"Después del Final Feliz"
Cuando Bella despertó, el castillo estaba en silencio. Demasiado silencio.
No había música, no había sirvientes corriendo por los pasillos, ni siquiera el susurro del viento en las ventanas. Era como si el castillo estuviera reteniendo el aliento.
Se levantó con el corazón latiendo rápido y recorrió los pasillos desiertos. Las velas seguían encendidas, pero la luz titilaba débilmente, como si la magia que sostenía el lugar estuviera muriendo lentamente.
Algo estaba mal. Lo sentía en la piel.
Al llegar a la gran sala, vio el espejo mágico. Pero esta vez no reflejaba su imagen. Mostraba algo más. Algo imposible.
Vio la misma habitación, pero como era antes: sombría, rota y cubierta de polvo. Y en el centro de la sala, encadenado, estaba él.
La Bestia.
No el príncipe. No el hombre que había besado con la promesa de un final feliz. Era la Bestia.
Sus garras temblaban, su respiración salía en nubes de vapor, y sus ojos —esos ojos dorados que una vez la miraron con ternura— ahora brillaban llenos de angustia. Y algo más.
Esperanza.
Bella sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Esto… no es posible —murmuró.
Entonces, como si la escuchara, la Bestia levantó la mirada.
Y sonrió.
—Por fin me ves —gruñó su voz profunda y familiar.
Bella sintió las piernas temblarle. El hechizo se había roto. Ella lo había salvado. ¿No?
—Tú… tú no eres real —dijo, aunque ni ella misma lo creyó.
La Bestia inclinó la cabeza. Algo en él era diferente. No era el mismo ser feroz y vulnerable que había aprendido a amar. Había algo más oscuro en sus sombras. Algo antiguo.
—¿No lo soy? Entonces dime, Bella… —Las cadenas crujieron cuando trató de moverse—. ¿Quién duerme en tu cama?
Bella sintió el estómago hundirse.
¿Quién duerme en su cama?
Las piezas comenzaron a encajar. El cansancio constante del príncipe, su mirada perdida, el castillo desvaneciéndose poco a poco. Las noches en las que despertaba sintiendo que alguien la observaba.
El príncipe nunca hablaba de los días en que fue Bestia. Evitaba el tema. Como si nunca hubiera sucedido. Como si no recordara.
El aire se volvió más frío.
Bella sintió algo detrás de ella.
El vello de la nuca se le erizó. Giró lentamente.
En la sombra de la puerta estaba su esposo.
Pero sus ojos… ya no eran azules.
Eran dorados. Exactamente como los de la Bestia en el espejo.
Bella abrió la boca para gritar.
El espejo se rompió.
Los cristales volaron como cuchillas silenciosas. Y en el reflejo roto, vio una última imagen: su propio rostro, pero más viejo, más pálido… y con los mismos ojos dorados.
Entonces comprendió la verdad.
El hechizo nunca se rompió.
Ella también estaba atrapada.
FIN
Escrita: Michael Tolentino Placido
Inspiración: Película . La bella y la Bestia
Dedicado: hay más pelicula Que deben continuar.
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