Si hacemos un recuento de todo lo que ha tenido que pasar el sexo femenino para llegar al día de hoy, podemos decir que ha logrado avances significativos, aunque aún no cuenta con las mismas oportunidades. En varios lugares de Medio Oriente y Asia, la mujer sigue siendo considerada una posesión, privada de libertades y sometida completamente al control de los hombres, algo que, en nuestros tiempos, debería estar obsoleto. Sin embargo, todavía existen países donde esto es normal.
Quizás, para estas mujeres que viven en tales condiciones, ver en el cine a una figura femenina que se rebela contra el yugo machista y controlador puede ser un impacto enorme. Me hace pensar en la gran responsabilidad que tiene el cine, porque para una mujer atrapada en un régimen musulmán extremo, que a escondidas logra ver una película donde una mujer es protagonista y se enfrenta al sistema, ese mensaje puede significar mucho.

Películas como Thelma & Louise, que transmite esa idea de rebeldía, o Erin Brockovich, que muestra a una mujer enfrentándose a un sistema machista que la ha reprimido, pueden ser un reflejo de nuestra sociedad, algo que damos por sentado. Pero para ellas, ver a Julia Roberts hablando de igual a igual con un hombre puede ser impactante. En un régimen talibán, las mujeres ni siquiera pueden ir al colegio ni trabajar, y ni hablar de llevar un escote como el de Julia Roberts.
Por eso, el cine para ellas debe ser un escape, un anhelo y, quizás, un medio para tomar conciencia, con la esperanza de que, en un futuro lejano, puedan rebelarse y ser libres. Eso es lo que hace al cine tan importante: su capacidad de generar conciencia sobre realidades tan ajenas como la vida en Medio Oriente y, a su vez, servir como ventana y refugio para quienes viven en esas circunstancias.
Pero quizás nosotros no nos damos cuenta, y ver mujeres en el cine nos parece algo tan normal que olvidamos todo lo que tuvo que pasar para que esto sucediera. Si consideramos que el cine es pariente del teatro, debemos recordar que, durante siglos, las mujeres tuvieron prohibido actuar. En la antigua Grecia y Roma, no solo se les negaba subir al escenario, sino que sus roles eran interpretados por hombres vestidos de mujer. Una barbarie, pero en aquella época existía esta absurda ley.
Lo bueno de todo esto es que, cuando empezó el cine como tal, la mujer ya tenía un espacio, aunque al principio se la utilizaba mayormente como objeto decorativo en películas sin guion, donde se mostraban escenas de mujeres ligeras de ropa o incluso desnudas para llamar la atención. Sin embargo, cuando el cine se profesionalizó y se dieron cuenta de que podían contarse historias como en el teatro, la mujer estuvo presente desde sus inicios.

La primera mujer en alcanzar la fama y ser considerada una estrella de cine fue Florence Lawrence, quien saltó del teatro a la gran pantalla y, entre 1906 y 1914, participó en más de 50 filmes, siendo una de las actrices más cotizadas de la extinta Victor Film Company. Sin saberlo, abrió camino en la industria y demostró que las mujeres podían destacar y brillar en el cine. Gracias a ella, hoy tenemos a grandes figuras como Vivien Leigh, Olivia de Havilland y su hermana Joan Fontaine, y ni hablar de íconos como Joan Crawford, Marlene Dietrich y la tetraganadora del Óscar, la impresionante Katharine Hepburn.
Cabe señalar que el cine también ha ayudado a erradicar el racismo que envenena la sociedad estadounidense y, en general, la sociedad mundial. Las mujeres jugaron un papel crucial en esto, como Hattie McDaniel, la primera persona afroamericana en ganar un premio de la Academia por su papel en Lo que el viento se llevó. Su victoria no estuvo exenta de polémica, ya que la ceremonia se realizó en un lugar con leyes de segregación, por lo que la obligaron a sentarse lejos de sus compañeros de reparto. Años más tarde, el gran Sidney Poitier ganaría el Óscar por Miren quién viene a cenar, pero esa es otra historia.
Como ven, las mujeres forman parte fundamental de la industria cinematográfica. Es difícil encontrar una película sin presencia femenina, aunque existen algunas excepciones debido a la trama. Para mí, como cineasta, me resulta impensable escribir un guion sin al menos un personaje femenino.
Si hacemos un recuento de los hitos que han marcado la lucha de la mujer para lograr lo que hoy damos por sentado, debemos mencionar que la primera vez que una mujer votó fue en 1776 en Nueva Jersey, pero por error, ya que los estatutos mencionaban "personas" sin especificar género. Esto fue corregido en 1807, eliminando su derecho. Existen relatos que indican que en las Islas Británicas, en 1838, una mujer logró votar, pero, como toda la historia antigua ha sido contada por hombres, estos datos pueden no ser del todo veraces. Como dice el dicho: "La historia la cuentan los vencedores".
Ni hablar de la razón por la que celebramos el Día de la Mujer. En nuestra memoria queda el terrible episodio en el que más de 120 mujeres inmigrantes fueron quemadas vivas en una fábrica durante una huelga, en la que protestaban contra las condiciones laborales a las que estaban sometidas. Una locura, pero un hecho que marcó un hito y nos recuerda todo lo que las mujeres han tenido que pasar para tener los mismos derechos que los hombres.
Si pudiera viajar al pasado y traer a algún retrógrado del siglo XIX a nuestra era para mostrarle cómo ha cambiado la sociedad, quizás se sorprendería y querría quedarse, comiéndose sus palabras. O tal vez no soportaría el cambio y se marcharía a Medio Oriente, donde las cosas siguen igual. Quién sabe, es una locura, pero es interesante imaginarlo.
Ahora, dejando de lado la historia y hablando de mi experiencia personal, uno de los personajes femeninos más significativos para mí es la teniente Ellen Ripley, protagonista de Alien: El octavo pasajero. Esta película demuestra que una mujer, en una situación extrema y sin armas, tiene la misma posibilidad de sobrevivir que un hombre. Es, quizás, la primera película que logra transmitir un mensaje de inclusión sin ser forzado ni burdo, como ocurre con muchos intentos actuales.

Lo que hace especial a Ellen Ripley es que conserva su feminidad. A diferencia de otras heroínas de acción, no adopta actitudes masculinas ni se convierte en una caricatura de la "mujer ruda". Es ella quien enfrenta y derrota al alienígena sin perder su esencia. En contraste, el personaje de Sarah Connor en Terminator pasa de ser una mujer común a convertirse en una guerrera endurecida, sacrificando su feminidad en el proceso.
Para terminar, si hablamos de mujeres que revolucionaron el cine, la lista sería interminable. Lo que está claro es que su presencia ha sido y sigue siendo fundamental en la historia del séptimo arte.




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