En las sombras del Hotel Cortez, donde el tiempo parecía detenerse y los ecos de risas y llantos se entrelazaban, la Condesa Elizabeth sabía que su eternidad estaba a punto de cambiar. Tras divagar por aquellos pasillos en sus ya característicos paseos nocturnos se encontró con lo que alguna vez fue su suite, rodeada de recuerdos de un pasado glorioso y trágico.
Una noche, mientras la luna brillaba intensamente bajo una ciudad de neón, un nuevo huésped llegó al hotel. Era un joven artista llamado Mateo, quien buscaba inspiración para sus obras. Sin saberlo, su llegada despertó algo en la Condesa. La curiosidad por su creatividad y su pasión por la vida la atrajo. A través de las sombras, lo observaba mientras pintaba en su habitación.
Con pasos lentos y una mirada fulminante La Condesa decidió acercarse a él, manifestándose en sus sueños. Le susurró su nombre como si de un eco se tratase , llevándolo a crear una serie de pinturas que representaban la lucha entre la vida y la muerte, el amor y la pérdida. Mateo, sin comprender la fuente de su inspiración, comenzó a plasmar la belleza del horror que había en el hotel.
Una noche, mientras Mateo estaba en su estudio, la Condesa se le apareció en toda su gloria etérea. "He sido una sombra demasiado tiempo," le dijo con voz suave. "Tu arte ha devuelto una parte de mi humanidad perdida. Pero, querido, hay un precio que pagar por esto."Mateo, fascinado y aterrorizado, se dio cuenta de que la Condesa deseaba liberarse de su prisión eterna. "¿Qué necesitas de mí?" preguntó
La Condesa le reveló que para liberarse, necesitaba un sacrificio: una obra que capturase su esencia y su dolor. Mateo, perdido en aquella danza de sensaciones y emociones, decidido a ayudarla. Pasó incontables días trabajando en su última pintura, una obra que fusionaba el horror y la belleza de la Condesa. El día de la culminación, mientras los colores se mezclaban en el lienzo, la Condesa se desvaneció lentamente. "Cuando termines, yo seré libre, pero tú también pagarás el precio," dijo. Con cada pincelada, Mateo sentía cómo su vida se desvanecía, pero estaba decidido a dar a la Condesa la libertad que tanto deseaba.
Al finalizar la pintura, un destello de luz envolvió la habitación. La Condesa sonrió por última vez "Gracias, querido artista. Siempre serás parte de mí." Con un susurro, desapareció en el aire, dejando atrás solo el eco de su risa macabra. Mateo cayó al suelo, sintiendo como el rastro de su vida se desvanecía de sus ojos. Al mirar la pintura, vio no solo el retrato de la Condesa, sino el reflejo de aquel hotel marchito y con ello, su propio destino.
Con exactitud no se sabe como aquella obra había llegado a ciertas galerías del mundo, el nombre de Mateo se había perdió en la historia, mientras el Hotel Cortez aún permanecía en pie, guardando los secretos más oscuros de la Condesa y aquellos que habían cruzado sus puertas.




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