Mi infancia se desarrollo en un pueblo de montaña, en el que estuve hasta los ocho años, luego mi padre me envió hacia la capital del departamento para que terminara de estudiar la primaria y luego el bachillerato. Mi pueblo en ese entonces era como cualquier pueblo de montaña con historias de espantos, fiestas alegres y lleno de colorido en la época de vacaciones estudiantiles. Ahora vamos a entrar en materia, las maravillosas historias de espantos que los campesinos dedicados a la agricultura relataban en las noches de luna y con un cielo nublado por lo que no se podía observar las estrellas, entonces daba inicio a sus lúgubres y maravillosos relatos, con voz tenue y delirante iniciaban con “la viuda”, esta historia correspondía a la misteriosa aparición de una señora, en los caminos aledaños a mi pueblo, la que se presentaba muy voluptuosa y alegre a los señores que tomaban en las cantinas hasta tarde en la noche y se dirigían a sus parcelas a los cuales se les insinuaba e invitaba a su compañía, por lo tanto este relato erizaba la piel, cuando contaban los sucesos acontecidos a muchos señores, como es el caso de uno a quien “la viuda” se lo cargo del medio de los compañeros que iban por el camino tomando y felices de regresar a la vereda, esta se lo llevo y lo dejo en medio de una matas de bambú o guaduas todo arañado y mordido, para lo que el relator manifestaba era por mujeriego, por consiguiente esto a quienes lo escuchábamos se nos quitaba el sueño y no salíamos a orinar al patio por terror a encontrarnos con alguien que no fuera familiar. Al siguiente día, nuevamente pedíamos a nuestro relator, bueno nuestro relator era mi abuelo, que nos contara otro de esos cuentos de terror, muy diligentemente se sentaba en una silla perezosa y nos hacia sentar en el suelo, ahora les contare sobre “el guando”, esta aparición terrorífica deambulaba en las noches oscuras por las montañas que rodean el caserío y en noches de luna llena, baja un ataúd rodeado de velas, lo cargan unos descabezados y se siente dentro de este el sonar de los huesos, las letanías y el triste llorar de los acompañantes, pero esto más que ser un horroroso espanto, era la manera de como transportaban el licor de contrabando de un departamento a otro sin ser perseguidos por las autoridades de los pueblos cercanos, entonces esta historia de terror era para evadir las rentas del licor y poder obtener mas ganancias, por tal motivo esto fue descubierto y ya no volvió a existir ”el guando". Lo mejor de las fiestas y la alegría de pasar las vacaciones era en julio y agosto donde se gozaba de un maravilloso verano, para salir a pescar y cocinar en las orillas de los ríos, en época de navidad los preparativos que realizaba mi madre como el dulce de leche, dulce de piña, dulce de guayaba y las rosquillas, esto conformaba el delicioso plato navideño, que se regalaba a los vecinos y familiares desde el inicio de la novena de aguinaldos hasta la noche de navidad. Ahora que decir de año nuevo y reyes, los maravillosos carnavales de blancos y negros donde se disfrutaba de toda una gama de disfraces. Hoy todo es diferente, mi pueblo cambio y solo se ve es al narco petulante y agrandado mostrando todos sus carros y caballos, demostrando el poder que ha adquirido a base de la producción de coca, mi pueblo ya no es el de antes, todo se volvió terror y penumbra.
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