película, cuando el meteorito que impactará ya aparece a simple vista, la amenaza del impacto se convierte en un gran elefante en la sala (o rey desnudo) sobre el que se hace difícil fingir demencia.

Filosóficamente, se puede entender como una crítica a la apatía y a la negación que impiden la acción transformadora, planteando el desafío ético respecto a la necesidad de desarrollar una actitud de vigilancia y compromiso frente a los problemas existenciales.

Hay que dejar de robar con Byung-Chul Han por dos años…

…Sin embargo, nuestro filósofo de moda favorito Han, sostiene en La sociedad del cansancio que el imperativo neoliberal de rendimiento y productividad genera una sobrecarga emocional y existencial. En la película, la inminente catástrofe se enfrenta a una ciudadanía, que junto con sus líderes políticos, parece incapaz de asimilar y actuar ante el peligro, evidenciando una suerte de parálisis del sujeto moderno.

El autor cuestiona cómo la cultura de la positividad y el rendimiento nos agota, dejando poco espacio para procesar la negatividad o el dolor. La sociedad ignora las tragedias por estar obsesionada con el espectáculo y la hiperinformación, sin permitir el espacio para la reflexión crítica o el duelo.

La constante exigencia de rendimiento y la hiperinformación que nombramos, dejan poco espacio para la reflexión profunda. Esto se traduce en una respuesta superficial a la crisis: la amenaza se banaliza, se convierte en un elemento más de la agenda mediática, sin generar el impacto transformador que requeriría una verdadera toma de conciencia.

En La sociedad de la transparencia, Han critica la excesiva exposición de la vida y la primacía de la imagen, que reducen lo complejo a lo visual y lo inmediato. En la película, la inmediatez de las redes y los medios transforma un problema existencial en un espectáculo mediático burdo. Los líderes y la prensa, en su afán de mantener una imagen positiva o de entretenimiento, diluyen la seriedad del mensaje científico, impidiendo que el debate se profundice y devenga en una acción efectiva.

La transparencia absoluta, al eliminar espacios de reflexión y crítica, crea una situación en la que la verdad se ve mediada y deformada por intereses estéticos y mercadológicos. La catástrofe, en lugar de ser reconocida y confrontada, se convierte en parte de un ritual mediático que prioriza el show frente a todo.

Byung-Chul Han analiza, en Psicopolítica, cómo el poder neoliberal se ejerce mediante la seducción, la autoexplotación y la internalización de normas, más que a través de la represión directa. Uno de los grandes brazos de este dispositivo es la manipulación del sujeto. La película ilustra cómo los mecanismos de persuasión y el control informativo conducen a una pasividad generalizada. Los ciudadanos, bombardeados por un exceso de estímulos y mensajes positivos, terminan aceptando una narrativa que minimiza la crisis, demostrando que el poder moderno opera a través de la internalización de la idea de progreso y optimismo, incluso en medio del desastre.

La falta de una respuesta colectiva contundente se ve reflejada en la incapacidad de la sociedad para romper con la lógica del rendimiento y la inmediatez, lo que refuerza el control sutil del sistema. La resistencia, en este contexto, se vuelve casi imposible cuando el sujeto se encuentra inmerso en una red de autoexigencia y complacencia que le impide cuestionar los fundamentos de la realidad.

Han lamenta la desaparición de espacios de encuentro con lo profundo y lo trágico, reemplazados por la inercia de una cultura hiperconectada y optimista. Describe este fenómeno como la crisis en la subjetividad y pérdida de lo trascendental, precisamente dos temas centrales en todo su enfoque.

La película pone de relieve una sociedad que, acostumbrada a la superficialidad y a la inmediatez de la información, se muestra incapaz de experimentar el asombro o el temor ante lo ineludible. Esta incapacidad de asombrarse se descubre por la falta de conexión con lo trascendental y lo sublime, y es una característica del sujeto que ha perdido el poder de cuestionar la existencia misma y de imaginar alternativas que trasciendan el rendimiento diario.

Otro efecto colateral de esto es el olvido de lo existencial. Al reducirse todo a cuestiones de imagen y entretenimiento, la confrontación con la mortalidad y la fragilidad del planeta se difumina, reflejando cómo la cultura neoliberal suprime aquello que no se ajusta a la lógica del mercado y de la productividad.

El absurdo

Podemos entender el absurdo filosófico (aunque desde el absurdo no nos importe una definición) como la mirada que se centra en la irracionalidad de la vida humana en un universo indiferente. La película muestra la condición absurda de la existencia, especialmente en la tensión entre la insignificancia humana y la inevitabilidad de los eventos cósmicos.

Tal y como lo plantea Camus en El mito de Sísifo, el absurdo surge de la confrontación entre la búsqueda humana de sentido y un mundo que, en esencia, no lo ofrece. En la película, la inminente catástrofe representada por el meteorito es una evidencia objetiva de un peligro existencial, pero se enfrenta a la indiferencia, la negación y la distracción de la sociedad. Esta disonancia entre la claridad de la amenaza y la apatía general encarna el sentimiento absurdo: la lucha por entender y actuar en un entorno que parece carecer de lógica o justicia inherente.

Muchos autores enarbolaron la risa y la sátira como única respuesta posible frente al avance del absurdo. El humor negro y la sátira son recursos fundamentales en Don't Look Up para subrayar lo irónico de la situación. La risa que provoca la presentación de una crisis global tan seria es, en cierto modo, una respuesta humana ante lo ineludible e irracional.

Nace entonces el humor como mecanismo de defensa. Desde la óptica camusiana, la risa puede interpretarse como una forma de enfrentar la absurdez de la existencia. Ante lo absurdo, el individuo se niega a caer en la desesperación total y, en cambio, adopta una actitud de ironía a modo de rebelión posible.

Contracara de esta resistencia graciosa es el espectáculo de lo trágico. La transformación de una situación crítica en un evento mediático superficial refleja cómo la sociedad opta por disfrazar la tragedia con el velo del entretenimiento, un gesto que simboliza la negación colectiva de la realidad absurda.

No obstante, la filosofía del absurdo no conduce para nada a la resignación pasiva, sino a una especie de rebelión que reconoce la falta de sentido sin dejar de afirmar la vida. Accedemos a una paradoja. Por un lado, en la película, la inercia política y social ante la advertencia científica simbolizan la renuncia a enfrentar lo absurdo. Es una actitud que Camus criticaría como una forma de suicidio existencial en sentido figurado: dejar de luchar frente a la verdad del destino ineludible.

Pero al mismo tiempo, el absurdo invita a la creación de sentido a través de la acción individual y colectiva, a pesar de la irracionalidad del universo. La incapacidad para reaccionar efectivamente ante la catástrofe es, precisamente, una metáfora de la lucha interna del ser humano por afirmarse en un mundo desprovisto de certezas.

Finalmente el enfrentamiento con lo absurdo lleva a cuestionarse la propia posibilidad de encontrar o crear significado en la existencia. La película plantea una pregunta incómoda. ¿Cómo actuar cuando la evidencia del desastre es irrefutable, pero la respuesta social se reduce a trivialidades y distracciones? Allí yace el desafío existencial.

Nos queda la creación de sentido como máximo acto de rebeldía frente a lo absurdo. La respuesta ética y existencial no es negar la ausencia de sentido, sino afirmarla y, a partir de allí, forjar una existencia auténtica. Se tratan de la necesidad de una postura más comprometida, que no se conforme con la evasión ante la absurdidad de la situación, y se ría insolente del fin que se acerca, pese a lo que quieran hacernos creer.

Sobre el algoritmo capaz de predecirlo todo

Breve comentario final sobre el mejor chiste de toda la película. Sembrado sobre la mitad de la trama, remata finalmente en la escena post créditos; y me parece profundamente aterrador.

¿Leyeron algún artículo sobre cómo el algoritmo de Tik Tok se da cuenta del embarazo de algunas usuarias antes que ellas mismas lo sepan? Esto ocurre en la vida real, no en la película. Los invito a profundizar al respecto e investigar por ustedes mismos, parece que hay miles de casos.

La respuesta siempre es la más sencilla (gracias Ockham por la navaja), y pese a que resulta muy seductor enarbolar conspiraciones acerca de cómo los aparatos nos escuchan y nos espían, la respuesta de este misterio es mucho más simple.

Tik Tok funciona recopilando datos y relacionándolos; por lo tanto,conoce” con un grado monstruoso de precisión -entre otras cosas- cuáles son los cambios prácticamente imperceptibles que se dan en un cuerpo gestante durante los primeros días de gestación. Todo esto en términos de usar más o menos la aplicación, mayor o menor ansiedad traducida en scrolleo más o menos compulsivo, horas de sueño y de vigilia que se modifican, tipo de contenido que priorizan, cambios en la propensión a reaccionar e interactuar frente al contenido, etc. Es de tal modo que “predicen” comportamientos, pudiendo confrontarlos con una base de datos gigante que incluye etnias, franjas etarias, aspectos socioeconómicos, todo.

Lo más triste, es que el algoritmo no conoce el significado del concepto “embarazo”, simplemente anticipa en términos de consumo algo así como “con este número de variables positivas, este usuario ahora es más propenso a ver contenido vinculado con cochecitos, ropa de bebe, tips para la crianza, etc

En la primera escena post créditos de la película, después de que el cometa impacte contra la Tierra, el grupo de élite que logra escapar en la cápsula llega a este nuevo mundo habitable que pretenden poblar. Al desembarcar desnudos con la esperanza de iniciar una nueva civilización, la presidenta Janie Orlean (Meryl Streep) se acerca a una criatura alienígena similar a un ave, que inmediatamente la ataca y la devora.

El chiste radica (hice pocas cosas más tristes en mi vida que explicar un chiste de otro) en que el empresario tecnológico Peter Isherwell (Mark Rylance) conoce que esa criatura se llama “bronteroc”. Y lo conoce porque sobre la mitad de la trama, y en una discusión con la presidenta, su algoritmo del cual se jacta que sabe hasta la forma en la que los usuarios van a morir, le revela que el destino de la presidenta terminará a manos de un “bronteroc”, pese a que entonces ambos desconocían qué significaría.

El recurso es narrativamente impecable, y funciona con una ingeniería sublime del guion.

Terminé el artículo sin hablar del avance del neo-fascismo global y sus pormenores, me desconozco.

Si al final nos vamos a morir, vivamos lo que queda.

O como dijo el maestro,

"¡A vivir que son dos días!",
Filosofía puchito.

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