Películas Lucidas 

Y en ese momento, Julián se dio cuenta de que estaba en una película. Un auto acababa de volar por encima de su cabeza y justo antes de que se estrellase contra un edificio, un hombre saltó del vehículo y aterrizó a su lado, sin un rasguño. La gente se acercó para ver si ambos estaban bien, pero Julián estaba tranquilo porque sabía que era una película.

Esta no era la primera vez que le pasaba. "No jodas con los sueños lúcidos, siempre tienen consecuencias". Cuando su amigo le hizo esa advertencia, Julián imaginó que se refería a tener parálisis del sueño o insomnio, eso era lo común con los sueños lúcidos, jamás hubiera esperado que la consecuencia de la que hablaba iba a ser aparecer en películas.

Así era la cosa. Julián quizás estaba trabajando o comiendo o a veces ni siquiera se acordaba donde estaba y de la nada, se trasladaba a la película. Podía ser en cualquier parte, pero siempre aparecía en algún momento de la historia. La primera vez fue después de ver Scarface. Julián estaba caminando por la calle, cuando se encontró adentro de la mansión de Tony Montana. Por suerte fue antes de que arranquen los tiros.

Julián entendió rápido la mecánica y a medida que vivía más traslados, tenía más experiencia y más control de estas “películas lucidas”, como les decía él. Le gustaba ver películas de terror para entrar y matar al monstruo al principio, o ver a una del espacio, para flotar un rato en la galaxia. Eso si, se cuidaba mucho con la pornografía, uno nunca sabe en qué situación puede aparecerse y mejor no arriesgar tanto.

El hombre que había saltado del auto le dio la mano a Julián y se fue corriendo antes que lleguen la policia. Julián se quedó pensando cuál era el nombre de ese actor en la vida real. Era parecido a Bruce Willis pero no se iba a acordar el nombre y ahora que lo pensaba, tampoco se acordaba en qué película lo había visto. Por lo que acababa de ver, debía ser una de acción.

Después de unas cuadras caminando, Julián se dio cuenta de que estaba en Buenos Aires, y muy cerca del Obelisco. “Nunca salí volando desde la punta del obelisco” pensó Julián. “Si salté desde el Empire State y desde el Burj Khalifa pero nunca desde acá. Vamos a hacerlo”.

Julián cruzó sin mirar la 9 de Julio y se metió por la plazoleta hasta el Obelisco, abrió la puerta y empezó a subir la escalera interna. Era mucho más largo de lo que parecía por fuera.

Llegó hasta la cima del Obelisco y asomó la cara. Respiró el viento frio que se sentía y sonrió. Sacó una pierna por la ventana y después la otra. Se sentó en el borde y sin pensarlo, se tiró.

Y en ese momento, en el que su cuerpo no se elevaba por los aires y la plazoleta del Obelisco parecía cada vez más cerca, ahí Julián se dio cuenta de que no estaba en una película.

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