Un nuevo amanecer dejaba ver las primeras luces matinales en el castillo, en su interior todos los objetos habían sido restaurados a su forma original, las hermosas flores del jardín relucían sus hermoso colores como antes del hechizo, Todo era felicidad en su interior, El Príncipe y Bella ahora caminaban de la mano, con el recuerdo de lo que había vencido su amor, con la promesa de un futuro lleno de felicidad.
Sin embargo el Príncipe se notaba inquieto, en su interior sentía algo que no podía explicar, no había podido conciliar el sueño, y tenia miedo.
Los primeros días fueron de ensueño, la gente del pueblo y la servidumbre en el castillo celebraban con el Príncipe y Bella el gran acontecimiento, se aspiraba felicidad en cada rincón y en cada alma, pero al anochecer un fantasma en la mente del Príncipe asechaba. En un principio era solo al dormir pero no imaginaba lo que se acercaba.
Luego, comenzaron los reflejos, las pesadillas lo atormentaban, sentía como si fuera real como las garras en sus manos comenzaban a crecer, sentía el pelaje como cubría su cuerpo junto a Bella; ella lo veía sorprendida y se alejaba con terror, después fueron los espejos, en algún momento se reflejó su imagen con su antigua apariencia, tenía colmillos y sus ojos dorados, se echó para atrás espantado, no lo podía creer, la bestia no se había ido, de pronto su imagen humana volvió, sintió un alivio al pensar que había sido su imaginación, pero la realidad era otra: La Maldición Seguía Ahí.
Su nerviosismo ya era muy evidente, por lo que Bella empezó a observarlo, su sonrisa ya no era la misma, ya la notaba forzada, una noche le pregunto que estaba pasando pero el Príncipe dijo que no era nada, Bella sabía que eso no era cierto.
Preocupada fue al pueblo a investigar, una anciana la esperaba en la fuente del pueblo y le dijo;
- te he estado esperando, Bella sorprendida le contó lo que estaba pasando con el Príncipe y la anciana le dijo:
- Rompieron el hechizo pero todo tiene un precio que el Príncipe debe pagar. Bella se estremeció, la anciana siguió hablando:
Tu amor rompió el hechizo en su cuerpo, pero el hechizo de su alma permanece y el Príncipe debe enfrentar solo la maldición de su alma, debe librar la última batalla pero contra él mismo; Bella bajó la vista desconsolada. Se fue al castillo desesperanzada, le contó lo que la anciana le había dicho.
Esa noche el Príncipe se dirigió al espejo, dispuesto a librar su propia batalla contra la Bestia; poco a poco empezó nuevamente a transformarse, el miedo lo invadía pero su determinación por regresar a su estado natural y el amor por Bella le dieron la fuerza para continuar. El terror lo invadió al contemplar en el espejo al imagen de la Bestia, la luz de la luna hacía su magia, sus garras crecían, se llenó de pelaje y un rugido de desesperación salió de su interior, pero comenzó a recordar unas palabras que Bella le había dicho la noche anterior “Te acepté como bestia y como hombre, debes aceptarte a ti mismo tal como eres”, su cuerpo se estremeció y contempló la imagen en el espejo, ya no la vio con miedo. El se da cuenta de que su peor enemigo siempre fue su propio rechazo a sí mismo. En ese momento entró Bella y corrió a abrazarlo, él la miro como un niño que buscaba protección, ella le dijo, “la bestia no se va a ir, siempre ha estado ahí y siempre va a estar, debemos aceptarla”, el Príncipe la abrazó, aceptando su realidad, sintiendo por primera vez en su vida una paz que nunca antes había conocido. y no fue porque hubiera vencido a la Bestia, sino porque la había aceptado en su vida. El espejo ya no reflejaba un monstruo. Reflejaba a un hombre en paz consigo mismo.
Y junto a su amada Bella supo que al fin era verdaderamente libre.
El amor de Bella le enseñó que nunca iba a eliminar esas sombras, pero si podía aprender a vivir con ellas y transformarlas en su fortaleza.


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