
Capitulo III
El Legado del Reyno de Hold
En los confines de un mundo gobernado por dioses caprichosos y reinos en constante disputa, Hold se alzaba como la nación más pobre, pero también la más orgullosa. Sus tierras áridas y su economía precaria contrastaban con la inquebrantable voluntad de su gente, quienes encontraban en la adversidad su mayor fortaleza.
Sin embargo, los días de estabilidad estaban contados. El Rey Tyrian Owel, un monarca severo pero justo, comenzaba a sentir las sombras de la conspiración acechando su trono. Entre los nobles, crecían las ansias de poder. El Conde Orin Valem, astuto y ambicioso, tejía una red de traiciones con mercenarios y aristócratas descontentos, convencido de que Hold necesitaba una mano más fuerte.
Mientras tanto, en el templo celestial, el dios Aion observaba con inquietud la inminente elección de un nuevo paladín, un guerrero bendecido por su divinidad para proteger el reino. Algo no estaba bien. La esencia del destino parecía distorsionada, manipulada por fuerzas ocultas.
El Rumor del Destino
Lady Freya Vael, una noble aliada del rey, descubrió un antiguo artefacto en los pasillos olvidados de la biblioteca real. Sus inscripciones hablaban de una magia oscura capaz de influir en la voluntad de los dioses.
—Majestad, alguien está intentando manipular a Aion —dijo Freya con urgencia en su voz.
El rey Tyrian frunció el ceño.
—¿Quién se atrevería a desafiar el designio de un dios?
—No lo sé, pero esta magia no pertenece a nuestro reino. Es más antigua, más peligrosa.
La elección del paladín era sagrada, y si las manos equivocadas alteraban su curso, Hold caería en el caos.

Un Héroe Inesperado
El día de la selección llegó. Los nobles esperaban ansiosos, seguros de que uno de sus hijos sería elegido. Sin embargo, Aion habló con una voz que resonó en las montañas y valles.
—No elijo por sangre ni linaje. Elijo a quien desafía al destino y lo vence. Aeron, tú eres mi paladín. El destino de Hold está en tus manos.
El asombro recorrió la sala. Aeron no era un noble, ni un caballero entrenado en castillos. Era un joven campesino, marcado por la tragedia y la determinación. De niño, había visto su aldea ser arrasada por bandidos. Desde entonces, había jurado no volver a ser débil.
Los nobles protestaron, pero Tyrian, con mirada calculadora, aceptó la decisión.
—Si Aion ha hablado, no hay más que discutir.
En privado, sin embargo, el rey evaluaba al joven con desconfianza.
—Me equivoqué contigo, Aeron, pensó tras días de observarlo. Pensé que eras solo un inexperto, pero has demostrado ser un estratega brillante.
Aeron, por su parte, sabía que su camino apenas comenzaba.
La Rebelión y la Traición
En una taberna oscura, Orin Valem brindaba con mercenarios.
—La elección del paladín nos da la oportunidad perfecta. Mientras el rey y el pueblo festejan, tomaremos lo que nos pertenece.
—¿Y qué hay de Aeron? —preguntó uno de los mercenarios.
Orin sonrió con desprecio.
—No será un problema. Nada nos detendrá.
Pero lo que el conde no sabía era que Lady Freya había escuchado cada palabra desde las sombras.
Esa misma noche, corrió hasta la fortaleza del rey.
—Majestad, la traición está en marcha. El conde atacará durante la ceremonia.
Tyrian se puso de pie, su mirada firme.
—Entonces nos aseguraremos de que esta sea su última noche.
El Último Duelo
La batalla estalló en la capital. La Guardia Real luchó con valentía, pero los mercenarios de Orin eran muchos. La ciudad ardía, el pueblo gritaba, y en el centro del caos, Aeron se enfrentó al líder de la revuelta: Vamon, el conde oscuro.
Bajo una tormenta eléctrica, Aeron y Vamon cruzaron espadas. Cada golpe resonaba como un trueno. Vamon, imbuido de magia oscura, invocó sombras que se abalanzaron sobre Aeron, pero el joven campesino, ahora un guerrero bendecido, las disipó con un corte de su espada sagrada.
—¿Crees que puedes vencerme? —se burló Vamon.
—No peleo solo por mí. Peleo por aquellos que ya no pueden luchar.
Aeron sintió la sobrecarga de magia en su cuerpo. Su poder oculto despertó. Los elementos lo rodearon: el fuego ardía en su puño, el viento rugía a su alrededor, y el cielo estalló en luz dorada.
—Este es el fin de tu tiranía.
Con un último hechizo, desató su ataque final.
—¡Luminara Exsolum!
Un rayo de energía pura atravesó la oscuridad de Vamon, desintegrándolo en un estallido de luz. La batalla había terminado.
Cuando el polvo se asentó, Aeron cayó de rodillas, exhausto pero victorioso.
El destino de Hold había cambiado para siempre.
Tyrian se acercó a él y le tendió la mano.
—Te subestimé, Aeron. Hold tiene un nuevo protector.
El joven paladín tomó la mano del rey y, mirando el horizonte, supo que ese no era el final… sino el inicio de una nueva era.



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