Aunque precedida de gran aceptación crítica, Lore llegó a las pantallas casi sin previo aviso y pasó mayormente desapercibida en las ciudades en las cuales se ha exhibido. Es una verdadera lástima, porque aparte de ser un filme excelente, toca un aspecto de la II Guerra Mundial ignorado y evitado.
Basada en la novela The Dark Room de Rachel Seiffert, la película toma su título de la abreviatura del nombre de su protagonista, Hannelore, interpretada con introspectiva intensidad por la debutante Saskia Rosendahl.
Presagiando una violencia constantemente acechante, cuya elusiva presencia siempre acompaña a la imagen pero sin dejarse ver, el filme comienza con los padres de Lore destruyendo apresuradamente papeles incriminatorios y matando al perro de la familia. El padre, un oficial de los SS nazis, sabiendo su captura inminente, se despide de su familia, con emoción contenida, sabiendo que nunca los volverá a ver. La madre, tras destruir libros y separar posesiones, le entrega a Lore joyas, juegos de cubiertos y baratijas, para que los cambie por comida y pueda subsistir, junto a su hermana menor, los aún menores mellizos y un hermano recién nacido, el viaje que le instruye hacer a casa de la abuela. Los niños deben arreglárselas para atravesar Alemania de sur a norte, desde la Selva Negra hasta Hamburgo, un recorrido de ochocientos kilómetros, en un país devastado por la guerra, ocupado por cuatro ejércitos invasores y cuyos medios de transporte han dejado de funcionar.
Pero Lore no sabe nada de esto. Educada en las Juventudes Hitlerianas no acaba de entender lo que pasa y su fanatismo inicial le impide admitir que Hitler ha muerto y que Alemania ha perdido la guerra. No tiene otra información que la propaganda recibida por tantos años. Su perfectamente lavado cerebro debe enfrentar una realidad que desconoce. Se lanza a su aventura con esa mezcla de temor y resolución que concede la ignorancia.
En su camino, los niños observan los estragos de la guerra y la desolación del paisaje. Escuchan rumores contradictorios acerca de quiénes son los culpables y las víctimas. Todavía reina la confusión y muchos se aferran a sus ya débiles creencias. A punto de ser atrapadas por un grupo de soldados americanos que les intercepta, son salvados por un misterioso joven un poco mayor que ellos, que se presenta ante los militares como hermano de los muchachos y muestra papeles que lo identifican como judío, acabado de salir de Auschwitz, a la vez que justifica la falta de papeles de los otros. Les dejan pasar a todos y muy a su pesar, continúan su camino juntos.
Lore desprecia al recién venido Thomas por su origen étnico, su educación la condiciona a odiar a todo el que sea judío, pero en este viaje de maduración, Lore se siente atraída sexualmente a él. A medida que descubre los impulsos sexuales de su cuerpo adolescente sufre emociones contradictorias y apenas puede reprimir alguna. Aquí, bajo circunstancias extremas, la lujuria se enfrenta al peso de la consciencia histórica.
Los niños desconfían de Thomas, ya que todos piensan que usa al bebé para obtener comida para si mismo y sobrevivir la marcha. Nadie sabe a dónde se dirige. Thomas es un ser muy ambiguo, capaz de actos de violencia extrema y de gestos de bondad inesperados. Se van quedando sin cosas que vender y los mayorcitos de la familia van entendiendo lo que pasa. Pero en esta peregrinación, en la cual todos parecen pero ninguno termina siendo lo que era, las sorpresas se multiplican con naturalidad. La única certeza es la admonición de Thomas de que hay que evitar a los rusos. Cuando finalmente cada cual toma su camino, Lore es casi una mujer y ha sufrido un despertar radical en sus creencias, actitudes y sentimientos. Hay giros que no adelantaré para no estropear las expectativas del lector. Hay un elemento muy importante en el filme, la directora narra la película manteniendo al espectador al mismo nivel de información de los personajes. Aparte del conocimiento que cada cual tenga de la Historia, la contextualización se da a medida que los hechos suceden. El miedo y la incertidumbre, el horror y la repulsión nos asaltan de la misma manera que lo hacen con los personajes



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