Que pasaría si un dia te despiertas y te das cuenta que estas en una realidad diferente como por ejemplo en una pelicula 

Título: Despertar en la Pantalla


Julián parpadeó varias veces. Su vista aún estaba borrosa cuando notó que algo no encajaba. Estaba acostado en una cama extrañamente perfecta, con sábanas impecables y una luz dorada iluminando la habitación de manera demasiado cinematográfica.


Se sentó de golpe. Ese no era su cuarto. Ni siquiera era su ropa. Llevaba una camisa bien planchada y unos pantalones de mezclilla nuevos. Miró alrededor y vio un espejo: su rostro estaba impecable, sin ojeras, sin espinillas… como si alguien lo hubiera editado digitalmente.


—¿Qué carajos…? —susurró.


Fue entonces cuando escuchó una voz femenina detrás de él.


—¡Por fin despertaste! —dijo una chica de sonrisa perfecta, cabello perfectamente despeinado, y ojos que reflejaban más luz de lo normal.


Julián sintió un escalofrío. Su corazón latió con fuerza. La conocía… pero no en la vida real.


Era Laura Fernández, la protagonista de Amor en Otoño, una película romántica que él había visto la semana pasada.


—Esto tiene que ser un sueño —se dijo a sí mismo, pellizcándose el brazo. Nada. No despertó.


—Vamos, llegaremos tarde al café —dijo Laura, jalándolo de la mano con una naturalidad aterradora.


Julián salió a la calle y su mente casi explotó. Todo era… demasiado bonito. Los autos estaban limpios, los colores eran más vivos, la gente sonreía sin razón aparente. Y entonces lo entendió.


Estaba dentro de la película.


El Problema


Trató de recordar la trama. Laura estaba destinada a enamorarse de un tipo llamado Andrés, un escritor frustrado que la conquistaba con cartas poéticas. Pero si él estaba ahí… ¿dónde estaba Andrés?


Caminó por la ciudad con Laura, siguiéndola sin saber qué hacer. Cada conversación se sentía ensayada, como si el universo estuviera esperando que él dijera líneas específicas.


Hasta que sucedió algo que no debía ocurrir.


Un micrófono de boom cayó desde arriba en plena escena. Laura no pareció notarlo, pero Julián sí. Miró hacia el cielo… y ahí estaba: una estructura negra, una especie de domo con luces y cámaras.


No estaba solo en la película. Estaba en un set.


Rompiendo el Guion


Decidió probar algo. En medio de la conversación con Laura, en lugar de responder con las líneas que sentía predestinadas, dijo algo completamente aleatorio.


—¿Sabías que los pingüinos tienen rodillas?


Laura parpadeó. Su sonrisa se congeló.


—Eso no tiene sentido, Julián.


—Exacto —susurró.


Las cosas empezaron a cambiar. Las luces titilaron. La gente en la calle se quedó inmóvil por un segundo, como si fueran NPCs esperando su próximo comando.


De repente, una voz tronó desde el cielo:


—¡CORTEN!


Las calles desaparecieron. Las personas se desvanecieron como humo. Julián cayó de rodillas en medio de un vacío blanco, y frente a él apareció un hombre de traje, con una libreta en la mano.


—Has roto la historia, Julián —dijo el hombre con una sonrisa enigmática—. No debiste improvisar.


Julián sintió un escalofrío.


—¿Dónde estoy realmente?


El hombre lo miró fijamente.


—En una historia que no te pertenece. Pero ahora que has despertado… ¿quieres salir o prefieres reescribir el final?


Julián tragó saliva. Miró a su alrededor, luego miró sus propias manos, sintiendo que su destino dependía de su siguiente palabra.


Y por primera vez en mucho tiempo, tenía el control de su propia historia.


FIN… ¿O CONTINUARÁ?


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