Bowie, el artista adelantado a su época en el documental experimental de Moonage Daydream 

La vida es una experiencia caótica donde el tiempo parece tejer las memorias en una trama y urdimbre de alegrías y tragedias con los que parecen ser largos periodos de pasmosa cotidianidad que, sin embargo, suelen ser, pese a su duración, intrascendentes para el tejido completo.

Sin embargo, pese a que la aguja va y viene de atrás para adelante, de un lado para el otro, conectando pasados y futuros, grabando instantes que se transforman conforme pasan por el filtro de la memoria, la emoción y la razón, la realidad avanza imparable de manera lineal, y entonces el hilo se acaba y el último suspiro cierra el ciclo. Puede ser efímero pero a la vez es grandioso. Al menos eso me llevo de la experiencia cinematográfica de Moonage Daydream, documental experimental de Brett Morgen acerca de las múltiples facetas de David Bowie.

Y es que un documental tradicional no bastaba para retratar a alguien a quien el escenario le quedaba pequeño. Construido a partir de las propias reflexiones del músico, compositor, artista visual y plástico, actor y ente de otro mundo, David Bowie, Morgen hace un relato que no respeta ninguna temporalidad más que la de la vida misma, y nos sumerge en una travesía que a través de saltos cuánticos entre etapas filosóficas de Bowie, se van integrando para dar una retrato más integral y natural de quién poco a poco fue progresando del escape de sí mismo a la integración como un ente real, aceptando su mortalidad y orígen terrenal, pero habiendo tenido el privilegio de vivir como presencia surreal, extraterrestre, experimental y glam.

No se trata de un retrato humilde en absoluto. Las ambiciones del propio personaje lo impiden y resultaría inapropiado está aproximación. Sin embargo, no es tampoco un retrato soberbio, ni tampoco un rip off de la bamba I otras biografías tradicionales. Se trata de un viaje por la filosofía de vida que se va gestando y mutando a través de múltiples personajes y perfiles que se integran o desagregan conforme se enfrentan a diferentes circunstancias, siempre interconectados y no muy alejados de su punto de referencia, Bowie, pero con cierta autonomía que le da esa versatilidad tan característica.

Pareciera entonces que Bowie inició su vida artística en un punto de oscuridad, de desconocimiento de sí mismo, una especie de noche de luna nueva, pero que cerró sus días con una claridad absoluta, lo que le permitió entonces partir en las sombras, sin necesidad de reflectores. El relato se construye con imágenes de archivo, entrevistas, conciertos, presentaciones, fragmentos de películas, de programas de televisión, audios, colores, fotos, visuales abstractos, etc. El foco siempre es Bowie. Se menciona a Friedrich Nietzsche , a Sigmund Freud, a Brian Eno, pero nunca salimos de Bowie, es el no solo el objeto a observar ni la voz por escuchar, sino el universo mismo del relato. A lo largo de más de dos horas, Bowie nos tendrá cautivos en su mundo, y al final, parecerá que no fue tiempo suficiente.

Bowie, el personaje de múltiples facetas y perfiles

Moonage Daydream es una experiencia distinta, una apuesta interesante para explorar al artista más allá de la típica biografía cinematográfica o el panfletos de chismes, sino desde un deseo genuino de conocer al personaje. Eso es lo que la hace tan interesante y potente.

En muchos sentidos, Bowie fue un adelantado a eu época. Posmoderno y relativo, la visión de la identidad y la personalidad en Bowie se acerca más a la lógica de la construcción de perfiles que conviven y construyen a la persona en su búsqueda de genuidad a partir de las contradicciones y no de originalidad absoluta a partir del esencialismo. Bowie fue muchos Bowies y lo sabía y vivía en consecuencia y por lo tanto es un referente de la realidad de la identidad en el siglo XXI.

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