No me gustan las entregas de premios… o al menos eso digo. Cuando pienso en premios, los primeros que me vienen a la mente son los Óscar, y la verdad es que los detesto. Pero si pienso en los Grammy, de repente siento que las entregas de premios me encantan. No puedo dejar de ver clips de los Grammy de este año aunque ya sean “noticia vieja”... y, sin embargo, me quedé dormida a la mitad de la ceremonia de los Óscars y solo revisé la lista de ganadores al día siguiente. ¿Entonces qué pasa? ¿Cómo puede una ceremonia ser tan buena mientras la otra es tan… meh?
Bueno, aquí va mi teoría: todo se reduce a una diferencia fundamental en la manera en que cada una decide premiar el arte.
La diferencia es evidente incluso antes de que empiecen los premios, tan solo hace falta observar la alfombra roja. No me malinterpreten, todos en los Óscar se veían increíbles, pero era un tipo de elegancia bastante insulsa. Sí, algunos looks fueron un poco más expresivos que otros —me viene a la mente el vestido de Cynthia Erivo—, pero nada me hizo pensar ¡wow, que buen outfit! Y los Grammy? No se trata sobre los atuendos de las estrellas, se trata de LOOKS. Chappell Roan es el ejemplo más obvio, pero también me encantó el vestido de Doechii, y aunque el castillo en la cabeza de Jaden Smith no me gustó, al menos fue una elección de la que vale la pena hablar.
Si todavía no ves a dónde quiero llegar, todo se resume en lo siguiente: los Óscar giran en torno al prestigio y la clase, mientras que los Grammy celebran el arte y la diversión… y uno de esos dos enfoques es mucho más entretenido de ver y de seguir.

Incluso en los discursos de aceptación, la diferencia es clarísima. Antes, los Óscar tenían grandes momentos políticos, como el discurso de Sacheen Littlefeather… pero este año, los ganadores se mantuvieron curiosamente callados sobre el desastre que es la política estadounidense en este momento. Los ganadores de los Grammy, en cambio, no dudaron en hablar de temas como diversidad e inclusión, salarios justos y derechos LGBTQ+. No sé ustedes, pero para mí, un artista que se limita a agradecer genéricamente a su equipo sin mencionar las luchas más grandes que lo motivan no está haciendo una declaración, sólo está gestionando relaciones laborales.
Pero más allá de los famosos, las ceremonias en sí son muy diferentes. Basta con ver cuáles son los premios más esperados en cada una. En los Óscar, todo gira en torno a la categoría de mejor película, y los nominados casi siempre están meticulosamente diseñados para ganar, con directores y estudios consagrados detrás. Los Grammy tienen premios similares, por supuesto, pero una de sus categorías más grandes es mejor artista nuevo. No solo buscan talento, sino voces frescas y distintivas que sacudan la industria.
Al comparar ambas ceremonias de este año, da la sensación de que los Óscar están casi en contra de cualquier cambio radical. El año pasado, “I’m just Ken” fue icónica y divertida, pero este año recortaron muchas presentaciones. Para mí, lo más destacado fue el tributo a James Bond pero… a ver, me encantan RAYE y Doja Cat, Lisa está bien también, pero qué insípido. ¿Un tributo a una franquicia de hace 60 años sin mucha relevancia en el último año? Todo es sobre el legado…
Dios, ¿por qué no dejaron a RAYE cantar “Oscar winning tears”? Hubiera sido un momentazo.

Y miren, hasta cierto punto lo entiendo. No es fácil organizar premios como los Óscar. Cuando se necesita tanto tiempo y dinero para hacer una pieza, es lógico que quieran premiar la “calidad”, incluso a costa de la creatividad. De hecho, con la cantidad de personas involucradas en cada proyecto, a veces ni siquiera es fácil identificar voces artísticas claras (aunque no es imposible: Wes Anderson es un ejemplo obvio). Pero la realidad es que, hoy en día, las personas más apasionadas por el arte no son precisamente fans del elitismo, y juzgar al arte solo por su “calidad” se siente bastante elitista.
Sin mencionar que la cultura avanza más rápido que nunca: si quieres seguir siendo relevante, necesitas ofrecer algo interesante. Y lamentablemente, los Óscar ya no lo hacen.
Lo más importante en este momento es que necesitamos representaciones artísticas más que nunca. Basta con ver el estado del mundo. El arte nos inspira, nos permite compartir las alegrías y tristezas de experiencias que nunca viviremos y de personas que nunca conoceremos. Tener buen gusto no nos va a salvar. Pero la pasión y la empatía… tal vez sí.

Es difícil decir cómo se podrían mejorar los Óscar, pero dejar que los artistas sean artistas y se diviertan sería un buen comienzo. Aún mejor sería incluir una categoría para películas ignoradas o nuevas voces interesantes, eso al menos mantendría mi atención un poco más. Tal como están las cosas, parece que el cine se está quedando atrás. Muchas veces es demasiado lento, demasiado plano y demasiado pomposo, y eso lo digo como una entusiasta del cine. No tiene que ser así… después de todo, antes no lo era. Solo haría falta un poco menos de orgullo y menos obsesión por el dinero… pero ¿a quién quiero engañar? Esperar eso hoy en día es ridículo.
Pero bueno. Al menos me quedan los Grammy.




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