
Todos damos por sentado que cuando vamos a ver una película, esperamos inevitablemente lo mejor de ella. Así sea una épica de ciencia ficción, un drama sencillo o una comedia desopilante, en cada nueva ocasión terminamos arrancando una nueva relación con una obra ya sea cuando le damos play desde nuestro sillón o cuando nos sentamos en la butaca de una sala de cine. Ese mutuo entendimiento puede resultar de lo más maravilloso, concluyendo en charlas eternas y debatiendo años después sobre aquello que tanto nos deslumbró, pero también puede pasar al revés. Podemos enterrar para siempre en nuestro olvido una obra de la cual esperábamos algo que, paradójicamente, no nos dio. La expectativa se transforma en desilusión, tal como sucede en las relaciones románticas.
Pero poco se piensa en la odisea (casi) interminable que conlleva el hecho de hacer una película. Como entusiasta de la crítica y el análisis, pero también como un aspirante a cineasta he tenido la oportunidad de participar en algunos rodajes, y el caos que se maneja puede resultar insufrible para algunos. Entonces me pregunto - y también les pregunto - ¿como espectadores debemos adquirir este conocimiento para comenzar a apreciar más el cine como tal, o debemos hacerle caso a lo que nuestro corazón nos diga sin pensar en este proceso artístico? ¿En quién recae la responsabilidad de haber hecho una “mala película”? Pero ¿qué es una mala película? ¿quién lo decide?
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Para la mayoría de las personas que conozco, la segunda entrada en el "multiverso de la identidad" de Duke Johnson - tras plantar su primer gran semilla plantada con Anomalisa en el año 2015 -, puede resultar ser uno de los bodrios más grandes de la historia del cine. Podría haber resultado para mi yo de veinte años, y es totalmente entendible. Pero ya no tengo esa edad, no soy la misma persona, aunque sí trato de no perder parte de mi esencia curiosa e infante. Pero ya no soy un infante, no puedo basar mi presente crítico en lo que fui. Sí, la nostalgia es hermosa, pero también puede ser muy destructiva. Algo similar le sucede a Paul Cole (Andre Holland), el protagonista de ‘El Actor’, el título en cuestión. Basada en la novela “Memoria” de Donald E. Westlake, esta enigmática adaptación divaga entre el contar una historia y el cómo la cuenta. Es un acto de suma rebeldía y valentía a su vez que pudo haber sido inspirada por títulos como Mulholland Drive o el caso más evidente, Synecdoche, New York.

En ella la vida es un escenario, visual y narrativamente. Puede ser un hermoso sueño, pero también una pesadilla. Pero si hay algo de lo que no me quepa duda alguna es de que todos tenemos nuestro rol en esta obra. Una rutina sin guiones. Una improvisación. Moldeamos nuestra manera de ser, nuestras costumbres y nuestros placeres en base a un ideal al que nos aferramos constantemente, sin importar qué. De esa génesis fantasiosa vienen la decepción, las frustraciones y todo tipo de emoción negativa. ¿Pero qué sucede cuando no podemos tejer siquiera un hilo de nuestra propia existencia? Así es como nuestro perdido Paul: una marioneta dentro de su propia historia. En los primeros segundos de este viaje existencialista el acartonado fondo pintado con edificios neoyorkinos se funde con una escena que parece calcada de algunos inolvidables clásicos noir de los años 50s: un hombre entra junto a una mujer a una habitación de hotel acalorados por una pasión desenfrenada. Otro hombre al que no le podemos ver el rostro y que parece ser el esposo de la mujer, patea la puerta, entra a la habitación y mientras el amante se prepara para dejar la escena le parte una silla en el cuerpo. Una voz en off narra los acontecimientos venideros…
“Esta noche, en 'Un Corazón Silencioso', Paul Cole estar despertará en un mundo en el que nada parece lo que es. Un mundo en el que todos conocen sus líneas y lo único que es real es el hogar.”
Este mensaje meta narrativo propuesto por Johnson nos indica que estamos ante una obra en forma de mamushka. ¿De qué va su película? ¿acaso es una película, o es una película dentro de una película que intenta decirnos que nuestros ojos están presenciando una película? Paul despierta en la habitación de un hospital diagnosticado con amnesia, pero nada cuadra. Todos le dicen que es un actor, pero él no se siente como uno. Ya no está en Nueva York, ahora está en envuelto en la neblina y soledad de Jeffords, una remota ciudad en Ohio. Allí trabaja en una curtiduría y se asienta en una habitación rentada a una adorable viuda. Conoce a Edna (Gemma Chan), una misteriosa y solitaria mujer con la que rápidamente conecta, ¿pero es esta su historia o es una que construye en la cabeza? Lamentablemente ‘El Actor’ es una enorme suma de brillantes ideas que se terminan desgastando hasta su anticlímax.

Al contrario de la representación "fregoliana" propuesta por Johnson (junto a Kaufman) en aquella gran película en clave stop-motion, en ‘El Actor’ todo se narra con dualidad. Desde los roles múltiples, pasando por la puesta en escena “lyncheana” hasta la psicología fragmentada de su protagonista, la historia se enfoca en contarnos el proceso (sobre todo) emocional que conlleva el no conocerse del todo a uno mismo. Paul recuerda su nombre, pero no sabe quién es. Pero ¿no es algo que nos preguntamos cada tanto? El enigma inicial se transforma en aceptación, la mente de Paul fija en su memoria únicamente a Edna con quien se relaciona como si el destino fuese el único responsable, y él anota su dirección en un papel como Leonard Shelby en Memento. Él necesita desesperadamente volver a su hogar en Nueva York, pero lentamente al volver le llega el terror. No se siente en casa.

La cinta no contiene resoluciones ni contesta preguntas fácilmente. Como todo laberinto psicológico, hace eco de su atractivo gracias a su premisa, que prometía cierta locura existencialista y nos enfría como lo hacen las heladas calles de Nueva York en Navidad. En el final, solo hace falta un pellizco en el brazo para darnos cuenta de que estamos en la realidad. O por lo menos, en la que nosotros creemos estar.
POR JERÓNIMO CASCO
Publicado el 15 de ABRIL del 2025 | 17.52 PM | UTC-GMT -3
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