Diario berlinés - Semana de la Crítica (03) - Measures for a funeral (S. Bohdanowicz)  

La última noche de la Semana de la Crítica de Berlín el plan era un poco extraño. La semana tiene una programación que en realidad es dos cosas distintas: hay un equipo, el comité de selección, que elige (elegimos) las películas y después hay otro equipo, el equipo de debates, que piensa en los invitados y los temas para las conversaciones que vendrán después. Como muchas veces las conversaciones duran casi lo mismo que las películas, es en realidad un programa doble, sólo que una parte en en una pantalla y la otra sucede en vivo, frente al público. El equipo de debates se encarga de pensar un tema y unes invitados para las películas, y este año hicieron algo nuevo: inventaron distintos formatos de debates, con reglas del juego un poco más definidas. Una serie de palabras en alemán dan nombre a estos extraños formatos, y como buenas palabras en alemán, no tienen una traducción literal al inglés o al castellano. El tipo de debate más común, que es uno en el que vienen invitados de distintas disciplinas y charlan de las películas en conjunto y sus relaciones, se llama Steilvolrlage, que es un término del fútbol que no se como se llama tampoco en castellano porque no se nada de fútbol, pero sería una especie de pase de gol. Rudelkritik era el debate de críticos, sin cineastas presentes. El último debate del año, el debate de cierre, fue el formato más curioso de todos: Halbwissen, que significa algo así como saber a medias. La idea era producir una situación de conocimiento desigual: el moderador del debate no sabía nada de la película ni de las invitadas. No sabía el nombre, la directora, el género ni los nombres de sus interlocutoras. El moderador era el crítico alemán Nino Klinger, que participa muy seguido en la Semana.

La película de cierre era Measures for a Funeral, de Sofía Bohdanowicz, que es una película bastante seria. Apenas terminó hubo un pequeño Q&A con Sofía, Charlotte Gosch (que se encargó del diseño de la película) y la violinista María Dueñas, que actúa en la película y estaba en Berlín en esos días ensayando para un concierto que iba a dar en la filarmónica de Berlín. En ese momento me di cuenta de lo que iba a pasar: una persona que no sabía nada de la película iba a intentar hablar de ella, y el resultado podía ser gracioso, ¿pero iba a servir para pensar en algo? Me invadió un pequeño susto. Cuando vi subir a Nino me tranquilicé un poco: es un tipo muy sensible e inteligente. Las tres invitadas eran dos críticas, una de Austria y una de Ucrania, y una música experimental, Barbara Morgensen. Al principio Nino les pidió que se presentaran y se entretuvo un poco hablando de ellas y su trabajo Sonya Vseliubska, la ucraniana, se dedica a escribir sobre documentales de guerra, y la conversación se desvió un poco. Al principio parecía que Nino evitaba un poco hablar de la película, estiraba el momento de llegar, pero las chicas comenzaron a sabotear esta idea tirando datos sobre la película en la conversación. Entonces Nino trajo una idea sobre los spoilers, y esa tensión que hay en la crítica de cine entre contar y no contar las cosas de la película. Ahí es cuando nos dimos cuenta de la belleza de este formato: lo que estaban haciendo las invitadas era un poco lo más elemental de la crítica de cine, contarle a alguien algo que no ha visto. Tratar de reponer un objeto para alguien más, desde la más básica necesidad de que entienda su forma y su funcionamiento. Cuando Nino se dio cuenta de que a las tres les había gustado muchísimo la película, el debate se transformó en eso: tres personas describiendo de a poco un objeto complejo y bastante impresionante. Fue muy conmovedor de escuchar, y había mucha belleza en la manera en que el relato de las chicas se iba encadenando en ideas complementarias. También daba mucha risa, porque se revelaban cuestiones de la trama tremendas, como la muerte de algún personaje, o cosas así. El público estaba como encantado.

La película es en sí un objeto extraño también. Es la última de la saga de Audrey Benac, una especie de detective de archivo que, a lo largo de cinco películas y diez años, investiga figuras perdidas de la historia. Estas figuras son siempre canadienses y siempre mujeres, y el personaje es siempre un poco carecido (e interpretado por la misma actriz, Deragh Campbel), pero no hay continuidad entre las películas. Cada una es su propio universo, aunque ese universo comparte cosas con el anterior y el siguiente. En la primera película de la saga, Never Eat Alone, Audrey descubre que su abuela fue actriz de telefilms y cantante lírica, y que en esa época de su vida tuvo un amor que luego dejó por su abuelo. Mientras buscan a este hombre, recuperan una historia de la televisión y la música olvidada. En la segunda, MS Slavic 7, Audrey busca en archivos y bibliotecas la correspondencia entre su tatarabuela, la poeta Zofia Bohdanowichowa, que emigró a Canadá durante la segunda guerra mundial y el poeta Józef Wittlin para recuperar su obra poética olvidada. En la tercera, Veslemoy Song, Audrey encuentra entre los papeles de su abuelo una mención a la violinista Kathleen Parlow, la maestra de su abuelo, quien fue muy famosa, fue una de las primeras personas en ser registradas en los cilindros de cera de Edison y recorrió el mundo. En Point and Line to Plane Audrey viaja a San Petersburgo buscando las pistas de Parlow, que estudió en el conservatorio, y se encuentra con la obra de Hilda af Klimt en medio de un duelo. En este último episodio Audrey sigue investigando a Kathleen Parlow y se encuentra con un concierto que escribió para ella Johann Halvorsen, un concierto que se interpretó solo una vez. Mientras huye de una pareja de muchos años y una madre que está muriendo, Audrey viaja a Inglaterra, Dinamarca y Montreal para investigar el concerto, escuchar las grabaciones de Edison, conocer los lugares en los que vivió Parlow y encontrar a la violinista que pueda interpretar en el concierto (interpretada en la película por María Dueñas).

Las películas de Audrey Benac son ficciones de archivo, películas que se basan en una investigación real que fue desarrollando Bohdanowicz con los años, con objetos y personajes históricos reales. A eso, Sofia les agrega una escritura de ficción cada vez más elaborada que tiene que ver con crear una estructura de personajes que, en sus vínculos, piensan sobre estos objetos de la historia que la película persigue. Measures for a Funeral es la más fuertemente ficcional de todas. Una película larga, con viajes internacionales, con tramas muy personales alrededor del duelo, el miedo a la muerte y articulada sobre todo sobre relaciones de Audrey con otras mujeres que son, paso a paso, las personas con las que piensa. Su tutora de tesis, que le señala el concerto; su amiga que vive en Londres (en el Barbican!), la acompaña a visitar la vieja casa de Parlow y le presenta Retrato de una dama, de Henry James, un libro que acompaña silenciosamente toda la película, sobre todo bajo una idea de Melanie (que el libro es sobre una mujer que quiere entender el límite entre ella y el mundo); las archivistas y bibliotecarias que la acercan a los materiales físicos de Parlow (cuadernos, fotos, conciertos, cartas) y a los soportes físicos de la música de Parlow (los cilindros de cera de Edison); la joven violinista que comienza a trabajar con el concerto y acompaña el último momento del duelo de Audrey; la voz de Kathleen, que lee cartas y diarios a lo largo de la película.

Measures for a funeral es la más seria y sombría de las películas. Es quizás la más trascendental, la que lleva estas ideas sobre la ficción y la historia a un punto más acabado, a una idea pulida de cómo organizar escenas y conversaciones a partir de darle forma a una investigación real para crear con ella algo más, algo más grande: una película. La última escena de Measures… es completamente despampanante: se interpreta, en un gran teatro de Montreal, el concerto frente a una audiencia que está como hipnotizada. La secuencia dura lo que dura el concerto y, de repente, el cine se transforma en una especie de filarmónica en miniatura en la que, como un fantasma, podemos ver a la vez la música, quienes la hacen y quienes, con nosotras, la escuchan. Es un cierre de intimidad tremenda para el personaje de Audrey Benac, un personaje que comenzó su saga siendo una perdedora feroz, alguien que jamás lograba lo que se proponía pero que, en el medio, conocía mucho más del mundo que antes. En este episodio Audrey, en medio de una vida más adulta, más densa, más triste, por fin gana. Fue muy conmovedor terminar así el festival, con ese debate de mujeres también emocionadas con este mundo que tuvo ahí su fin.

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