La dura travesía para ser un mejor hombre en la dulce y emocionante Better Man de Robbie Williams 

So unimpressed but so in awe
Such a saint but such a whore
So self aware, so full of shit
So indecisive, so adamant

¿Qué es la redención? ¿Cómo saber cuál es el camino hacia ella? Y sobre todo ¿Ante quién redimirse?

¿Cómo ser un mejor hombre?

Estás preguntas buscará resolver en retrospectiva Robbie Williams, un simio de CGI que funcionará no como alter ego del real, sino como una especie de avatar, una representación de ese sentimiento de extrañeza que le perseguirá a lo largo de su travesía hacia el éxito. Es decir, no se trata de una sátira que despersonalice el relato para hacerlo más seguro, sino de una más de las tantas manera que usará el director Michael Gracey para darle un sentido no de veracidad, sino de autenticidad a la narración en primera persona de la vida del cantautor británico. Con un guión de Simon Gleeson, Oliver Cole y el mismo Michael Gracey, Better Man muestra ese vínculo complejo entre artista, obra, espectador e industria, desde esos instantes iniciales donde todo es un sueño y una aspiracion hasta aquellos tardíos cuando esa disociación de la realidad se va arraigando y te fuerza a enfrentarte a los vacíos que han ido formándose en el camino y las argucias que has aprendido para ignorarlos.

Y sí, Better Man es un musical. En esta época donde pareciera que toda película musical debe ocultarse tras señales ambiguas y campañas poco claras (incluso Wicked buscó no mostrar su musicalidad en el tráiler de la misma pese a estar basado en la famosa obra de Broadway), creo yo que la poco ortodoxa biopic de Robbie Williams se hubiera beneficiado de mostrar más acerca de la experiencia que ofrece en la pantalla grande para invitar a más espectadores y espectadoras a conocer a esta celebridad en el olvido que busca renovarse abriendo su corazón al público. Porque Better Man es espectacular. Incluso diría que es de las mejores biopics y de los mejores musicales que se han presentado en la última década.

La representación simiesca de Robbie Williams funciona tanto visual como dramáticamente.

Y es que es imposible no compararla. Desde el éxito rotundo de la desigual y sobrevalorada Bohemian Rhapsody del cancelado Brian J. Singer, ante la cual la Academia mostró también un excesivo interés, casi eufórico, hemos tenido obras como la excelente Rocket Man de Dexter Fletcher, acerca de la vida de Sir Elton John , con un olvidado Taron Egerton, injustamente ignorado en el ciclo de premiaciones; o la exótica y excesiva Elvis de Baz Luhrmann, que se ganó al público con esa forma sin esencia pero colmada de actitud, colores y números musicales frenéticos. Frente a ellas, Better Man resulta, si bien no propiamente innovadora, si es, como decía antes, auténtica y, además, da la impresión de mayor honestidad. A diferencia de Luhrmann, el retrato buscará tener más esencia y profundizará en las emociones de Robbie, de hecho, serán estás las verdaderas protagonistas y la razón detrás de su simiesca representación. Asimismo, frente a Rocket Man, el relato de Robbie resulta más autoconsciente y reflexivo. Desde sus primeras escenas, con un pequeño primate lleno de actitud y expresividad y una voz en off que dará perspectiva reflexiva a todas las escenas y nos brindará la amplitud de la visión desde la cual se narra la historia. Se trata de un relato íntimo, sensible e increíblemente emocional y divertido con números musicales fantásticos. Las alegorías visuales serán mucho más elaboradas y emocionantes, como una batalla a lo George Miller entre primates CGI, o una lucha bajo el agua con un carro que se hunde mientras le atacan al simio-Robbie representaciones de sus fans y de la prensa. Gracey logra integrar todas las alegorías visuales, las letras de Robbie Williams y sus etapas tanto artísticas como personales en un relato que si bien es lineal, está plagado de saltos, flashbacks, visiones, fantasías y números musicales excelentemente realizados, los cuáles no buscan en sí la grandilocuencia, sino que optan por lo personal, lo más sensible del personaje. Todo ellos gracias a la cinematografía del galardonado Erik Wilson, quién ya tiene experiencia en el trabajo con protagonistas CGI con su magnífico trabajo en Paddington y Paddington 2. Por su parte en la edición cuenta con personajes como Jeff Groth, editor galardonado por Joker; Spencer Susser, editor de El Gran Showman; o Lee Smith , editor de varias películas de Christopher Nolan.

Un show visual y emotivo

Por el relato pasan las representaciones de su controlador manager, Nigel Martin Smith, interpretado por Damon Herriman, así como sus compañeros en la boy band Take That, principalmente su rival artístico Gary Barlow, interpretado por Jake Simmance. Ambos serán fuerzas que impulsarán la ambición de Robbie pero también que acelerarán su desgaste emocional y deterioro anímico. También conoceremos el inicio de la rivalidad entre Robbie y los hermanos Gallagher, en unas rápidas pero divertidas apariciones, siendo interpretados Noel Gallagher por Chris Gun y Liam Gallagher por Leo Harvey-Elledge; asi como a su compañero musical, el prolífico productor Guy Chambers, interpretado por Tom Budge.

Sin embargo, los momentos más profundos y vulnerables de la película se dan con tres personajes que serán centrales en su vida: su abuela Betty, interpretada por Alison Steadman, que nos brinda a una mujer adorable, siempre preocupada por Robbie y su principal admiradora; Nicole Appleton, interpretada por Raechelle Banno, que nos brindará uno de los musicales más hermosos de la película así como uno de sus momentos más trágicos; y, como hilo conductor, como espectro que aparece y desaparece de la vida de Robbie, profundizando en llagas abiertas y vacíos existenciales, está Peter Williams, su padre, quien con el nombre artísticos de Peter Conway será inspiración y motivo de rencor y soledad en nuestro protagonista, y el cual será interpretado magistralmente por el legendario Steve Pemberton, a quien recuerdo siempre por su fabulosa participación en el panel show británico Taskmaster.

Ignorada por la Academia en su ciclo de premiaciones, con varias nominaciones en áreas técnicas principalmente sin ningún triunfo, y siendo un fracaso en taquilla, Better Man es sin embargo un musical sobresaliente, divertido, profundo y original. Su mayor fortaleza está en la naturalidad con la cual te convence que ese simio, ese animal antropomorfizado es Robbie Williams, y logra transmitirte todas sus alegrías, tragedias y culpas. Gracias a un vasto equipo de efectos especiales y a un excelente diseño de producción, la experiencia visual es espectacular.

De manera personal, seguir el relato de Better Man me permitió regresar a una época en la cual las canciones de Robbie Williams fungieron como un soundtrack que creaba puentes entre mis seres queridos y que se manifestaba coreando varias de sus canciones, como Angels y Come Undone, viendo una y otra vez videos como el legendario Rock DJ o su versión de We Are The Champions de Queen. En algún momento, Robbie fue el rey del escenario y nosotros fuimos algunos de sus seguidores. Quizá por eso, tras varios sucesos personales que van marcando mi vida, hace tanto sentido cuando le escucho cantar:

So when I'm lying in my bed
Thoughts running through my head
And I feel that love is dead
I'm loving angels instead

LIGHT

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