Me considero un afortunado cinéfilo, pues considero haber disfrutado unas cuantas películas de Audrey Hepburn, –la actriz más oscarizada del celuloide internacional–. Sin duda alguna, hizo posible que el espectador llegara a imaginar colores de aquella época dorada de los años 50 y 60, bajo su extraordinaria e inigualable personalidad.
Hepburn fue una maravillosa bailarina, cedida al mundo del espectáculo cinematográfico, por otro lado, la elegancia logró una posición de mucho prestigio al desfilar las distintas pasarelas de modas, acontecidas en una época sublime.
Audrey Hepburn, era la novia de aquellos chavales que solíamos frecuentar las salas de aquel cine incoloro, cuya timidez contenida era un verdadero obstáculo de las supuestas e imaginables declaraciones amorosas, sin embargo, Audrey nos permitía soñar con la magia de su amor platónico, sin importar días y noches en aquellos pueriles momentos.
Su vida no siempre fue color de rosas, tuvo una infancia de serias complicaciones familiares. Entre guerras, hambre, abandono paternal, cautiverio, muertes, además su delicada salud marcó seriamente el destino de la connotada estrella.
En el año 1951 se inicia en el mundo del cine, formando parte del elenco de la película, «Oro en barras» con Alec Guinnes. Año en el cual también protagonizó la versión musical Broadway de «Gigi'», desde entonces comenzó a abrirse a pasos agigantados en la Meca del cine.
Transcurría el año 1953, cuando dio vida a la singular princesa Ann, en las divertidas, «Vacaciones en Roma», cuya protagonización compartiría con el siempre recordado, Gregory Peck. Y el mundo jamás pudo olvidar la figura simpática de la diosa Audrey.
Luego siguió la producción de «Sabrina» con el afamado, Humphrey Bogart, pareja que pronto se convirtió en favorita del público. Asimismo, tuve la oportunidad de enamorarme con «Una cara con ángel». Con los años Audrey demostró que además de ser poseedora de una belleza sin precedente, estaba destinada a probar su talento una vez más en «Charada».
En la magistral escena de la cinta «Desayuno con diamantes», la menuda Audrey Hepburn se atrevió a sustituir a la despampanante Marilyn Monroe y el resto es historia conocida por todos de su gran calidad histriónica.
El film «Always» producido en 1989, bajo la dirección del icónico Steven Spielberg, puso punto final en la brillante carrera de esta maravillosa artista. No obstante, la magia del internet, está encargada de revivir las emocionantes aventuras de la actriz que llegó para quedarse en el corazón de todo el que ama el buen cine.
Su nobleza y solidaridad humana lo dedicó de manera incondicional en favor de los más pequeños, hecho que le valió ser nombrada, embajadora de buena voluntad de UNICEF.
Lamentablemente un fatídico 20 de enero de 1993, partió a la eternidad, la actriz de la cara angelical, después de perder la batalla contra el cáncer. Sus 4 Óscars son prueba de infinito recuerdo entre las figuras femeninas artísticas de todos los tiempos.
Dondequiera que te encuentres, querida Audrey, tu estrella estará eternamente brillando en el firmamento, pues siempre serás Reina de Reinas, luz que jamás se extinguirá.



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