Hoy quiero hablar de la serie que, sin dudas, dominó marzo y sigue dando de qué hablar. Y es que hasta el Primer Ministro británico ha comentado sobre la misma. Si, me refiero a 'Adolescence', y quise esperar un tiempo prudente para escribir sobre esta.

Se nos presenta una miniserie impactante, que se sumerge en un drama criminal, investigativo y familiar, explorando cómo un suceso afecta a todos los involucrados. Cada capítulo grabado en un solo plano secuencia la hace aún más impresionante, destacando un dinamismo situacional que aborda, en los momentos adecuados, a cada personaje.

Posee una gran actuación de Stephen Graham, aunque el formato de la serie limita un poco su desempeño. Sin embargo, Owen Cooper destaca gracias a la naturaleza de la producción. Si a esto sumamos el hecho de que es su debut actoral, y que el sorprendente capítulo tres fue la primera vez que estuvo frente a una cámara, quedamos sin palabras.

Su actuación es tan buena, que nos convence en el primer capítulo de que no cometió el crímen, hasta que el final revela lo contrario. Se presenta tan vulnerable, tan inocente, todo lo contrario de su variable emocionalmente presencia en el tercero. Su trastorno se ha apoderado de él.

Esta historia toca distintos temas, como la mala crianza, las masculinidades tóxicas, el bullying, acoso cibernético, violencia en distintas formas y, quizás, un trastorno radical, logrando un final bastante desgarrador. Esto en resumen, sin spoilers, de forma más general, para entender el contexto de la trama.

'Adolescence' es brillante por la forma en la que está construída y filmada, por la profundidad de sus temas y personajes, por sumergir a la audiencia en lo que está sucediendo en la serie; pero también es escalofriante porque no es ficción, puede perfectamente suceder y, de hecho, ha sucedido y está sucediendo.

Por algo Keir Starmer se refirió a esta como un "documental". Y es que es fortísima, sobretodo para los padres, que pueden verse reflejados en las diferentes situaciones que atraviesan los personajes en la serie. El formato de la misma es un plus a esto, ya que se siente como si estuvieras ahí, siendo parte de la misma.

Además, deja varias enseñanzas, como el hecho de que estas cosas pueden ocurrir, y los padres siempre deben estar pendientes de sus hijos, de los amigos de estos, y no dejarles entrar al mundo de las redes sociales tan jóvenes y vulnerables. Prepararlos, acompañarlos.

Y es que es otro mundo, es algo que, si no sabes cómo manejar, te devora. Al igual que las malas influencias, esos amigos que hacen ver el mal obrar como algo lógico. Ese amigo que puede llegar a ser colaborador necesario o cómplice de alguna actividad ilegal.

En este sentido, también está el prestarle atención a los hijos, y sus modos, distintos a los de los padres. En esta serie, hasta los policías quedan en ridículo, al no saber cómo se expresan los jóvenes en redes sociales. Punto importante.

Pero la responsabilidad no recae únicamente en los padres, y eso se nota en el altamente caótico segundo capítulo, desarrollado en el colegio. Acá, el bullying y la violencia son pan de cada día, los profesores no hacen nada para combatirlo. Es hasta desesperante, tocaron otro tema clave.

Esta serie es de las que hay que ver, por ser tan buena y tan real, por ser un ensayo de diversas conductas y respuestas humanas. En eso, y en excelentes elementos narrativos y visuales, está la clave de su éxito. Creo que la historia debería quedar así, no ser ampliada y, posiblemente, desvirtuada en una segunda temporada. Fácilmente de lo mejor del año. 9/10 merecido.





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