HARRY POTTER 7 

Luego de la batalla final, muchas cosas debían reconstruirse, especialmente las heridas recientes dejadas por el Señor Oscuro y sus seguidores. Los magos y las brujas estaban felices, pero en sus corazones crecía un sentimiento de rechazo y odio hacia sus compañeros de la casa de las serpientes. No era fácil perdonar, y menos cuando, durante años, los Slytherin les habían hecho la vida imposible. Se habían ganado el odio de todos a pulso y, además, muchos eran hijos de los mortífagos que tanto dolor les habían causado. Pero el tiempo se encargaría de sanar las heridas o hacerlas más profundas.

Con el paso de los años, el Trío Dorado se convirtió en una leyenda: los héroes que habían logrado acabar con Lord Voldemort. Sus vidas, aunque siempre enlazadas, tomaron caminos distintos. Harry, "el niño que vivió", se convirtió en jefe de aurores, formó una familia con Ginny Weasley y vivía muy feliz. Ron había sido auror, pero con el tiempo decidió hacerse cargo de la tienda de bromas junto a George. Se casó con Hermione y fueron una familia por un tiempo. Hermione, por su parte, escaló en el Ministerio hasta convertirse en Ministra de Magia. Su matrimonio con Ron fue fugaz, duró apenas un par de años. Lo quería, pero sus diferencias eran difíciles de ignorar. Intentaron sobrellevarlo, pero no funcionó, así que, para sorpresa de todos, se separaron sin mucho escándalo. Como pareja no funcionaban, pero como amigos eran lo mejor que le pudo pasar al otro.

Las cosas cambiaron mucho. La paz no era eterna. Algunos perdonaron y siguieron con sus vidas; otros quedaron atrapados en los recuerdos de la guerra y buscaban venganza. Había comenzado una cacería contra todos los hijos y nietos de los mortífagos que habían servido al Señor Oscuro.

Entre ellos estaba Draco Malfoy, admirado por algunos, odiado por otros. Era rico, inteligente y había vivido feliz hasta que su esposa murió. Fue uno de los primeros a los que intentaron cazar, pero con los años se había convertido en alguien diestro en todo tipo de magia. Sabía que algo así podía ocurrir en cualquier momento y debía ser capaz de proteger a su pequeño hijo.

La Ministra en persona trabajaba con los aurores para dar con el paradero de quienes rompían la paz que tanto habían logrado. Fue así como comenzó a trabajar de cerca con Draco Malfoy. Con el tiempo, al verlo desde un ángulo diferente al de su excompañero de clase, desarrolló admiración hacia él. La facilidad con la que creaba pociones nuevas, cómo recreaba otras que ni siquiera los pocionistas más famosos se atrevían a mejorar, la agudeza con la que descubría pistas que otros pasaban por alto, su dedicación al trabajo y la manera en que no descuidaba ni un segundo a su hijo despertaron aquella admiración, que con el tiempo se transformó en algo más.

Ambos desarrollaron sentimientos el uno por el otro. Sin embargo, el miedo les impedía estar juntos. Él recordaba cómo, durante años, la había menospreciado por su sangre y también el dolor que sufrió al perder a su esposa. Ella, por su parte, aún tenía pesadillas de su época en el colegio y la cicatriz en su brazo con la palabra "sangre sucia" era un recordatorio constante de lo que había vivido.

La atracción que sentían el uno por el otro se hizo cada vez más evidente. El primero en notarlo fue Ronald Weasley. Al principio, se enojó, pero se lo contó a su novia, una bruja francesa que había conocido en el cumpleaños de su cuñada Fleur, con quien ya tenía fecha de boda. La bruja le dijo que Hermione tenía derecho a rehacer su vida con quien quisiera. Si se equivocaba, lo haría, pero al menos no viviría con la amargura de preguntarse "¿qué hubiera pasado si…?" Ron lo aceptó y su apoyo fue fundamental para que Hermione diera el paso.

Fue un escándalo en la comunidad: una ministra divorciada, novia de un exmortífago. Por más que luchó, la obligaron a renunciar a su cargo, sin importarles todo lo que había logrado. Se evidenció que las heridas seguían frescas, que por más que quisieran cambiar, las personas no olvidaban.

Se mudaron a Alemania, dejando atrás un nuevo ministro que sumió el Ministerio en el caos. En menos de dos años, destruyó todos los logros de Hermione y fue destituido. Su reemplazo no lo hizo tan mal, pero no pudo manejar el Ministerio bajo la sombra de la exministra y sus logros. La gente quería recuperar lo que ella había construido y no les interesaban las nuevas propuestas. En menos de un año, renunció. En cinco años, pasaron seis ministros, ninguno a la altura de las expectativas.

Finalmente, buscaron a la exministra hasta dar con ella. Rogaron, le ofrecieron las estrellas, pero la querían de vuelta. Luego de mucho pensarlo, accedió. Regresó convertida en Hermione Malfoy, madrastra del primogénito de Draco y madre de su hijo menor. La comunidad no tuvo nada que decir. Aceptaron a la extraña familia sin quejas ni juicios. Hacía mucho tiempo que no tenían una ministra como ella, y esta vez, no querían volver a perderla.

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