Me pregunto de dónde proviene esa pasión, esa revolución de los grandes creadores del arte al momento de componer, en el caso de Meryl, componer una caracterización. Pienso que tanto sea en el teatro, en la televisión o en el cine, el amor puede ser su fuerza motora, esa esencia que compartió con Don Gummer, su esposo de casi cuarenta años y con quien afrontó una vida de padres de cuatro amados hijos; como también la vida que tuvo junto a John Cazale, actor que personifica a Fredo, hermano mayor de Mike y Sony Corleone. Se conocieron haciendo teatro y su relación estrecha duró hasta la muerte de él; tuvieron la dicha de poder filmar juntos la última película en la que Cazale participó, El Cazador (1978), donde llegó a filmar todas sus escenas pero antes del estreno murió. La película fue ganadora del Oscar a mejor película y le valió la primera nominación al Oscar como mejor actriz de reparto a Meryl; ingresando al mundo de Hollywood en un momento tan delicado y fatídico personalmente, digno de uno de sus personajes, lleno de empatía y con un amplio entramado de emociones.
Quizás sea el amor la pulsión arrolladora con la que trabaja, u otra cosa, quién sabe; igual me pregunto: ¿Cómo hago para pensar en una figura del cine, sin pensar en Meryl Streep? Ella rompe las barreras del drama con desparpajo y talento, marca una guía a la hora de afrontar personajes de todo estilo, que revelan muchas capas.
Ha realizado personajes de todo tipo: desgraciados, como en La Decisión de Sofía (1982); fuertes, La Dama de Hierro (2011); cómicos, La Muerte Le Sienta Bien (1992); brillantes, No Mires Arriba (2021); inestables, Agosto (2013); arrogantes, El Diablo Viste A La Moda (2006); románticos, Los Puentes de Madison (1995); entre tantos papeles. Al nombrar estas películas, no quiero vulnerar el amor por las que no nombré ya que, de igual forma, obtienen de Meryl un gran desempeño, una cátedra mejor dicho.
Para toda caracterización tiene la ciencia exacta de la interpretación, situada siempre en la entrega total de su persona hacia el personaje sin tapujos y con recursos minuciosamente ejecutados, como por ejemplo, cuando improvisa elocuentes diálogos o monólogos de manera exquisita, adentrándonos como espectadores a un viaje dramático sin igual, como lo hace en La Decisión de Sofía, acá frente a cámara; en Kramer vs Kramer, o en No Mires Arriba. Otro recurso de su abanico actoral es el carisma con el que canta y baila, como tanto lo demostró en diferentes obras de teatro y donde lo llevo al máximo nivel en el cine fue en Mamma Mia 1 y 2 y en La Muerte Le Sienta Bien; brindando una comedia musical al inicio de la película.
Meryl cuenta con un compromiso pleno a la hora de afrontar los diversos idiomas de sus personajes, pasando por acento polaco, alemán, italiano, inglés británico, ingles danés, e irlandés, hasta el acento autóctono del Bronx; su gama es infinita. Sólo basta con toparse con un nuevo papel para que ella descubra cómo abordarlo.
Tampoco quiero dejar de mencionar a esta altura, la obvia revolución que genera con sus nominaciones en cada premio que asiste, ya que posee récord de nominación de cada estatuilla. Además de haber ganado todos los premios que una actriz puede ganar con una interpretación: Premios Oscar, Globo de Oro, SAG, Emmy, Tony y BAFTA, entre otros.
Creo que de más está decir que Meryl nunca defrauda, nunca se repite, nunca sabes el desenlace que va a tomar su interpretación o si abrirá una nueva capa con una mirada o un gesto, como una flor que deja caer sus pétalos, con una naturaleza inaudita. Siempre está a la vanguardia y sabe revolucionar y elevar las escenas como nadie. De alguna manera esa fidelidad y ese amor con el que vive lo plasma en sus obras, haciendo legendarios a sus personajes.


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