La brevedad puede ser el mejor aliado de una historia, sea ésta narrada con palabras, letras o imágenes. Tal es el caso de Fauna, del director mexicano-canadiense Nicolás Pereda. Al igual que los giros inesperados en la trama que advierten un guion bastante bien pensado. Al principio se nos presenta una road movie con cámaras fijas que se dejan llevar por los autos y la conversación de los protagonistas y su desorientación, que pasa a ser la nuestra a través de la lente. Por un lado, Luisa y Paco, los novios actores de quienes conocemos su voz antes que cualquier otro elemento en la película, y por el otro; Gabino, hermano de Luisa y biólogo. Ambos acuden a un pequeño pueblo minero en el norte de México a visitar a sus padres. Es hasta muy avanzado el filme, que nos enteramos de que la verdadera película apenas empieza, siendo este giro una gran manera de salvar los abismos planteados, uno tras otro por el bien logrado guion. En este filme, los lugaes como la carretera, el pueblo, y los espacios en general tienen una función que podríamos considerar como expresionista, en el sentido de que, tanto los exteriores como los decorados interiores están al servicio de la narrativa.
Durante la primera parte del filme, que resulta ser un largo prólogo, existen memorables gags muy bien interpretados, por actores que actúan como hijos-actores, como yernos actores.
Hacer reír es difícil, mucho más que hacer llorar, cuando de narrativas se trata. ¿Cómo hacer reír sin recurrir a pastelazos o ridiculizar? He ahí la importancia de un guion hecho concienzudamente. Hacer reír con inteligencia siempre ha sido un reto para creadores de diferentes ámbitos. En esta película, sobre todo en el extenso prólogo, la risa nos lleva de la mano por una trama en la que todo pasa sin que apenas lo advirtamos los espectadores. Con muy poco se dice mucho, y por mucho entiéndase: todo.
Hoy día, el cine mexicano padece dos grandes dolencias. Por un lado, el cine chatarroso, encarnado por derbeces, chaparros, higaredas y demás fauna televisiva. ¿fauna, dijimos? Valga, pues la expresión. Y por otro el de muchas formas inasequibles de cine de “arte”. Entiéndanse los Reygadas y los Francos(Michel, para ser más preciso). El primer tipo de cine preocupado más por llenar salas monstruosas del agonizante duopolio de las salas en México, entiéndase, la taquilla. Y el otro más bien preocupado por inflar los ya de por sí sobreinflados egos de sus realizadores. Algo que ambos tienen en común es su desprecio por el espectador. Parece que planteo aquí una relación bastante maniquea.
Con esto en mente, Fauna de Nicolás Pereda es una bocanada de aire fresco que viene a dar su lugar al espectador, al cual se debe. Ya que no desprecia ni su inteligencia ni su paciencia. Hace uso de elementos que el espectador promedio y consumidor de series tiene en mente, sin descuidar una intención estética en cuanto a la composición formal de las imágenes y el montaje de las escenas. El realizador hace que parezcan sencillas, pero es en lo que nos hacen sentir, que notamos que no lo son. Nos sirve imágenes memorables a través de una fotografía eficaz sin descuidar su importancia poética. Nos da diálogos claros y que van justo a donde deben caer (¡de nuevo el guion!). Y, aun así, no es complaciente ni condescendiente ya que la película empieza hasta cerca de los treinta minutos transcurridos de la misma, sin que esto implique inconveniente alguno para la trama. Esto se infiere al encontrarnos con el misterio del título del filme pues en esa segunda parte, el metarrelato presentado a través de la lectura de Gabino nos responde la pregunta: ¿por qué la película se llamará Fauna? Fauna es el plato del bien comer. Es una película con la que la mayoría de los espectadores, especializados o no, cinéfilos o no; podemos reflexionar, apreciar, o hasta el imperdonable pecado (para los puristas) de pasar un buen rato. En cuanto a lo de reflexionar, no se nos escapan esos guiños y burlas a la glamourización de la imagen (o imaginario) del narcotraficante a través del personaje de Paco, quien en una divertida secuencia de “conocer al suegro”, es inevitable mirar hacia esas estéticas por demás nefastas, a través de su meta-actuación, evidentemente incomodísima para el personaje yerno-cuñado, pero inolvidable para los espectadores. Cuando una película tiene momentos así, se puede decir que ha surgido un clásico. Sin olvidar el recurrente elemento visual e incitador del cigarro o cigarros, que son el gran motivador y conductor de varios momentos importantes del filme en sus dos partes. No porque la película sea una apología del tabaquismo, sino porque es una muestra de que las angustias cotidianas y cómo las enfrentamos son lo que construye nuestras vidas. Que la realidad retratada de manera cinematográfica no puede ni debe ser aburrida. Ambas partes de la película resultan una unidad poética por todos los elementos mencionados, Aunque en la segunda, el misterio es un nuevo y espeso elemento lleno de sabor y goce narrativo. Ambas partes de la película, y todo el filme en conjunto, tienen lo que me pareció la mejor cualidad. Insisto: la brevedad.
Hablar de mi experiencia como espectador con Fauna no es tan sencillo como decir “me gustó”. Es importante tener en cuenta todo lo que la realización de un filme implica. Recordar que es producto de un tiempo y lugar; de una mente o mentes creativas. Debo confesar que es mi primer acercamiento a la obra de Pereda, cuya primera impresión en mi es inmejorable, por lo que me acercaría al resto de su obra sin dudarlo; desde luego con la justa y sana dosis de necesario escepticismo, pero abierto a la experiencia y el aprendizaje. Dispuesto pues, a forjar un criterio.




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