Los paraguas de Cherburgo: La maleta rosa en Buenos Aires  

Miércoles de verano en la city porteña, y la temática del calor que hace lo combinamos con cine francés y de los grandes clásicos de la nouvelle vague. Al principio pensaba que la película era en blanco y negro y la verdad no tenía tantas ganas de ver una peli con tremendo calor. Era en color, ví el tráiler para darme una oportunidad, me interesó a simple vista el maquillaje y el vestuario, me recuerda a Barbie por alguna razón también tiene su parte musical que de momento es misteriosa a minutos de ver.

La introducción con los paraguas de colores las personas caminando con la cámara acompañada de la lluvia ya me había emocionado, era la primera vez que veía un comienzo de esa manera en el cine, algunas veces las personas seguían el ritmo de las piedras otras no, el mensaje era claro, a veces no todo es lineal, ¿Y lo reconocemos, no?

El ritmo y la velocidad de las canciones me invita a la reflexión sobre la música actual, antes era más lento, se tomaba su tiempo, había más presencia de silencios a diferencia de ahora, como si estuviera saboreando un buen malbec.

La temática estaba organizada por varias partes, entre ellas; la partida, la ausencia y el retorno. Además, todo era cantando como un viejo High School Musical o parecido para tener una idea.

El vestuario, la elección de colores, el material de cada prenda, los accesorios. Entre el color rosa predominante y los tonos pasteles de Genevienne a diferencia del tono azul y tonos tierra de Guy junto la arquitectura de la viviendas de ambos uno más colorido y otro más opaco, resaltan las diferencias de las clases sociales de ambos personajes, sus puntos de vista, el ritmo de vida de cada uno, una más vibrante, energético mientras otro más pensativo o reflexivo. ¿Alguna vez tuvieron una historia de amor que nunca llegó a concretarse? ¿Una historia marcada por el tiempo y las decisiones de uno?

La madre, Madame Emery, no aceptaba a Guy, la protagonista influenciada por la madre decide irse con otro chico, Roland, que parece ser el indicado para resolver sus problemas financieros a futuro el de ella y de la madre. ¿El amor surge de la nada o es impulsado por algo más, por algo externo?

Al salir de la función me dieron ganas de romantizar mi vida al máximo con mi alfajor de Oreo a mano pronto a acabar y derretido por la estación del año. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a romantizar nuestra vida?

El nuevo chico, Roland Cassard el chico joyero, la trata ya de por sí como una reina, ni siquiera como una damisela o princesa, pero se notaba mucho, demasiado, su ausencia, pero al menos era más presente con regalos a distancia que Guy que solo mando una foto. ¡¡¡Parece que tenemos un ganador!!!

Genevienne, ella tenía 17, Guy tenía 20. Había algunas red flags y el público lo notaba, ilusiones, demostraciones, proyectos a futuro, sorpresas deseadas y no deseadas, eran algunos de los temas que se tocaba en el film, pero el que resaltó más fue el tiempo y la distancia. ¿Qué hacemos cuando nos alejamos del otro? ¿Qué utilidad hacemos con ese tiempo? ¿Lloramos y nos enojamos como la protagonista o seguimos con nuestra vida a base de nuestros gustos?

Caminando por la icónica 9 de julio me llevó a los recuerdos de la adolescencia, cuando corría a contrarreloj para desafiar al tiempo con el chico que me gustaba ese momento tomados de la mano como si fuera una telenovela que pasaban por la tarde en Telefe.

Esta historia estaba cantando, solía viajar mucho y durante un mes nada iba a ser igual menos a la vuelta, nunca supo que pase por el quirófano en puntos extremos de la ciudad, y que seguí viajando por otros países, colorín colorado mi anécdota se ha terminado.

Cuando se acercaba el final estaba ansiosa por saber que iba a pasar. Al principio sentí unas pequeñas vibes a la trilogía Before de Richard Linklater, pero no señores. Su última conversación fue la aclaración, el último chisme y el final de su vida de ambos con ese clima frío que rozaba lo atorrante. Esa nieve que caía sobre ellos y en la ciudad, con esa música clásica orquestado de fondo para ser la escena más fría que un pico de iceberg. Así como el clima funcionaba como un personaje más en la escena, las miradas, las palabras no dichas, las preguntas de lo que podría haber sido y no fue, un pasado que nunca pasó realmente, los planes que tenían pensado y que se quedó en el aire del intento en donde intervino las decisiones y el destino. Justo en el nuevo punto del film, la despedida y la separación, en el fondo ambos se pensaron por última vez pero lo que alguna vez fue en el pasado, en su juventud se dejaron unas cenizas que nunca se borraran de sus memorias pero cada vez que se crucen sabrán lo que han vivido Genevienne y Guy.

Entre el tiempo y la distancia, inevitablemente pasa en mis pensamientos la idea de dejar mi ciudad quilombera y mágica por excelencia, tal como lo hizo Guy pero con otros fines obviamente, la idea que me hizo pensar eso fue a ver una chica joven con su maleta rosa, tal vez a lo Mean girls, a lo Barbie o tal vez porque ese es su color favorito.

Si uno decide irse y después al poco tiempo volver a su ciudad natal, ¿Que pensará la ciudad si podría hablar? Tal vez algo como:

¡Hola! Tanto tiempo hasta que te acordaste de mí ¿eh? No cambie mucho en mi base pero tal vez te encuentres alguna sorpresa dando por ahí entre mis calles y avenidas, ¿Te animas?

¿El final? Que iconico che...

“Prometimos esperarnos. No me esperaste, no cumpliste con nuestra promesa sin decirme un porqué en las cartas que nos mandamos a la distancia… Bueno, yo también voy hacer mi vida, y no, no quiero conocer a mi hija.” Pareciera ser directo en sus acciones nuestro querido Guy, y eso da a entender con ese final desde mi punto de vista.

Al final parece que ambos tuvieron lo que querían, ella a su hija, y él a su hijo. Parece que ambos fueron la persona del proceso de la otra persona. En esos años, no existía Tinder ni cualquier otra aplicación de citas, ni creo que tampoco la famosa “rotación de citas”. ¿Será el famoso dicho “la suerte es loca” en temas del amor?

Los 17 años en general, no es cualquier edad, es el tiempo y el disfrute antes de ser legal en el que cada segundo cuenta, al menos en Argentina. En el artículo de “Bonjour Edmond Rostand” que escribí, menciono que a los 17 años fue que comencé a interesarme en el mundo de la nouvelle vague. Después de 5 años entendí las películas que vi en ese momento, aunque no me acuerdo de todo, algo quedó a través del tiempo.

Haber visto la película Jacquot de Nantes de Varda, ahora los conectó con Demy, ahora puedo entenderlo o al menos comprenderlo un poco más, y es eso lo que me sorprende, tiene ese je ne sais quoi que cautiva. Los temas que toca siguen vigentes en la actualidad, un capo el director, la verdad.

Más que para verlo y presenciarlo sola, recomiendo verla con amigas, aunque para ser la primera vez no está mal. A veces sí es necesario echar chisme y sacar cuero por momentos a Guy, sin dudas la volvería a ver.

Para ir cerrando, más que una recomendación, sería una sugerencia mía…

¿Vos, querido/a lector/a, tenés algo pendiente con tu yo de 17 años?

No voy a negar que yo sí…

Pamela Perez, más conocida como Purpini.

LIGHT

Ilumina y aumenta su visibilidad — ¡sé el primero!

Comentarios 7
Tendencias
Novedades
comments

¡Comparte lo que piensas!

Sé la primera persona en comenzar una conversación.