El Regreso a las Estrellas: La Historia No Contada de Jim Hawkins 

Han pasado más de dos décadas desde que Jim Hawkins surcó los cielos en busca del legendario Planeta del Tesoro.

Lo recordamos como un joven impetuoso, con un deseo de aventura que lo llevó a enfrentarse a piratas espaciales y descubrir la riqueza oculta del legendario Capitán Flint. Aquel viaje lo cambió para siempre: regresó como un héroe, con un futuro prometedor en la Guardia Intergaláctica y la admiración de su mentora, la Capitana Amelia. Mientras su madre prosperaba con su taberna, Jim ascendió en la milicia estelar, aprendiendo disciplina, estrategia y el peso de la responsabilidad.

Sin embargo, la historia no terminó ahí. Algo más estaba por suceder, algo que pondría a prueba todo lo que Jim creía saber sobre la lealtad y la familia. Y todo comenzó con una visita inesperada.

estacion Montressor desolado, y ruido con la animación tipica de El planeta del tesoro

La taberna de Sarah Hawkins estaba más próspera que nunca. BEN, el excéntrico androide, se encargaba del entretenimiento de los clientes, mientras Morph revoloteaba por el lugar, trayendo sonrisas y confusión a partes iguales. Jim, ahora Comandante Hawkins, había regresado a casa para una breve licencia, disfrutando del aire cálido de Montressor antes de su siguiente misión.

taberna de Sarah Hawkins con la animación tipica de El planeta del tesoro

Esa noche, mientras el viento azotaba las ventanas, alguien llamó a la puerta.

Jim entrecerró los ojos y abrió con cautela. Allí, envuelto en sombras, se encontraba un hombre alto, con una cicatriz cruzando su mejilla y una expresión llena de arrepentimiento.Esa noche, mientras el viento azotaba las ventanas, alguien llamó a la puerta.  Jim entrecerró los ojos y abrió con cautela. Allí, envuelto en sombras, se encontraba un hombre alto, con una cicatriz cruzando su mejilla y una expresión llena de arrepentimiento.con la animación tipica de El planeta del tesoro

—James… —su voz era grave, cargada de emoción—. Sé que han pasado muchos años… pero soy tu padre.

El mundo pareció detenerse.

Sarah se asomó desde la barra, sus ojos llenos de una mezcla de sorpresa y desconfianza. Jim apretó los puños. Había pasado toda su vida sin una figura paterna… hasta que conoció a Silver. ¿Por qué aparecía ahora este hombre? ¿Por qué después de tanto tiempo?

—Necesito tu ayuda —continuó su padre, con la voz quebrada—. No te pido que me creas de inmediato, pero la galaxia está en peligro… y solo tú puedes detener lo que se avecina.

Jim sintió un escalofrío recorrer su espalda. Algo en su interior le decía que esto era solo el comienzo de algo más grande.

Las estrellas eran testigos de un reencuentro inesperado. Jim, aún incrédulo, decidió escuchar a su padre. El hombre hablaba de conspiraciones dentro de la Guardia Intergaláctica, de piratas que usaban el nombre de John Silver para sembrar el caos y de un arma secreta que podría cambiar el destino de la galaxia.

—No puedes confiar en Silver —insistió su padre—. Él es parte de esto… es un traidor.

Pero Jim sabía que algo no cuadraba. La última vez que vio a Silver, el pirata se había despedido con orgullo, diciéndole que tenía todo lo necesario para forjar su propio destino. Ahora, su nombre era arrastrado por la suciedad.

El viaje lo llevó a los rincones más oscuros del universo, donde las antiguas rutas de los corsarios seguían activas. Y en una estación abandonada, entre ruinas oxidadas y la bruma de los motores viejos, con la animación tipica de El planeta del tesoro

No podía quedarse de brazos cruzados. Necesitaba respuestas.

El viaje lo llevó a los rincones más oscuros del universo, donde las antiguas rutas de los corsarios seguían activas. Y en una estación abandonada, entre ruinas oxidadas y la bruma de los motores viejos, Jim encontró a la persona que había sido más padre para él que su propio progenitor.

J. Espinosa - John Silver Fan Art

John Silver.

El viejo pirata lo miró con una mezcla de nostalgia y orgullo.

—Sabía que vendrías, muchacho. —Su voz seguía teniendo ese tono rasposo pero cálido—. Supongo que ya te contaron muchas historias sobre mí.

Jim apretó la mandíbula.

—Dime que no es cierto, Silver. Dime que no estás detrás de esto.

El cyborg dejó escapar una carcajada breve, pero había tristeza en sus ojos.

—¿De verdad crees que traicionaría a mi propio legado, Jimbo? Lo que está pasando es más grande de lo que imaginas… y si quieres salvar esta galaxia, vas a tener que elegir en quién confiar.

Jim sintió el peso de la decisión caer sobre sus hombros. ¿Le creía a su padre, un hombre que había estado ausente toda su vida?

¿O confiaba en Silver, el pirata que lo había guiado y cuidado como un hijo?

No había vuelta atrás. Su destino estaba escrito entre las estrellas, y su corazón le decía que la aventura apenas comenzaba.

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