Después del "Y Vivieron Felices" (Historia inspirada en Shrek) 

El pantano volvió a la normalidad después de la gran boda de Shrek y Fiona. Burro seguía hablando sin parar, el gato con botas aún intentaba mantener su dignidad, y Shrek, por primera vez en su vida, tenía algo que nunca imaginó: una familia.

Pero los cuentos de hadas nunca mencionan lo complicado que es compartir tu vida con alguien. Fiona, acostumbrada a la vida de princesa, intentaba mantener cierta organización en el caos del pantano. Shrek, en cambio, disfrutaba de su desorden y sus charcos de lodo.

—¡Shrek, no puedes simplemente dejar las cebollas mordidas sobre la mesa! —protestaba Fiona.
—¿Por qué no? Así se mantienen frescas —gruñía él.
—¡Eso no tiene sentido!
—¡Claro que sí, soy un ogro, yo sé de cebollas!

Burro, que solía reírse de sus discusiones, empezaba a notar que se volvían cada vez más frecuentes. Fiona extrañaba algunas cosas de su antigua vida, aunque nunca lo admitiría. Shrek, por otro lado, no sabía cómo manejar el hecho de que su mundo ya no era solo suyo.

Un día, después de una pelea sobre quién debía lavar los platos (porque Shrek afirmaba que el barro ya los limpiaba), Fiona se fue a caminar sola al bosque. Se sentó junto a un arroyo y miró su reflejo: seguía siendo una ogresa, pero por dentro… ¿seguía siendo la misma Fiona que soñaba con su "felices para siempre"?

Mientras tanto, Shrek también se sentía perdido. Siempre había querido estar solo, pero ahora, cuando Fiona no estaba, su pantano se sentía más vacío que nunca.

Cuando Fiona volvió, encontró a Shrek sentado en la orilla del pantano, mirando la luna. Se sentó a su lado y, después de un rato, le dijo:

—No es fácil, ¿verdad?
—¿El qué? —preguntó él.
—El felices para siempre.

Shrek suspiró.

—No, pero supongo que no tiene que serlo.

Se quedaron en silencio, hasta que Fiona sonrió y le dijo:

—Podemos hacer que funcione. A nuestra manera.

Y así lo hicieron. Con peleas sobre cebollas, baños de lodo compartidos y un amor que no era perfecto, pero era real. Porque después del final feliz, la verdadera historia apenas comienza.

¡


Los días pasaron, y poco a poco, Shrek y Fiona aprendieron a convivir con sus diferencias. No fue fácil. Hubo más peleas por las cebollas, discusiones sobre qué tan seguido era demasiado seguido para bañarse en barro y hasta una crisis cuando Shrek decidió construir un retrete al aire libre sin consultarlo con Fiona.

Pero también hubo risas. Fiona descubrió que podía cantar a los pájaros del pantano… aunque en lugar de posar en su hombro, preferían picotear su cabello. Shrek aprendió que a veces, solo a veces, ceder ante Fiona no estaba tan mal, especialmente si significaba una cena bien preparada en lugar de sapos crudos.

Burro seguía siendo su sombra, interrumpiendo cualquier momento romántico con algún comentario fuera de lugar.

—Miren nada más a estos dos, ¡el amor está en el aire! —decía, justo cuando Shrek intentaba tomarse un momento tranquilo con Fiona.

Y el Gato con Botas, aunque aún misterioso y galante, no podía evitar reírse de la vida caótica del matrimonio ogro.

Con el tiempo, la rutina dejó de sentirse como una batalla y empezó a ser parte de ellos. Aceptaron que nunca serían la típica pareja de cuento de hadas. Shrek nunca sería un príncipe refinado, y Fiona nunca sería la delicada princesa en una torre.

Pero eso estaba bien.

Una mañana, mientras Shrek pescaba ranas para el desayuno y Fiona intentaba mantener a Burro alejado de la comida, ambos se miraron y sonrieron. No necesitaban castillos, caballos blancos ni coronas de oro.

Ellos tenían algo mejor.

Tenían un hogar, aunque estuviera lleno de barro y desorden. Tenían aventuras, aunque muchas de ellas fueran discutir sobre cómo cortar las cebollas. Y lo más importante, se tenían el uno al otro, con todos sus defectos y rarezas.

Porque el verdadero "felices para siempre" no es un destino, sino una elección de todos los días.

Y ellos la elegían, una y otra vez.

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