La vie en rose (La Môme al inicio)// La vida en rosa . Año 2007 Spoilers

La vida rosa (La Môme al inicio), de Olivier Dahan, realizada en 2007, es como un diario de la vida de Édith Piaf, una voz muy famosa de Francia. Con Marion Cotillard actuando de manera que nos llega, la obra nos revela a la cantante como era realmente, sus emociones y su lado humano. La obra tiene una manera de evidenciar los sentimientos del personaje, enseñando sus cambios de humor: desde que era pobre y sola de niña, hasta ser famosa en todo el mundo, con penas, males y vicios.

El rol de Piaf era realmente un gran desafío, algo que Marion Cotillard aceptó sin dudar. Su cambio de imagen y sus sentimientos fueron tan fuertes que ganó el Óscar a la mejor actriz en 2008. Cotillard muestra el poder y a la vez lo delicada que era Piaf, su amor total por la música, su espíritu libre y su tristeza oculta.

Aunque la música es vital -con canciones espléndidas como “Non, je ne sorry rien”, “Hymne à l'amour” y “La vie en rose”-, el filme es más que música. También hace foco en lo duro que es ser famoso, estar solo, el cariño y pelear por vivir cuando sufres demasiado.

La vida de Édith Piaf es una laguna oscura y una suma de extravíos: su madre la abandona, su padre anda perdido, pierde a su hija siendo muy joven, y su gran amor muere en un viaje en avión. Todo esto la lleva a usar sustancias, que dañan su cuerpo y la siguen hasta el final de sus días. Mas allá de la tragedia, su música siempre suena fuerte; hasta estando en su peor momento, su voz sigue siendo única y su canto no enmudece.

“La vida en rosa” es un tributo de gran esmero a Édith Piaf. No solo festeja su arte, también honra su lado más humano. La cinta estremece, anima y deja algo eterno, como Piaf misma. Es prueba de cómo el arte vence el dolor y lo hace algo bello.

La película no es solo ver una obra convencional de la vida de alguien. Es como armar de nuevo los sentimientos de Édith Piaf, una estrella francesa casi de cuento, que va más allá de su vida y se vuelve símbolo de ganas, dolor y superar todo con arte. Olivier Dahan no quiere que entendamos a Piaf, sino que sintamos lo que sufrió. Por eso, la película la podemos ver, sentir, como una canción rota, donde lo que experimentamos importa más que el orden de los tiempos. Dahan tomó una ruta curiosa al mostrar la vida de Piaf en orden no lineal, lo cual tiene un motivo fuerte: mostrar cómo pensaba, sus recuerdos rotos, cómo sentía el pesado dolor de su alma. Los cambios de tiempo no son arbitrarios, sino una manera de vivir su vida como ella: con ratos de luz que llegan de golpe en la pena, y situaciones que jamás se olvidan. Esta forma también anima a la gente a intentarlo de verdad, como Piaf peleando para rehacerse durante su vida entera.

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El cuerpo de Piaf —donde Marion Cotillard vive genial— es un ring de lucha libre. La peste, las drogas duras, el cansancio se ven sin pena, como algo natural, como su lado más frágil y humano. La cámara de Dahan se queda cerca, y los gestos, los ojos, hablan desde dentro. Marion cambia tanto que olvidas el maquillaje: se mete en el papel como si estuviera dentro del cuerpo de la cantante.

El nombre primero, La Môme, alude al mote de Piaf ("la pequeña"), y el nombre global “La vida en rosa” evoca su tema más conocido o “famoso”, aunque también a un chiste cruel: la vida de Piaf no fue color de rosas. La flor muestra belleza y ser débil, así como el tener espinas. La rosa es Piaf: linda, pero fatal.

Su voz, en cambio, es su manera singular de decir "aquí estoy". No es raro que lo mejor de la cinta sean sus espectáculos cantando. Allí es donde Piaf se ve muy fuerte, el drama se va, y ella ya no es solo alguien sufriendo: es arte puro.

La muerte, que está en todos lados, se ve desde que somos pequeños. Cada cosa que perdemos (una hija o un amor) va haciendo nuestra forma de ser, marcada por lo que dejamos atrás. Pero la muerte no calla lo que somos. Al final, cuando canta "No me arrepiento de nada", ya no se nota que está débil: solo se ve su fuerza, sus ganas y todo lo que nos deja.

Desde muy pequeña la desgracia toco su puerta, encontrándose con muy pocas personas que la trataron con cariño. Sin siquiera una familia donde sentirse amparada. Sin nadie que pueda explicar lo que sucede, o el por qué. en esta obra se la audiencia se puede conectar con los sentimientos que emana la cantante. De una manera que la lleva a la persona a rememorar sus dolencias y acercarse de manera fehaciente a Edith. Esta infancia fue diferente a los de otros niños, un crecer de repente. Un alma rota que dio lugar a excesos que luego se convirtieron en dolores en su cuerpo, además de su alma.

Hoy, La vida en Rosa • Diario Democracia

Por qué me identifico con Edith Piaf, si bien no solo es un personaje de una película, es real, y Marion Cotillard, me llevo a relacionarme con la vida de la cantante al interpretarla con esa intensidad, lo cual produjo acercarme a todo lo que la cantante vivió: Me hizo pensar en mí vida, en la necesidad de decir lo que siento, tratando de hallar paz en el arte, a pesar del profundo dolor. No todos saben lo que es tener un corazón abierto sin miedo, aunque a veces duela. Pero ella lo sabía, y eso me cubrió de esperanzas. La pelea con el estar sola, me reencontró con mi propia soledad. Como si solo existiera ella, también llegue a pensar que solo yo estaba en el mundo; como si no hubiera nadie más. Como si mi madre, y su lucha constante por sobrevivir a pesar de su enfermedad me hubiera abandonado a propósito, quedando muy chica en esa soledad. Así como años después mi hermano muy joven murió una forma trágica y desesperante.
Edith Piaf era delicada, aunque siempre muy fuerte. Así es la imagen que mi persona suele proyectar. Una persona que, aunque esté cansada, busca lo bueno y sigue cantando, intentando. Tal como sigo escribiendo. Esta película cuenta como un ser tan sensible puede ser tan valiente.
Su forma de querer, sabiendo que se acabaría pronto, me toco hondo. Siempre entendí lo que es quedarse sin nadie a quien amar. No hay culpas, no hay victimas; solo lo que parecía eterno se dañaba. Esas heridas, como fantasmas, afloran cuando menos lo esperas. Como Edith, amaba con todo mi ser, y el vacío era inmenso cuando el amor se fue. Edith extravió cosas de niña, viviendo sin cariño ni apoyos, cada falta dejaba señal. Mi vida, como Piaf, tiene penas que aún duelen. Cada perdida se llevó algo de ella, así como de mí; dejando partes incompletas. Ver el filme de Edith Piaf, fue como verme en un raro sueño, ahí en su vida, en su pena, en sus dramas; así como en su forma tan loca de querer. La vida de Edith fue colmada la pérdida, eso lo conozco y llega con vigor al ver la película. Podemos sentir que la pena se quedó ahí, bien aferrada a su ser, sin querer irse nunca. Me identifique con esta cantante por estar tan cerca de sus vivencias y dolores. Creo que la audiencia puede entender y conectarse; como lo hice al divisarla. Edith Piaf siempre ansió superar y traspasar lo que el destino le había deparado.

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