En realidad, hay que ser valiente para aistir a una ceremonia, en donde -por lo general- se exhiben la opulencia y el esnobismo, con un traje tan ortodoxo e incómodo, pues si bien, él se pudiera sentir cómodo así, definitivamente que el impacto que estaba creando no sería tan jovial y agradable para con los demás. Tampoco me refiero a una actitud épica, contestaria, ni enfrentativa, sino más bien a un mensaje subliminal irruptivo de una premiación que en las últimas temporadas más se ha convertido en un set de farándula, con otras “películas” igual de malas como la Will Smith y Chris Rock en el 2022…
Ojo, no digo que sea malo, empero hay ocasiones en donde es mejor seguir los protocolos, para no exponernos impropiamente ni exponer a los demás. Porque a la playa no vamos a ir con smoking, tampoco a hacer deporte con zapatos de tacón y, estoy seguro que, si viniera un médico que me está atendiendo con un mandil de cocina, sadría volando de ese consultorio. Es algo así como un pacto de convivencia, y en esas normativas (implícitas y/o explícitas) se sienta la armonía de la sociedad.
Por tanto, el buen Adam, apuntó (como es obvio) a llamar la atención de los presentes, pues en su “película” llevaba consigo el mensaje que, no necesitaba de un traje (y mucho menos uno costoso y/o de diseñador) para ser considerado una persona buena, con lo cual la mayoría nos solidarizamos y le damos razón. Y su película fue magnífica, ya que arrazó en la audiencia de una producción que cada vez se torna más aburrida y predecible, él fue el alma de la gala, a pesar de no llevar traje, qué paradójico…
Hay ocaciones en donde la espontaneidad suele ser el mejor ingrediente para hacer de una “película” fábulosa, y para eso muchas veces hay que saltarnos el protocolo, empero el secreto está en saber cuándo hacerlo, para que no se desvirtue la esencia de nuestra trama. Un gran ejemplo nos la dio el extraordinario Roberto Benigni, cuando de la emoción fue de asiento en asiento, saltando por encima de los actores y fue un acto tan maravilloso que nadie se dio por ofendido, no se sintió grosero, ni se alteró la realización de la premiación en algún momento. Como lo dije, lo espontáneo del acto lo hizo extraordinario y a más de uno se le escapó seguramente una lágrima al ver su felicidad reflejada.
Para nuestra suerte, la imprudencia de algunos, a veces nos puede favorecer para nuestros objetivos y no tarda en aparecer algún malintencionado como Conan O'Brien, justamente para exponernos ante los demás y terminar de ponerle el condimento a nuestra “película”, ya que, si la intención era parodiar con la vestimenta del actor, era de muy mal gusto hacer una comparación semejante y su burla fue el bumerán que justamente necesitaba esa escena en la saga para darle el Oscar a Sandler y una lección a la organización de la academia.



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