Como estudiante de cine recién recibido, en el panorama actual parece que la única manera de hacer cine en Argentina es de manera independiente. Uno siempre reflexiona acerca de cómo seguir llevando a cabo su pasión; y en nuestro caso, el desafío es enorme por diversos obstáculos. Llegar a la creación de una película parece un sueño febril, un espejismo al que es imposible llegar. Más aún cuando recién se empieza y te sentís rodeado de una oscura y pesada niebla; sin saber hacia dónde dirigirse.
En mi experiencia particular, haber nacido en Chubut y mudarme a Buenos Aires al salir del secundario, me llevó a perseguir mis estudios de cine en dos instituciones diferentes. Estudié en la UNLP, y recientemente me gradué de ENERC. Ambas instituciones me han sido valiosas en distintos aspectos; sin embargo, me parece que el común denominador es el valor del acto de crear, producir; darle vida a algo.
En el día que escribo esto, sábado 05 de abril, en el marco del BAFICI asistí a una charla sobre diseño audiovisual, en la que 5 personas (con un muy fuerte talento para la palabra) expusieron distintos puntos profundamente inspiradores al respecto. Yo, me sentía cada vez más y más como un simio. “Jamás voy a llegar a contar con siquiera un ápice de la capacidad de la palabra, o de reflexión que tienen estas personas” pensaba para mí mismo. Y al mismo tiempo, pensé en lo que estaba pensando; en esa opinión claramente despectiva sobre mí mismo y mis capacidades. Al final del día, uno es su propio enemigo.
Sin embargo, menciono la exposición para incorporar lo más inspirador que me llevo de esa charla; el concepto de “darle cuerpo a lo inexistente”. Nuevamente, el valor que tiene el acto de crear. Esta idea resonó mucho en mi cabeza en este último tiempo, y lo veo resonando también en otros espacios comunes de la incesantemente atacada industria audiovisual que tenemos hoy por hoy. Usándome como “conejito de indias”, encuentro que a veces lo más fructífero es apagar la cabeza y ponerse en acción. Con lo que sea; por más chiquito que parezca el movimiento, es un granito de arena que con el pasar del tiempo se convierte en parte de la construcción de algo más grande.
Hay muchas teorías al respecto, y humildemente adhiero a la de que lo mejor que podemos hacer para cuidar nuestro cine es hacer lo que esté al alcance; avanzar en escritura, en planificación, en engrandecer la red de contactos. Pensar en crear. Al final, después de una guerra, lo único que permanece es lo que creamos; aunque sea algunas partes. Crear es nuestra manera de luchar contra el tiempo y el estado actual de las cosas. #RompiendoMoldes


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