Los Oscar: Una premiación que significa mucho, pero a la vez no significa nada.  

La temporada de premios llegó a su fin el pasado domingo 2 de marzo con la ceremonia de los premios Oscar. Tenía mucho tiempo sin verlos; si mal no recuerdo, la última ceremonia que vi completa fue la de 2017, muy comentada, pero no por las películas nominadas y ganadoras, sino por la controversia en la categoría de Mejor Película de ese año. Después de eso, solo me dediqué a ver resúmenes de los momentos más relevantes.

Un poco de historia

Los Premios de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas se llevaron a cabo por primera vez el 16 de mayo de 1929 con la finalidad de honrar el trabajo de los actores, directores, productores, técnicos y escritores involucrados en una producción cinematográfica. Sin embargo, con el pasar del tiempo, las cosas no han sido del todo memorables, salvo algunas excepciones.

Los Oscar han estado llenos de controversias por años, ya sea por racismo, sexismo, edadismo, opiniones políticas que no tienen nada que ver con arte y muchas más. Además, cada año parece haber un tipo de película predilecto para ganar: dramas históricos, biopics y una que otra obra independiente. Aunque estos géneros son los favoritos de la Academia, no siempre son garantía de calidad. Muchas de las ganadoras apenas son recordadas por el público, mientras que aquellas que son amadas y respetadas por la audiencia nunca recibieron el reconocimiento que merecían ni fueron galardonadas en ceremonias anteriores.

Un evento en declive

Hablemos un poco de este evento televisivo que ha ido en declive, sobre todo en las últimas décadas. Los premios Oscar tienen como propósito homenajear y promover el cine, pero cada año parecen ser menos entretenidos. El formato no ha cambiado en años: un comediante o actor famoso es el anfitrión, hay números musicales largos y molestos, las mismas categorías que no han cambiado desde 2001 cuando introdujeron "Mejor Película de Animación", presentadores habituales y listo.

El proceso de votación es vergonzoso: los jueces ni siquiera se toman el tiempo de ver las películas. Siempre van con las "favoritas", por así decirlo. Ni siquiera eligen según lo que vieron, sino por lo que la obra podría significar en lo político o ideológico; sumado a esto, el descarte de varios géneros que son adorados por el público.

Géneros ignorados

El terror y la comedia siempre han sido descartados. Ejemplos claros son Frankenstein (1931) y Drácula (1931), dos películas icónicas que fueron ignoradas en la ceremonia de 1932. En los 70, una época increíble para el terror, la industria no había despertado aún: The Texas Chain Saw Massacre (1974), Carrie (1976) y Halloween (1978) fueron ignoradas, excepto The Exorcist (1973). En los 2010, grandes historias de terror como The Witch (2015), Hereditary (2018) y The Lighthouse (2019) también fueron pasadas por alto.

En cuanto a la comedia, la Academia tuvo la osadía de ignorar City Lights (1931) de Charlie Chaplin y Duck Soup (1933), así como Ghostbusters (1984) y Who Framed Roger Rabbit (1988).

Otro género poco valorado es la ciencia ficción. King Kong (1933), una película pionera en efectos especiales, no recibió reconocimiento. Pero lo más insólito fue no premiar Star Wars (1977), que redefinió la industria, en favor de Annie Hall. Otras omisiones notables incluyen Raiders of the Lost Ark (1981), E.T. (1982), Back to the Future (1985), The Terminator (1984) e Interstellar (2014).

Obras maestras ignoradas

El Oscar también ha omitido obras maestras. Citizen Kane (1941) es un caso famoso; se dice que hubo resentimiento hacia Orson Welles. It’s a Wonderful Life (1946) también fue ignorada, mientras que The Best Years of Our Lives (1946) ganó, probablemente por su relevancia política en la posguerra.

Películas como Apocalypse Now (1979) perdieron ante opciones más convencionales (Kramer vs. Kramer). Taxi Driver (1976), Network (1976) y All the President’s Men (1976) fueron derrotadas por Rocky.

En los 90, Goodfellas (1990), Heat (1995), Mission: Impossible (1996), Jurassic Park (1993), Se7en (1995) y The Matrix (1999) solo recibieron premios técnicos. The Dark Knight (2008), una de las películas más importantes de su década, ni siquiera fue nominada a Mejor Película.

La década de 2010 no fue mejor. The Social Network (2010) y La La Land (2016) son ejemplos de cómo no premiar verdadero arte. En cambio, se favorecieron historias sobre racismo, aunque no necesariamente las mejores: Green Book (2018) y 12 Years a Slave (2012) han sido olvidadas rápidamente. Mientras tanto, el auge del cine independiente, gracias a A24, pasó desapercibido para la Academia.

Directores menospreciados

Hollywood ya era una industria consolidada en los 50, pero seguía ignorando grandes directores. Singin’ in the Rain (1952), uno de los mejores musicales de la historia, no fue reconocido adecuadamente. Hitchcock nunca ganó como Mejor Director; Vertigo (1958) y Rear Window (1954) fueron pasadas por alto. Solo le dieron un Oscar honorífico, lo cual es bochornoso.

Stanley Kubrick también fue menospreciado: Dr. Strangelove (1964), Lolita (1962) y 2001: A Space Odyssey (1968) nunca fueron premiadas. The Shining (1982) ni siquiera fue tomada en cuenta.

Uno de los puntos más bajos fue en los 90, cuando la corrupción se hizo evidente. Shakespeare in Love (1998) le quitó el Oscar a Saving Private Ryan gracias a la manipulación de Harvey Weinstein.

El cine internacional también ha sido ignorado: Godard, Truffaut, Leone, Fellini y Antonioni fueron inexistentes para Hollywood. Clásicos como Seven Samurai (1954), In the Mood for Love (2000) y The Intouchables (2012) no fueron debidamente reconocidos.

Es difícil predecir cómo será esta década, pero la falta de cambios y el exceso de discursos políticos ya han cansado al público, que solo quiere disfrutar de una buena película, ya sea en casa o en el cine.

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