“Melancholía”, dirigida por Lars von Trier y protagonizada por Kirsten Dunst y Charlotte Gainsbourg.
¿Cómo te sentirías al saber que estás proximo a perderlo todo?
Melancolía es una película que nos pone a prueba. Pone a prueba nuestros instintos, y hasta donde seríamos capaces de llegar con tal de sobrevivir
Lars von Trier nos presenta las dos caras del dolor en el cuerpo de dos hermanas, Justine y Claire.

Cada una cuenta con vidas diferentes y realidades totalmente disímiles. Claire, la hermana “perfecta”, la hermana que encarna los roles sociales y tiene la familia que todos desearían tener. Justine, la “oveja negra” de su clan y la que se supone está rota ante los ojos ajenos. Claire odia el estilo de vida de Justine tan contrario al suyo, detesta que no quiera mostrarse correcta ante los demás, aunque no lo sea, y la aparente poca conciencia social que su hermana tiene.
Este contraste es lo que hace que esta gran película, sea una gran película.

Justine
Justine es ese personaje con el que muchos podrían empatizar, pero otros, no. Muchos pensarán: “¿Por qué hace todo tan difícil? ¿Por qué si se supone que tiene la vida perfecta, es así como es?”
Justine es un personaje profundamente complejo, como cualquier personaje de Lars von Trier. Pero ella va más alla de la “depresión” con la que convive. Su depresión va más allá en sí. Su estilo de vida está basado en el por qué de las cosas. Justine es una mujer existencialista, que entiende la vida a su modo como cualquiera, pero es justamente ese modo lo que la diferencia de su hermana.

La angustia la persigue diariamente aunque trate de ocultarla, como el día de su boda. Ella no quería casarse, lo hizo por Claire, para buscar aceptación de su familia. Ella no amaba a su marido, amaba la idea de sentirse validada por su hermana.
No es hasta los días previos a que el planeta Melancolía choque con la Tierra, que la vemos tranquila. No es que estuviera feliz por saber que moriría, sino que estaba tan despierta en comparación con Claire, que elegía vivir sus últimos días lo mejor posible y no dejarse llenar por la ansiedad.
Nadie estaba seguro de si el planeta chocaría, pero Justine lo aceptaba. Aceptaba la idea de perderlo todo, perder su hogar, su familia, su vida. Porque, después de todo, ¿qué estaría perdiendo que fuera tan valioso como para entrar en un frenesí? ¿Qué podría intentar para detener el fin? Nada. Su idea de la vida no era común y corriente, y aunque a veces le jugara en contra, lo entendía. Aceptaba que no era ningún Dios que manejara la finitud, eso es lo que la convierte en un personaje tan interesante.

Claire
La otra hermana cumple un rol totalmente opuesto: una mujer que parecía tener todas las de perder, o al menos eso cree. Claire no entiende los comportamientos de Justine, su depresión existencial, ni tampoco cómo puede vivir así. Claire es distinta. Claire tiene a su hijo y a su marido y viven en una mansión hermosa, sin problemas aparentes.
Su problema es la poca aceptación del fin. No acepta el hecho de que posiblemente todo vaya a acabar, que seguramente tenga que ver a su hijo morir, ni que su hermana sí lo acepte.
Claire entra en un frenesí psicótico, una catarsis que la tenía próxima a volverse loca.
No estaba lista para morir. No estaba preparada para perderlo todo.

Melancolía
El día llega. Ninguna de las hermanas sabe que es el comienzo del fín, y las vemos a cada una vivirlo de distintas formas. Justine está tranquila, aprovechando los últimos momentos con su sobrino, en la mansión de su hermana. En cambio, Claire, busca cualquier manera de escapar… totalmente en vano, claro. Hasta le propone a su hermana ir a tomar una copa de vino y tratar de no pensar en que todo va a acabar. Justine, enojada piensa que es un acto erróneo;
“—¿Sabes lo que pienso de tu plan? Creo que es un pedazo de mierda”.
A lo cual Claire le responde que a veces la odia demasiado, y es como la tercera vez en la película que lo repite. Pero lo que en realidad odia de Justine es, como dije antes, su realidad y como actúa ante esta.

Justine aprovecha los últimos minutos de vida con su sobrino, creando “la cueva mágica” y tratando de vivir el fin lo mejor posible, mientras Claire se encierra en un sufrimiento solitario.
Al terminar de armar la cueva, los tres se sientan bajo ella y nos regalan el fin del mundo más hermoso, conformado por un grupo tan heterogéneo.
Cada uno lo vive a su manera, cada uno lo acepta como puede porque es evidente que va a pasar. Ninguno habla. Claire sigue en un lugar del dolor, y hasta el último momento antes de morir, se sigue viendo el sufrimiento con el que carga, mientras que su hijo espera el final. Justine observa a su hermana, la contempla en el estado en el que se encuentra, y es lo último que ve antes de que Melancolía choque contra la Tierra, antes de que todos pierdan todo.

Conclusión
Cada hermana es distinta. Cada hermana tiene sus virtudes y defectos. Cada una vive el fin como se lo permite basado en lo conocido. Ambas tienen sus modos y ninguno está equivocado: sería un error juzgar las formas en las que le hacen frente a los problemas.
Pero aunque sean personas tan diferentes, las dos se volvieron perdedoras: perdedoras en el sentido más existencial de la palabra. Y es algo que las va a unir infinitamente aunque no se encuentren más en este plano.



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