Las adaptaciones de Stephen King siempre generan una gran expectativa, y The Monkey (2024), dirigida por Osgood Perkins y producida por James Wan, no es la excepción, al menos para las personas que lo seguimos en todos los medios y soportes posibles en el que el autor ha dado rienda suelta a su imaginería. Pero es innegable pensar en la unión de estos tres nombres. A primeras, sugiere una combinación particular de estilos: el horror psicológico y minimalista de Perkins, la estética (o la decisiones a nivel producción) del terror más comercial de Wan y la capacidad de King para transformar lo cotidiano en pesadilla. Sin embargo, esta adaptación plantea algunas preguntas sobre las decisiones narrativas que se han tomado que difieren del texto original, especialmente en lo que respecta a los aspectos socioculturales que King suele incluir en sus relatos.
Desde el inicio, Perkins imprime su sello al relato de King con un tono marcadamente caricaturesco, lo que contrasta con el horror más sutil del cuento original. Este tono se evidencia en los diálogos internos de Hal, el protagonista, que funcionan como un reflejo infantil y exagerado de su psique. En el cuento, la muerte de su madre es imaginada de forma grotesca: "¿Qué es eso que vuela en el aire como una condenada pelota de jugar a la bochas, pero con ojos en los agujeros de meter los dedos? ¡Es la cabeza de tu madre, Hal! ¡Atiza!". Este tipo de imaginería es clave en la construcción del terror psicológico de King, donde el miedo se construye desde lo interno. En la película, sin embargo, este elemento se potencia aún más, y deja de estar en la mente de Hal, sino que literalmente se transforma en una serie de muertes absurdas y exageradas (a lo Final Destnation por momentos), que, si bien generan impacto visual, restan profundidad al conflicto interno del protagonista, que podríamos decir que no está puesto el foco en eso.
Uno de los cambios más notables en la adaptación es que no hay nada del abuelo racista, un personaje que aparece su voz a través de los pensamientos de Hal. Su discurso es super consecuente, ya que este cuento sale en 1980, año en el que es elegido Ronald Reagan, dirigente que profundiza en la radicalización de posturas de ultraderecha en la que la inclusión no era una política pública. Discurso muy del aquí y ahora que podría estar presente, pero debido a un cambio de agenda, quizás, es que no quisieron incorporarlo. En la película, esta faceta se minimiza, eliminando así una de las muchas capas de crítica social que King incorpora en su obra. Lo mismo ocurre con la crisis del empleo en el sector del software debido a la alta inflación y desempleo en Estados Unidos, que en el cuento funciona como un telón de fondo que refuerza la sensación de inestabilidad y decadencia. Al eliminar estos elementos, la película pierde una parte significativa del contexto que daba profundidad al relato y que increíblemente son muy actuales, si tenemos en cuenta la burbuja que se produjo en este sector durante la pandemia y que ha ido estallando en los últimos años.
Otro punto clave es la relación de Hal con su madre y el uso del Valium como una forma de afrontar el miedo. En la historia original, esta dependencia es un reflejo de la fragilidad emocional de la madre y su manera de sobrellevar la ansiedad. La película, sin embargo, opta por un enfoque más superficial, limitándose a sugerir su problema sin profundizar en sus implicaciones. Este cambio puede responder a una decisión narrativa para mantener el ritmo de la historia, pero termina empobreciendo el trasfondo emocional del personaje.
Uno de los aspectos más intrigantes de la adaptación es la decisión de hacer que los hermanos sean gemelos y que ambos sean interpretados por el mismo actor. Esta elección podría responder a un recorte presupuestario, pero también puede ser una decisión estética con un propósito narrativo: reforzar la idea del doble y la inevitable conexión entre ambos personajes. Sin embargo, este recurso no termina de integrarse de manera convincente en la historia, dejando la sensación de que se trata más de una decisión pragmática que de una verdadera exploración temática.
En cuanto a la representación de la niñera, en el cuento su muerte tiene una implicación sociocultural más profunda. La mujer, además de ser negra, trabaja en la economía informal, y su muerte no solo refuerza el carácter impredecible del horror, sino que también subraya una problemática social sobre la precariedad laboral y la vulnerabilidad de ciertos sectores. En la película, sin embargo, este personaje se reduce a una rubia sin mayor desarrollo, cuya muerte ocurre de manera completamente absurda y sin conexión con el contexto social en el que se encuentra.
Esto lleva a una pregunta clave: ¿es válido eliminar los elementos socioculturales en una adaptación de Stephen King? La obra del escritor suele estar profundamente arraigada en el contexto en el que se desarrolla, y al despojarla de estos aspectos, la película pierde parte de su identidad y carga simbólica. Si bien es cierto que Perkins intenta explorar el tema de la muerte desde una perspectiva personal, esta visión parece desvinculada de las preocupaciones sociales que atraviesan el relato original.
En cuanto al antagonista, el mono, podríamos pensar que es un objeto central del horror, pero funciona de manera diferente en ambas versiones. En el cuento, es un catalizador que obliga a Hal a replantearse su papel como padre y su relación con sus hijos (en el cuento tiene dos). Su intento de imponer límites y alejar a su hijo de las drogas es cuestionado por su esposa, generando un conflicto que va más allá del elemento sobrenatural. En la película, en cambio, la relación padre-hijo se desarrolla de manera más absurda y simplificada: Hal decide pasar una última semana con su hijo solo porque está a punto de perder la tenencia. Este cambio minimiza el peso del conflicto familiar, reduciendo la historia a una serie de eventos macabros sin una verdadera exploración emocional.
Finalmente, la película intenta transmitir un mensaje sobre la inevitabilidad de la muerte y la capacidad de reírse de ella. Como menciona Perkins: "Ser capaz de reírse de la muerte es un verdadero superpoder, ¿verdad? Eso es probablemente lo que más intento hacer con esta película: compartir la idea de que la muerte definitivamente apesta pero, luego, con cierta distancia, te curás". Si bien esta idea es interesante, la ejecución en The Monkey no termina de equilibrar el horror con la sátira, dejando un tono incierto que no logra consolidarse en ninguna de las dos direcciones.
En conclusión, The Monkey es una adaptación que toma decisiones estilísticas y narrativas arriesgadas, algunas más efectivas que otras. La película de Osgood Perkins tiene momentos de tensión bien logrados y un uso visual interesante, pero en el proceso sacrifica muchos de los elementos que hacían del cuento de Stephen King una obra con un fuerte trasfondo social y psicológico. Al optar por un tono más caricaturesco y eliminar los aspectos socioculturales del relato, la adaptación se queda a medio camino entre el horror efectivo y la sátira de la muerte, sin lograr consolidar una identidad propia dentro del vasto universo de adaptaciones de King.



¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.