Sombras en la lluvia. 

—Era un día lluvioso como cualquier otro, me fije por la ventana y vi a aquella chica sencilla, como siempre.

—Pero esta vez, algo era diferente: sus lágrimas se mezclaban con la lluvia. Al girar la cabeza, casi me vio, pero su mirada estaba fija en alguien que la seguía rápidamente, navaja en mano.

—No dude; abrí la ventana y salté afuera. La fría brisa y las gotas de lluvia golpeaban mi rostro mientras corría lo más rápido que podía.

—Alcance al tipo y le di un puñetazo, dejandolo tirado contra la pared.

—Me acerque a ella, pero sus ojos estaban llenos de terror. Entre sollozos, me preguntó si estaba bien.

Al voltear, vi al tipo en el suelo.

—Un rastro de sangre manchaba el pavimento, y su navaja no estaba en su mano. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Había sido apuñalado por él en el momento de golpearlo.

—Me di cuenta de la gravedad cuando era demasiado tarde. Mi cuerpo tembloroso y frío por la lluvia cayó al suelo.

—Cuando finalmente recobré la conciencia y abrí los ojos, me encontré en el hospital, de vuelta en el lugar donde todo había comenzado. Aquella habitación donde la vi por primera vez: Rachel Green, una chica muy linda, de piel un poco pálida y labios algo resecos.

—A primera vista, parecía anémica, pero nunca me atreví a preguntar por qué estaba en ese lugar, ahora la historia había dado un giro inesperado.

—Rachel se acercaba a mí al verme despertar, con una mirada preocupada. Las autoridades detrás de la puerta de la habitación, junto a los doctores, me observaban con esos ojos que siempre me veían cuando venía a terapias por las artes marciales.

—Ho-hola, veo que al fin despiertas. Me había preocupado por ti; por un momento pensé que no estarías bien. Los doctores me dijeron que perdiste mucha sangre. ¿Por qué te abalanzaste así hacia ese tipo?

Apenas me conoces, no logro entenderte. Tú nombre es Nathan, ¿cierto?.

—Hola, Rachel. Sí, mi nombre es Nathan Black, un gusto.

—Mientras Rachel y yo nos mirábamos, el silencio de la habitación era interrumpido solo por el suave pitido de las máquinas y el murmullo de los doctores afuera. Mi mente estaba nublada, pero una cosa era clara: necesitaba entender más sobre lo que había sucedido.

—Rachel me miro fijamente, sus ojos aún reflejaban preocupación. Me esforcé por incorporarme en la cama, sintiendo el dolor punzante en mi costado.

—Rachel, ¿qué paso después? — pregunté, tratando de recordar los eventos que me llevaron aquí.

—Ella dudó un momento antes de hablar, como si revivir esos recuerdos fuera doloroso.

—Después de que te golpearon, llame a una ambulancia. Pensé que… Pensé que no sobrevivirías. —Su voz se quebró y bajó la mirada —. Ese tipo… Estaba buscándome. No sé por qué. Pero parecía desesperado.

—Intenté procesar sus palabras mientras un millón de preguntas inundaban mi mente. ¿Quién era ese tipo? ¿Por qué la seguía? Y, sobre todo, ¿qué conexión tenía yo con todo esto?

—Rachel, necesito entender. —Tomé su mano, intentando transmitirle algo de consuelo —. Por favor, dime todo lo que sepas.

—Ella asintió, y comenzó a contarme su historia. Su voz temblaba al principio, pero poco a poco fue ganando fuerza.

—Mientras la escuchaba, mis pensamientos volvían a aquel día lluvioso, y me di cuenta de que esto solo era el comienzo de algo más grande de lo que jamás hubiera imaginado.

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