En casi todas las series o películas encontramos perdedores memorables, aborrecibles o hasta incluso, finalmente triunfales. Pero pocas son las obras que nos entregan todo un seguimiento de la vida y obra de un perdedor absoluto. Jimmy McGill es, sin exagerar, un hombre que fracasa incansablemente en todo. Su carrera como abogado en una universidad con un mínimo de prestigio, su relación con su hermano Chuck, su credibilidad, y su vida amorosa.
Sin embargo, Better call saul no es una obra para reírnos sobre las cenizas de un hombre. Es un salmo sobre el constante renacer de un profeta del fracaso, una oda incansable acerca de cómo alguien puede basar su vida, su personalidad, y hasta sus relaciones en superar obstáculos que se presentan en un eterno retorno. Porque los problemas de Jimmy son eso: un río que en sí mismo desemboca. Y la zanahoria que persigue es utópica para alguien como él, aunque se sobreponga a las dificultades constantemente, ningún resultado parece darle una estabilidad permanente. Quizás porque él mismo juega a auto sabotearse, porque no comprende la vida de otra manera, aunque crea querer otra cosa.
Su transformación a Saul Goodman no es otra cosa que la cima de esta reverencia al fracaso constante. el cambio de apariencia, de nombre o de vestimenta, son meros artilugios estéticos para representarlo. Pero el verdadero mensaje es la demostración de que un perdedor puede formar un triunfo de eso. Y no es un mensaje motivacional ni una romantización del último puesto. Saúl realmente gana perdiendo, y es el Súperman del Clark Kent que fue Jimmy.
Al final, nuestro antihéroe es un arquitecto que moldea su destino utilizando como material inagotable su propio fracaso. No lo usa para aprender, lo usa para edificar, y eso nos da más esperanza que cualquier obra de superación o de triunfo.
Better call saul nos enseña que el acto de perder no es solo una faceta aislada de nuestras vidas. No es un momento, ni una etapa, ni un aprendizaje para ser mejor, es una constante que nos habita y nos rodea de manera íntegra. A cada momento estamos perdiendo en algún aspecto, y en última instancia en nuestra carrera con la muerte. Los pelos cayendo, las uñas que cortamos, las arrugas formándose tan lento que no somos capaces de reconocer el momento en el que aparecen, son luchas que nos someten cada día. Y esta obra es una alternativa a reírnos de ello para sobrellevarlo, porque sin ser una comedia nos amiga con la derrota. Y en la parte superior de esta pintura eterna, sonriendo de traje y corbata, probablemente comiendo una hamburguesa que compró en un puesto callejero, está nuestro profeta representado en dos mitades. Mitad Jimmy, el humano, el terrenal, el que sufre varias veces por perder, y mitad Saul, el transformado, el intocable, quien no teme y no conoce la tristeza.
Por debajo cada uno de nosotros, que miró con perplejidad esta serie e intenta resolver lo que nos quiso decir. Uno de ellos soy yo, que hoy interpreto lo que les redacto.
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