Este artículo está pensado como complemento del escrito hace exactamente un año sobre cine y memoria. Dicho artículo comenzaba con una frase de la extraordinaria Canción de Alicia en el país, de Charly García, haciendo referencia a que este país no estuvo hecho porque sí.
Por eso es que hay que seguir pensando en lo que ocurrió. Y ahora más que nunca, bajo un gobierno que también invita a repensar ese período, pero para negarlo de las formas más provocadoras posibles.
La idea ahora es expandir esa primera parte del artículo, en la que me refería a la previa del golpe y a todo lo sucedido en los últimos tiempos del gobierno de Isabel Perón, contexto que posibilitó el ascenso de figuras como la de Jorge Rafael Videla. Me referiré al cine (escaso) que frecuenta ese período, pero también, y sobre todo, al producido durante esos años.
La historia según el cine
Repetiré algunos títulos mencionados en ese artículo para luego pasar a otra cosa. El período 1974-1976 ha sido muy poco abordado por el cine argentino en comparación al posterior. Sin embargo algunos títulos importantes han decidido situarse en ese momento de la historia, no para señalar un hecho puntual sino para dar cuenta de un clima de época, como El secreto de sus ojos (2009) de Juan José Campanella y Rojo (2018) de Benjamín Naishtat. Por otra parte Sinfonía para Ana (2017) de Vilma Molina y Ernesto Ardito, se ocupa específicamente de ese período, su acción transcurre entre el 1974 y el 1976, primeros años en la secundaria para la protagonista. A esa lista habría que sumar Hermanas (2005), de Julia Solomonoff, que transcurre en 1984 pero regresa a un hecho traumático de secuestro y desaparición ocurrido en 1975. La película de animación española Dispararon al pianista (2023), de Fernando Trueba y Javier Mariscal, también aborda una desaparición ocurrida antes del golpe, aun sea por unos pocos días, la de Francisco Tenorio Jr., pianista de Vinicius de Moraes, ocurrida en Marzo del ´76, una semana antes del 24.

Es incómodo pensar en la dictadura como continuidad y confirmación de un proceso iniciado previamente, pero esa incomodidad es necesaria para una comprensión cabal de lo ocurrido. En cuanto a los documentales, Una casa sin cortinas (2021) de Julián Troksberg se ocupa de la olvidada figura de María Estela Martínez de Perón, al frente del gobierno precisamente en ese período.
El cine Argentino de 1974
Este sin dudas fue un gran año ´para el cine nacional, a caballo del impulso tomado desde el regreso de la democracia en Mayo del ´73. Películas como La Patagonia rebelde de Héctor Olivera o La tregua, de Sergio Renán, quedaron como hitos de nuestra cinematografía. La segunda incluso llegó a competir por Oscar, por primera vez para el cine local, aunque quedó relegada por Amarcord, de Fellini. Otra gran película de ese año fue Boquitas pintadas, de Leopoldo Torre Nilsson, y no hay que el olvidar el suceso no exento de escándalo de La Mary, de Daniel Tinayre.
En el caso de La Patagonia rebelde, su temática de resistencia obrera estaba en sintonía con otras películas combativas de ese año como Quebracho, de Ricardo Wullicher. Raymundo Gleyzer completaría su último trabajo antes de ser secuestrado en Mayo del ´76, el corto documental Me matan si no trabajo y si trabajo me matan.
Por último quiero destacar en el cine de ese año un título no tan recordado, El camino hacia la muerte del viejo Reales, de Gerardo Vallejo, que denuncia las injusticias de su Tucumán natal a través de la historia del personaje del título y de tres de sus hijos, y lo hace combinando cierto rigor neorrealista del cine de Birri con la desmesura, imaginación y musicalidad del Cinema Novo de Glauber Rocha. El resultado es singular como obra artística pero además significativo por el rol que tendrá Tucumán en esta historia inmediatamente previa a la dictadura.

Y es que estas injusticias serán el caldo de cultivo para protestas sociales y una serie de huelgas en ingenios azucareros que muy pronto serán violentamente reprimidas. La explotación denunciada en Quebracho había ocurrido en 1910, pero sesenta años después nada había cambiado.
El cine argentino de 1975
Era difícil era replicar el prestigio del cine del año anterior, pero algunas películas lo intentaron. Entre ellas La Raulito, de Lautaro Murúa y Los gauchos judíos, de Juan José Jusid. Leopoldo Torre Nilsson estrenaría dos films ese año La guerra del cerdo y El pibe cabeza y el gran Hugo del Carril finalizaría su carrera con Yo maté a Facundo. Pero el gran suceso del año fue, sin dudas, Nazareno Cruz y el lobo, de Leonardo Favio, la película más taquillera de la historia del cine argentino hasta 2014, año en que fue desplazada de ese puesto por otro suceso, Relatos Salvajes, de Damián Szifrón.
El cine argentino parecía aún gozar de buena salud, aunque empezaban a circular algunos títulos de escaso o nulo valor artístico, destinados al entretenimiento “para toda la familia” que parecían inofensivos en su momento pero que hoy pueden provocar mayor inquietud como toda la saga de Los super agentes Tiburón, Delfín y Mojarrita, iniciada el año anterior y títulos como Los chiflados dan el golpe, filmada en la mismísima Escuela de Mecánica de la Armada.
Y hay que volver a Tucumán, porque 1975 es también el año del Operativo Independencia, una acción del Ejército Argentino impulsada por el gobierno constitucional de entonces que pretendía controlar un foco guerrillero en la provincia, pero terminó siendo un ensayo de todo lo ominoso que estaba por venir. La lucha antiguerrilla devino en arrestos de líderes sindicales y en el primer campo de concentración de todo este proceso, la escuelita de Famaillá.

Este accionar incluso tuvo una película de propaganda que lo exaltaba, impulsada unos años después por Luciano Benjamín Menéndez. Pero la película que realmente lo ilustra y hasta lo anticipa es La batalla de Argelia (1968), de Gilio Pontecorvo.
En el umbral
Por último, tres títulos pensados en democracia y estrenados en dictadura, que probablemente hubieran tenido otro destino sin ese hecho de por medio.
El hasta ese momento prolífico Leopoldo Torre Nilsson estrenaría Piedra Libre en Septiembre de 1976, cuando ya no quedaba nada libre. Fue censurada por “inmoral y disolvente”. Sería la última película del director, que morir´pia dos años más tarde.
José Martínez Suárez estrenó un mes después del golpe Los muchachos de antes no usaban arsénico, una comedia muy negra en la que los personajes protagónicos deben deshacerse de otro que interfiere con sus planes. Al estar parada en esa bisagra de la historia esta película termina teniendo también otras resonancias inquietantes.
Dejo para el final Soñar, soñar, de Leonardo Favio, el mismo Favio que acababa de romper todos los récords son su trabajo anterior. Se estrenó en Julio del '76 y fue un fracaso, y su director no volvió a filmar por 17 años.
No quedaba nada libre, ni espacio para soñar. Seguirían muchos años de pesadilla, que nunca habrá que olvidar.
Bibliografía consultada: El cine argentino durante la dictadura militar 1976/1983, de Fernando G. Varea




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