Pocas veces se da que una sola locación sea escenario, testigo, protagonista y partícipe necesario en un relato. Un ejemplo de esto es lo que ocurre con ‘’Crónica de una fuga'', donde tenemos una antigua y refinada casona llamada “Mansión Seré” que funcionó como centro clandestino de detención durante la última dictadura militar argentina (mal nombrada Proceso de Reorganización Nacional), más precisamente entre 1976 y 1978.
Es en esta casa donde transcurre el 90% de esta película escrita y dirigida en 2006 por Israel Adrián Caetano, que nos narra una historia vivida en carne propia por Claudio Tamburrini, un joven arquero de fútbol que lamentablemente, un día mandaron injustamente al descenso, cuando en 1976 fue secuestrado por un grupo paramilitar en su domicilio por presuntamente ser un fiel y temible guerrillero. Interpretado por el talentoso Rodrigo De La Serna, Claudio pasa cuatro meses en cautiverio hasta que exactamente en el día 121 decide escapar junto al ‘’Vasco'', el ‘’Gallego'' y ‘’Guillermo'', interpretado por un audaz Nazareno Casero. Pablo Etcharry completa este elenco en su papel de Jefe de Operaciones de este grupo militar.
Sin embargo, si bien se centra en el rapto de Claudio y sus días eternos y oscuros encerrado, en realidad está contándonos la vida de muchos/as que corrieron su misma suerte, pero que pueden haber terminado con diferentes finales. A pesar de esa variedad de desenlaces, estoy seguro que para todos/as algo cambió, porque no se puede salir del infierno sin llevarte su fuego en tus ojos. Como si fuera poco, refleja cómo un pueblo estaba dormido mientras se sentían despiertos con telenovelas y partidos de fútbol. El entretenimiento los avivaba mientras otros se entretenían asesinando compatriotas. Incluso, el que quizás sospechaba o había visto a flacos armados patrullando pensando en primera instancia que, como dice Pipo Cipollati, se trataba de cieguitos, prefería hacer la vista gorda.
Pero la Mansión Seré fue mucho más que el escenario del 90% del film. Este lugar respiró una cosa y otra al mismo tiempo. En esa casona, convivieron la esperanza y desazón, el miedo y la valentía, la traición y lealtad, la verdad y la mentira, la sensibilidad y frialdad, el sufrimiento y goce, el malo y el bueno, la incertidumbre y lo probable, el orden y el caos. El problema, pero también la solución.
Tal es la importancia de la misma que el director nos trae un recurso por demás interesante: poco antes de que llegue Claudio aquel día de sol, vemos distintos planos de la casa por fuera, hasta quedarnos con el de la entrada.
Llegando al final del largometraje y exactamente cuando los cuatro terminan de escapar, nos quedamos otra vez con el plano de entrada, pero esta vez es de noche y hay una lluvia torrencial que no podía faltar a la hora de concretar semejante odisea.
Las listas, agendas y recolección de datos, el ‘’me tenía que haber tomado la pastilla'' y ‘’algo habrán hecho'', los libros corajudos y discos disruptivos en la hoguera, el imponente auto verde, los allanamientos de madrugada en cuartos con posters y banderas revolucionarias, las torturas físicas y psicológicas con sus respectivos ‘’gracias'', ‘’por favor'' y sí señor'', los descalzos y los de las botas, el aferrarse a Dios y los gritos de goles que tapan gritos esposados de dolor, ansiando oír el de rotas cadenas, mientras los esconden bajo la alfombra o detrás del telón. Todo esto es parte de esa cultura y por eso no podía no estar presente en la grabación.
Algo notable y distinguido que tiene el film es que no hay muchas escenas violentas. Por el contrario, si bien las torturas y humillaciones son reiteradas y suceden a lo largo de la filmación, estas suelen ser expresadas a través de gestos, caras y alaridos, dejando en evidencia que no es necesario recurrir a la violencia gráfica para platicarnos sobre tamaña y tenebrosa brutalidad y salvajismo.
Las historias son buenas y tienen valor cuando están plagadas de detalles y sutilezas.
En este sentido, destaco los siguientes sucesos.
Ni bien llega Claudio al centro clandestino, uno de los integrantes del grupo de tareas cuestiona prepotentemente a todos los detenidos alegando que ‘’seguro se quieren escapar, ¿no?''. Quién diría que 121 días después no solo contestarían su pregunta sino que además, una vez con la respuesta en sus manos, era tarde para actuar.
Otro momento que merece ser destacado es cuando Claudio le dice al Gallego ‘’estás desapareciendo''. Por entonces, el pueblo no estaba enterado, pero Claudio y sus colegas ya adelantaban, sin saberlo y en cautiverio, el nombre que acompañaría años más tarde al número 30.000, del que igual un nefasto personaje se encargó de remarcar que ‘’no está ni vivo, ni muerto, es un desaparecido''.
Por último y lejos de ser lo menos importante, hay que mencionar a Guillermo y aquella idea a la que le terminó dando una vuelta de tuerca, proponiéndole a Claudio y el resto de escapar. En realidad, más que una tuerca fue un tornillo, que se desprendió de su primitiva cama mientras era torturado y humillado por Lucas, uno del grupo de tareas. Aquellos seres oscuros de pequeños corazones que tenían todo controlado no se percataron de un simple detalle, tan simple y minúsculo como un tornillo. Un tornillo que se convirtió en llave para abrir la ventana, aunque en realidad, más que la ventana, abrió un camino a la tan deseada libertad y el cierre a una injusticia cruel y despiadada.
No sé si quienes ingeniosamente robaron el Banco Río de Acassuso y al partir dejaron una nota irónica, poética y provocadora tuvieron como referencia lo que hizo Guillermo segundos antes de salir por la ventana.
Con el mismo tornillo que les dio un abrazo al alma y una caricia en la cabeza, escribió en la pared ‘’Gracias Lucas'', en un acto de rebeldía, satisfacción y chicana.
Cuando lo que hay para contar se hace de una forma sorpresiva y su contenido logra conmover, despertar, reflexionar, amar, odiar, llorar, reír y todo aquello que indudablemente vale la pena sentir, estamos hablando de arte. Porque, ¿Qué no es el arte? Eso que flota, nadie nota y vuela. Eso que literalmente no te genera nada.
‘’Crónica de una fuga'' es la impotencia y bronca ante la injusticia, la compasión con la víctima y la falta de empatía y piedad con el agresor. Es la reflexión permanente sostenida en el tiempo y la idea de que una cosa tan pequeña puede resultar en algo grande, incluso si se trata de vida o muerte. Es un llamado a no bajar los brazos, aunque los tengas atados e indefensos. Es una muestra más de que nunca tenemos que dejar de tener memoria y exclamar por la verdad y justicia.
Llegando al final, repasamos qué fue de la vida de cada uno. Por su parte, La ‘’Mansión Seré'', ubicada en Morón, Provincia de Buenos Aires, fue prendida fuego a mediados de 1978, aunque las historias vividas ahí adentro nadie pudo ni podrá apagar.
Nos quedamos con la última imagen. Claudio en una estación de tren se detiene a observar a una mujer con su bebé en brazos. Puede que se trate de una mirada hacia el futuro. Del desear en ese desconocido un lugar feliz y mejor para todos. Un lugar que no sea como la ‘’Mansión Seré''. Un lugar donde predomine la libertad, el amor y respeto. Y un lugar en el que nunca dejemos de escribir en las paredes, ya sea con lápices o tornillos, una frase, dos palabras: Nunca Más.



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