"Anora: Todos buscamos un futuro mejor" 

Anora Mikheeva, más conocida como “Ani”, es una joven trabajadora sexual que suele trabajar en un club. En un momento, le presentan a un muchacho conocido como “Vanya”, que es el hijo de un magnate ruso. El chico la contrata a ella como su escort exclusiva y la relación va escalando hacia ribetes sin pudor. Pero, el corazón de “Ani” ve en los ojos de ese sujeto juvenil y confundido, algo más que una mera relación de negocios.

El último film de Sean Baker, escrito también por el susodicho, nos trae una historia con trazos dispares, que serán desarrollados a continuación. Su victoria en el rubro de Mejor Guión Original en los pasados Oscars, demuestra ser bastante exagerada, pese a que el texto presenta sus hallazgos.

Los grandilocuentes excesos entre una persona que nació en una cuna de oro y se dedica a malgastar el patrimonio familiar y otra que firma un contrato no tácito por una jugosa suma, sirviendo de compañera del primero, están a la orden del día. Siempre habrá tiempo para un trago más, para un desfalco extra, para un encuentro que les recuerde que la vida es una sola, por así decirlo, dejando cualquier tipo de cuidado personal aparte.

El meollo del asunto comienza a escalar cuando Anora empieza a enamorarse de su cliente. Claro, que, como suele suceder, y en situaciones mucho más coloquiales, el sentimiento debe ser recíproco. Ahí llegamos al nudo del largometraje, que es donde radica su mayor problema. Se suceden una serie de hechos desopilantes, exagerados y hasta rídiculos, que lo único que hacen es generar tedio en el espectador. El tono en el que se producen los mismos se extiende durante una razonable cantidad de tiempo, lo que no ayuda a la fuerza narrativa de la cinta.

Hay que reconocer que algunas de estas circunstancias, encierran un cierto humor esporádico, y lo que puede tomarse como acierto es que hasta los propios personajes, en un momento dado, terminan resignados y sucumbiendo a lo insólito de los pormenores, con reacciones acordes.

El final si encierra un fuerte poder narrativo, en donde la protagonista desata su angustia y revela su ser, propiciando su humanidad en pos de ese bello objetivo que de repente parecía tan lejano y tan díficil de alcanzar. Claro que, lanzar el ancho de espadas en una partida en la que ya casi todos se habían retirado, tiene sus consecuencias, lo que es lisa y llanamente, una picardía.

“Anora”, que recibió la Palma de Oro en Cannes, fue la gran ganadora en los últimos Oscars, llevándose en especial Mejor Película, Mejor Director y Mejor Edición. La estatuilla mayor es demasiado premio para este largometraje, cuyas buenas intenciones no alcanzan para ser realmente digna de esa distinción. Por más que pueda ser loable que gane un film fuera del “mainstream”, con las disculpas por la palabra extranjera, como pudo haber sido “Oppenheimer” el año previo, ello no es excusa para ponerla en el panteón de las enormes producciones.

Pero si hay un galardón que si es merecido es el de Mejor Actriz para Mikey Madison, en el rol titular. La joven intérprete brilla con luz propia, llevando adelante la película hasta en los momentos más inestables, con sus emociones a flor de piel. El elenco lo completan, entre muchos otros, Mark Eydelshteyn como Vanya y Yura Borisov -nominado al Oscar como Mejor Actor de Reparto-, como Igor, un guardaespaldas que se hace amigo de Ani.

El trabajo sexual es un tema muy delicado. Solo ellas saben cuando se traspasa la temida delgada línea roja. De todos modos, detrás de cada persona hay una historia, y el deseo interno de lograr, eventualmente, un futuro mejor.

Puntaje: 6 de 10

Guillermo Bruno

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