The Walking Dead y un Big Mac con Papas Fritas 

“La felicidad es uno de esos conceptos imprecisos en los que jamás, a lo largo de la historia nos hemos puesto de acuerdo. Compartimos la idea de que se trata de una cierta sensación de plenitud y dicha, pero cada persona llega a ese estado por razones diferentes. La felicidad es un estado de espíritu abierto a experimentar para que al morir la vida esté llena de experiencias, y no de sueños.”

Schopenhauer

Es razonable creer que somos capaces de matar para sobrevivir.

Es razonable creer que esta conducta es parte de la naturaleza humana.

Pero, ¿Es razonable creer que quiera estar ahí?, ahí donde había que hacerlo, matar en el Apocalipsis.

Un apocalipsis concebido por Frank Darabont, basado en la historieta escrita por Robert Kirkman se presentaba en cada una de las noches en que vi los episodios, mientras un pensamiento constante de osada ambición, me prometía el sueño y el desafío.

Será por esto que en ningún momento me pregunte: ¿Qué estoy haciendo aquí?

Acerquen sus ojos que les escribiré un historia; porque ese atardecer desperté con el abrigo indicado y el arma correcta.

Vivian en The Wolking Dead

Todo comenzó en las calles de Atlanta, la que solía ser una ciudad de edificios de altura estaba ocupada por las fuerzas militares quienes tenían la intención de contener la amenaza; camiones militares, tanques de guerra y trincheras. Los destrozos ganaban lugares y el panorama cambiaba día a día a uno más sombrío y desolador, la situación no pudo ser sostenida, la ciudad era gobernada por los muertos vivos que pululaban en sus calles, Atlanta, se convertía en el lugar más peligroso del mundo.

Solo quedaba huir, y huimos al sur por la autopista.

Daryl me había enseñado como usar la ballesta con mayor rapidez y precisión, yo no ponía resistencia a lo que estaba por experimentar sino por el contrario mi sensación era plenitud y dicha. Mi personaje daba vida a mi existencia. Lejos de pensar como llegué a la escena, donde estaban las cámaras, o si había un guion para mí.

Daryl hablaba poco, como yo, nos entendíamos con las miradas y recorríamos el estado en su moto fabricada con piezas de diversa procedencia sobre la base de una Honda CB750 Nighthawk de 1992. Lo sé porque aun guardo la foto que le tomé al equipo el día en que la dejaron en el set de filmación.

Integrada al grupo principal de la comunidad de Rick como personaje secundario me habían asignado como nombre: Vivian.

En pleno rodaje también conocí a Morgan, él había dejado de ser un loco sin control, después de haber perdido a su esposa y a su hijo, y a pesar del trauma, pudo trasformar la ira y el dolor a través de las enseñanzas estoicas y del budismo donde encontró la paz interior y no el conflicto.

Eastman le había enseñado Aikido, un arte marcial japonés que, en su filosofía de la no agresión, se centra en redirigir la energía y en usar el cuerpo para neutralizar la fuerza de los demás sin causar daño. Quería enseñarme, y además me leía algún capítulo del libro “El Arte de la Paz” de Morihei Ueshiba; que trata sobre como la verdadera victoria no reside en derrotar a los demás, sino alcanzar la paz interior y la armonía con el universo.

Y sí que me resultaba encantador, pero, ¿Era este mundo salvaje un lugar para pensar que toda vida es valiosa? ¿Incluso hasta la del villano más villano?

¿Era este un lugar para pensar que podíamos resolver las cosas conversando con el enemigo?

Con sus reflexiones y su calma, Morgan no era el mejor compañero ¡cuánta! confusión tenía mi amigo, ¿Era acaso este paisaje de muertos vivos un lugar para relajarse?

Morgan iba en contra de la naturaleza humana en un mundo donde solo había muerte y muerte.

En ese escenario era un delirio pensar como él, vivir como él ¿Cómo controlar nuestras reacciones pase lo que pase?, buscar la tranquilidad interior, sentir, pero no reaccionar de manera irracional en base a lo que sentimos, sino aceptar el destino.

Morgan nunca me pareció aburrido, ni hipócrita era un personaje más, un humano confundido. Y yo prefería estar en un permanente estado de alerta. Su incapacidad de matar perjudicaba en ocasiones al grupo. Su compañía me hacía sentir inseguridad cuando nos tocaba atravesar el bosques de Georgia y llegar a algún pueblito en busca de alimentos. Prefería siempre la compañía de Daryl.

Vivian y Morgan

Los días transcurrían en episodios que tenían su propio estilo narrativo y un enfoque temático. Algunas veces se enfatizaba el terror y la acción intensa, lo que llevaba a la representación de caminantes más rápidos y agresivos para aumentar la tensión y el drama.

Y sí que había que correr, y matar, y proteger, con una temperatura de casi cuarenta grados y la amenaza era constante, ya sabíamos que los caminantes se sentían atraídos por el sonido, el olor a carne viva y el movimiento. Esto nos daba cierta ventaja e incluso ya habíamos aprendido como movernos entre ellos en las circunstancias más difíciles, con el propósito de atravesar un espacio y liberarnos de ellos.

Otras veces dependiendo del entorno y de los escenarios se movían más lentos, y el miedo era menor, aunque en el set comentaban que su lentitud se debía al Big Mac con papas fritas que comían en el corte.

Sin embargo, cuando un caminante no era una amenaza en un momento determinado, no significaba que no pudiera serlo más adelante y si podíamos eliminarlo desde una distancia segura evitábamos el riesgo futuro asociado con circunstancias cambiantes.

En estos actos, cuando recordábamos que antes habían sido una persona y que probablemente tenía las mismas razones que nosotros para no querer convertirse en caminante, terminar con su existencia era casi sin duda un acto de misericordia.

Daryl entre los muertos vivos

Entre una grabación y otra tomar un café con Carol, Michonne, Jesús, Jared, o Negan era algo común. Recuerdo que una tarde llegó Bear McCreary él compuso la banda sonora y nos contó que la música del título simple y repetitiva se va transponiendo entre un semitono y un tono completo más bajo para reflejar que la atmosfera de la serie se va tornando más oscura.

Tan oscura como las noches sin luna, tan aterradora como cuando salíamos a verificar la seguridad de la zona y no veíamos nada. En fin, yo quería mucho a Daryl pero, Bear era magnético! y dos días después…le quité la ropa.

Bear McCreary

Recuerdo también otras de las noches, cansados de tanta batalla, del olor a la sangre, con poca agua para beber, y el casi permanente sonido gutural de los caminantes. Cuando de repente dos, tres, siete se acercaban lentos con collares de luces de neón, en una coreografía repetitiva de pasos arrastrados y sangre en los dientes.

El asombro nos paralizó, mirándonos entre nosotros con las cejas fruncidas, preguntándonos ¿Qué es esto?

¿Quién nos había hecho el favor de ponerles collares con luz de neón a los muertos vivos?

¿Quién nos estaba haciendo una broma?

Inmediatamente reconocimos a Stephen King quien gratuitamente se había ofrecido para experimentar un muerto vivo con anteojos.

Desde el fondo del set salía la carcajada de Greg Nicotero el productor y especialista en maquillaje y efectos visuales.

Con el poder de las risas la sensación de hacer pis era urgente, cuando me incorpore del inodoro, el baño era el de mi casa y la experiencia de estar dentro de esta serie había sido cardíaca, fascinante.

Por las noches la continuaba viendo, Morgan, mi amigo, abandonó su filosofía, para salvar a Carol de los Salvadores la llevó a El Reino y convencieron a su líder Ezekiel a pelear contra los Salvadores. Hasta ahí estaba contenta pero, Morgan volvió a enloquecer al ver morir a Benjamín, su alumno de aikido y prometió asesinar a todos los Salvadores.

Morgan atrapó a Jared y se aseguró de que sea devorado por los caminantes, obteniendo su venganza por el asesinato de Benjamín. Finalmente murió mordido por un caminante.

Daryl, siguió, siguió y siguió, vivo.

y Vivian terminó el vinito que le quedaba.

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