Neo siempre fue un joven brillante, introvertido y marginado. En la escuela, era blanco constante de burlas, empujones y humillaciones por parte de tres chicos de la misma escuela: Jhon, Luke y Bob. Mientras el mundo lo rechazaba, él encontraba su refugio en un lugar inesperado: La Deepweb. Allí, en las capas más ocultas de internet, descubría un universo alterno, sin reglas sociales, donde su inteligencia era un valor, no un castigo.
En medio de ese aislamiento digital, conoció a Bastian y Evans, dos jóvenes igualmente apartados. La conexión entre ellos fue inmediata: compartían la misma pasión por el conocimiento, la misma sed de escape. Formaron una pequeña hermandad silenciosa que se fue dando de a poco y con cautela, hasta que la confianza se transformó en amistad. Pasaban horas navegando, compartiendo archivos secretos, explorando los límites del mundo digital y su propia mente. Eran invisibles para el resto, pero entre ellos, se sentían reales.
Un día, durante un descanso en clases, decidieron esconderse en un rincón olvidado del colegio para conectarse sin ser molestados, subiendo hasta ultimo piso. Buscaban solo un momento de calma. Pero la violencia, como siempre, los encontró. Jhon y sus amigos, buscando donde estar, también subieron hasta el ultimo, sacaron un balón y jugando cerca, notaron el cable de la laptop de Neo. En un acto cruel, lo patearon con fuerza. El portátil cayó al suelo mientras los agresores reían a carcajadas, Jhon tomó la laptop del suelo he intento lanzarla desde ese ultimo piso al vacío.
Ese fue el quiebre.
Neo y sus dos amigos, dominados por una rabia acumulada durante años, reaccionaron como nunca antes. Se lanzaron sobre los tres acosadores con una fuerza brutal, como si algo más profundo que el miedo los impulsara. Derribaron a los tres con una furia casi primitiva. Gritos, golpes, caos. Y luego, el momento definitivo: Neo sobre Jhon colocó un arma en su estómago, nadie sabia que él la tenia y menos que la colocara sobre Jhon.
—Por favor… no —suplicó el agresor, con expresión de terror y pánico en su rostro, convertido ahora en víctima.
Neo, temblando, cubrió sus propios ojos con una mano.
Y disparó.
Lo siguiente fue huida. Desesperada, instintiva. Cruzaron las calles, dejando atrás la escuela, la ciudad, todo. nadie los detuvo. Se adentraron en las montañas como animales heridos, decididos a no volver. No porque fueran cobardes, sino porque habían dejado de creer en ese mundo que los ignoró, los golpeó, los quebró.
Allí, entre árboles y frío, intentaron reconstruirse. Aprender a sobrevivir con lo mínimo. Ser dueños de sus vidas, aunque el costo fuera convertirse en prófugos.
Esa noche, mientras el fuego ardía y el silencio lo cubría todo, Neo- volvió a encender su laptop por ultima vez. No había conexión. No había red.
Pero no importaba.
Porque una nueva comenzaba a tomar forma: una red hecha de lealtad, ruptura y un grito que ya no podía ser silenciado.
Ya no no seria una red de datos, sino de convicción.


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