¿El Oscar de Mickey Madison confirma el mensaje de La Sustancia? 

La 97ª edición de los Oscars se llevó acabó el pasado domingo 2 de marzo. La esperada ceremonia transcurrió con éxito con la conducción del presentador Conan O'Brien, que dejó momentos a destacar: como la mención sobre los tweets polémicos de Karla Sofía Gascón. Metiéndose a toda la comunidad latina en el bolsillo al comparar a Anora, en donde se usa la palabra f*ck 479 veces, con el récord de veces que el representante de Karla usó esa palabra al ver los tweets de su representada. Si bien, la ceremonia ha ido aumentando sus niveles de audiencia en los últimos años, es claro que muchos de los elementos que componen la gala siguen siendo más de lo mismo: presentadores correctos, pero sin más, que te hacen extrañar aquel 2009 en donde Hugh Jackman lo dejo todo en el escenario. Películas polémicas por su cantidad de nominaciones, como en el caso de la odiada Emilia Pérez (2024). Obras amadas por la audiencia, y crítica, pero ignoradas por la academia, como lo fue la aclamada Challengers (2024) de Luca Guadagnino. Y, el elemento que nunca puede faltar en una edición, y que lamentablemente se ha vuelto parte de su esencia en los últimos años: Las injusticias.

Ya soy un perro curtido en esto de las decepciones cinéfilas. Mi posición ante los Oscars es la misma que tendría un campesino de la fábula de “El niño y el lobo” al recibir por tercera vez el llamado de auxilio por las ovejas —puedes engañarme una vez, o dos, pero a la cuarta no confiaré, aunque digas la verdad—. Pero esta historia no va de niños que fingen ataques de lobos, sino más bien de integrantes de la industria cinematográfica (con colmillos más afilados todavía). Y cambiemos las afelpadas ovejas por figuras bañadas de oro con el valor simbólico de un dólar. Existe una desconfianza hacia el juicio que tiene la academia a la hora premiar películas, el cual nace a raíz de decisiones polémicas en el pasado. Un ejemplo claro es el Oscar a mejor película de Green Book (2018), una historia múltiple veces contada de conflictos raciales, por encima de una contendiente que abordó la misma problemática a través de un enfoque mucho más original; como es el caso de BlacKkKlansman (2018), una comedia dramática que cuenta la historia real de un hombre afroamericano que logró infiltrarse dentro del Ku Klux Klan (1). Como este, existen muchos casos en donde las elecciones de la academia parecían ser más influenciadas por el marketing, las figuras de poder de la industria o la agenda mediática de Estados Unidos. La poca diversidad entre los votantes, reconocidos en su mayoría como hombres mayores y blancos, dio como resultado el famoso hashtag #OscarsSoWhite. Todo nace en 2016, año en donde todos los actores y actrices nominados a los Oscars eran blancos y, por supuesto, todos los candidatos a mejor director fueron hombres. Ante, las constantes polémicas alrededor de los premios, la Academia decidió ampliar de forma considerable la cantidad de votantes dentro del gremio. Datos de la institución reflejan un aumento del 35% en mujeres votantes. Uno del 20% en “comunidades étnicas y raciales subrepresentadas” y un 20% proveniente de afuera de Estados Unidos (2). El efecto de estos cambios en los últimos años ha logrado que películas como Parasite (2019) se alzaran con el codiciado premio a mejor pelicula, a pesar de ser esta una película extranjera. Por ende, dentro de este contexto, el éxito de la cinta Anora (2024), del siempre creativo Sean Baker, es una alegría rotunda para los amantes del cine independiente. La cinta obtuvo cinco premios, superando la marca de Walt Disney de cuatro premios obtenidos en una misma noche (3). Pero claro, no todo puede ser alegrías —Como si los premios ganados por Emilia Pérez no fueran suficiente— en medio de la celebración surgió un caluroso debate por el Oscar entregado a Mikey Madison.

A la mayoría nos agarró por sorpresa que Mikey Madison se terminará llevando el Oscar a mejor actriz. La sorpresa no nace por una falta de merecimiento, ya que el performance de la oriunda de California fue excepcional y su compromiso notable en la ardua tarea de escenificar la vida de una stripper. La actriz habló en entrevistas sobre los retos que encontró en el proceso para crear un personaje que tuviese un carácter individualFue increíble conocer a nuestras consultoras, quienes fueron muy generosas al compartir sus historias y detalles de su vida personal conmigo. Era importante que no estuviéramos contando una historia universal sobre trabajadoras sexuales(4). Los retos físicos, inherentes de una trabajadora sexual, hicieron acto de presencia ante las lecciones de pole dance y striptease que ayudaron a crear al personaje. Si la dedicación de Madison es innegable, ¿por qué nos sorprende su congratulación? Si bien, la crítica adoro esta interpretación, el público general esperaba que fuese Demi Moore la que se llevará el codiciado premio. La Sustancia (2024) fue uno de los hitos cinematográficos más importantes del año, generando un revuelo cultural inmenso alrededor de una historia de empoderamiento que nos bañó de sangre a todos, como si fuéramos un extra dentro de Carrie (1976). Las interpretaciones tanto de Demi Moore, como de Margaret Qualley, nos dieron un clásico moderno del body horror. La cinta, dentro de un contexto fantástico, retrata la dejadez de la industria para con las actrices una vez estas se hacen mayores, reemplazándolas por caras jóvenes como si fueran maniquíes de una boutique. El inesperado regreso a la actuación de una icono de los 90s (quien, irónicamente, encarnó un papel de striptease como Madison en 1996) parecía vaticinar el reconocimiento de la academia, pero, como si de un último giro de trama se tratase, todo tomaría un rumbo distinto. El premio no iría a la veterana, sino a la joven promesa de la actuación. Y… ¿Sufriría Moore las consecuencias de lo que critica La Sustancia?

La presión por llevarse el premio a casa es palpable en la ceremonia, pero la verdadera tensión detrás de la gala se vive en las redes sociales. X es una trinchera de la opinión, o como la definió el crítico de cine Alejandro G. Calvo Twitter, la red social del amor—, es un lugar en donde se vive al rojo vivo cada entrega de premios. El ruido alrededor de la no congratulación a Demi Moore llevaría a muchos a atacar la elección de Madison. Twitter viviría una guerra campal entre quienes defendían la cinta de Baker y quienes se mostrarían totalmente asqueados ante la forma que el director abordó la historia. Ya habiendo pasado casi una semana del evento me he tomado el tiempo de recolectar varias opiniones, las cuales siento representan la esencia del debate, y de las que usare como punto de partida para ilustrar mi opinión y marcar puntos que considero importantes a tener en cuenta.

“El problema de Anora es que no se siente como una persona real”.

No quiero cernir mi enfoque en “rebatir” cada argumento que se haya expresado antes. Creo más beneficioso exponer ciertos matices y que luego cada quien sea libre de pensamiento. Ya en el principio mencioné que uno de los retos de construir este personaje surgía a la hora de otorgarle un carácter individual. ¿Qué significa esto? Pues que tanto el director, como la actriz, entendían que la única forma de crear un personaje tridimensional, con la profundidad suficiente para escapar de generalizaciones, era logrando darle un espacio para la autenticidad y la imperfección. Anora se equivoca, se ilusiona y al final también se decepciona. En ningún momento el personaje se sostiene alrededor de una mirada prejuiciosa ante su profesión; por el contrario, la cinta se aleja de las lecciones morales y se centra en contar a qué puede estar expuesta una trabajadora sexual. De la misma forma que resultan reduccionistas las campañas que dicen:Las drogas son malas, no te drogues”, es un ejercicio perezoso exponer los conflictos de la prostitución bajo la idea de “la prostitución es mala, no te prostituyas”. En la misma línea de cuestionamientos sobre la construcción del personaje se tocan aspectos como la “sexualización de la mujer”, tema que Mikey Madison supo prevenir —Es la historia de una trabajadora del sexo. No sería realista que llevara sujetador durante las escenas íntimas—. (Norina 5). Completando esa idea Sean Baker comentó: Filmamos la vida, y el sexo forma parte de ella. Hace poco vi una encuesta en la que se explicaba que los jóvenes querían menos sexo en las películas. Mi teoría es que, con la profusión y el acceso constante a la pornografía, hay un deseo de separarlo todo(5).

Estas palabras contrastadas ante los reclamos de verosimilitud me llevan a preguntarme, ¿qué tanto conocemos de estas mujeres?, ¿acaso no es un ejercicio erróneo presumir que sabemos cómo son sus vidas? Creo que Baker tampoco puede asegurar tenerlo totalmente claro: —Tampoco me atrevería a decir que mi película representa a todos los trabajadores sexuales. Se trata de la historia individual de una trabajadora sexual en particular. Nunca intentaría tratar de contar historias que representen a toda una comunidad. Pero si trataba de denunciar ese estigma que tienen las trabajadoras y trabajadores sexuales. Exponer las injusticias a las que se enfrentan(5).

Esta representación es idealización del trabajo sexual.

El foco de atención sobre intentar agregarle “glamour a la prostitución” me parece algo muy serio. Habiendo visto la película no puedo comprender qué tipo de persona podría terminarla y pensar —Que espectacular la vida de Anora, quiero ser como ella—. Los esfuerzos por intentar reinterpretar el relato de cenicienta en la modernidad van de la mano de no caer en la repetición de tramas gastadas. La prostitución es uno de los trabajos más antiguos del mundo, lo cual implica que tramas alrededor de esta vida se habrán abordado en diferentes periodos de la historia (Las noches de Cabiria, de Federico Fellini, por poner un ejemplo de 1957). A pesar de la longevidad de la profesión sabemos muy poco de lo que puede sentir o vivir una trabajadora sexual. Ante el esfuerzo del director por contar una historia que fuera fiel, a la realidad del personaje, este se apoyó en las vivencias y sugerencias de trabajadoras sexuales de la vida real. Entre ellas contó con la asesoría de la escritora Andrea Werhun , escritora del libro: Modern Whore. Werhun en su libro mezcla historias de su pasado como dama de compañía con relatos de ficción, acompañado de fotografías conceptuales de su amiga, y directora, Nicole Bazuin. Es gracias a la participación de figuras como Andrea que siento que la realidad de Anora, que por momentos puede resultar cómica como algún relato de Modern Whore, es sumamente honesta a la hora de mutar hacía emociones reprimidas y reacciones volátiles. Estas formas de desarrollar historias me parecen, más efectivas a la hora de romper paradigmas, porque no buscan educar en lo absoluto, sino centrar su fuerza en la proposición artística y el cómo esta es capaz de abrir puertas que antes estaban cerradas. Supongo que incluso estos cuestionamientos son puertas que debían ser abiertas. Pero el dolor de Anora hacia el final de la película, las constantes humillaciones y chantajes son varios de los momentos en donde la cinta deja clara su postura ante la glorificación de la prostitución. Las representaciones crudas de la sociedad no son peligrosas; esperar que mastiquen una historia hasta ser fácil de digerir, si lo es.

“No darle el Oscar a Demi Moore es la trama de La Sustancia”.


Si bien, los puntos anteriores abren algunas puertas necesarias, el último que quiero tratar genera una matriz de opinión más que errónea. Aunque puedo compartir que el triunfo de Demi Moore pudo haber sido más que merecido, me parece muy desacertado expresar rechazo ante el triunfo de Madison bajo el concepto de que es: Una validación del discurso de La Sustancia. A este punto me pregunto el por qué parte de la comunidad centra sus esfuerzos en crear discursos ideológicos en vez de disfrutar de las películas. Sobre todo, teniendo en cuenta que dichos discursos se sostienen bajo afirmaciones que distorsionan los mensajes originales. La Sustancia, ciertamente, genera una crítica hacia la objetivación de la mujer dentro de la industria y el cómo esta sufre rechazos sistemáticos de figuras con poder una vez las actrices envejecen. Pero es el enfoque para criticar la consagración de Mikey Madison lo que no tiene sentido. La industria del cine durante años ha demostrado que ser una actriz novata es un factor determinante a la hora de optar a un premio. Nos hemos cansado de ver premiaciones en donde actrices consagradas reciben Oscars por actuaciones, cuando mucho, cuestionables en comparación al nivel de sus pares. Siendo, muchas veces, el nombre de la actriz dentro del medio mucho más movilizador para los votantes que su propio desempeño actoral. —Si, te hablo a ti, Meryl Streep—. Para muestra de mi opinión me remito a los datos recopilados de las últimas treinta elegidas a mejor actriz…Bueno, 31 incluyendo a Madison.

  • Mayores de 30 años: (24 / 31) * 100 ≈ 77.42%
  • Menores de 30 años: (7 / 31) * 100 ≈ 22.58%

Ganadoras del Óscar a Mejor Actriz (últimos 31 años)

+ de 30 años: 77.42%████████████████████████████████████████████████████████|
- de 30 años: 22.58% |█████████████████████████ |
(Gráfica elaborada con información suministrada a una inteligencia artificial).

Ser joven no solo no es algo que suela favorecer a la hora de ser considerada en las premiaciones, sino que además es tres veces más posible que una persona mayor reciba dicho premio. Esta polémica para mí no hace más que dejar en evidencia a un sector, minoritario, que prefiere el revuelo mediático por encima del verdadero disfrute del cine. Pese, a lo polarizante de la discusión, estoy seguro que el panorama no es tan desolador como aparenta en redes sociales. Aunque los Oscars siguen guardando cierta importancia, y siempre nos alegrarán los contados casos de justo reconocimiento, cada vez más la gente está desmitificándolos. La calidad cinematográfica en su mayoría no esta sujeta a el reconocimiento de premios. Considero que la relación del consumidor con las obras es más productiva cuando no esta salpicada por el politiqueo o las corrientes panfletarias de opinión. El arte es libre, es bello y siempre pertenecerá a quienes sepan guardarlo adentro de sí. Y espero que cada vez más hablemos con honestidad sobre esas historias que nos gustan, con una mente abierta y recordando que el arte vale mucho más que una estatuilla de 1$.


Fuentes:

(1) "BlacKkKlansman (2018)". Box Office Mojo. IMDb.

(2) Gonzalo García Crespo (2025). ¿Quién vota en los Premios Oscar?. Infobae

(3) William Allen (2025). Sean Baker iguala con ‘Anora’ un récord histórico de Walt Disney. Diario As.

(4) Juan José Cruz (2025). Así fue la función para bailarinas y trabajadoras sexuales. Paloma y Nacho.

(5) Norine Raja (2024). Sean Baker, ganador de la Palma de Oro en Cannes con Anora. Vanity Fair España.

Escrito por: Daniel Enrique Quijada Caccavale.

Artículo terminado el: 08/03/2025 a las 2 am mientras sonaba Hornos de Cal de la Vida Bohème.

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