El personaje con el que más me identifico es Slim Hiller, interpretado por Jennifer Lopez en la película Nunca Más  

Veo un paralelismo entre mi experiencia y la interpretación de Jennifer Lopez como Slim Hiller en Nunca Más en el sentido de haber necesitado proteger a mi hijo de una persona que experimentó un cambio significativo y preocupante. Después de que emigramos de Venezuela a Colombia debido a la bien entendida situación política, un antiguo colega de Caracas, a quien conocía desde hacía mucho tiempo y que inicialmente había sido una fuente de ayuda, exhibió un comportamiento drásticamente diferente, convirtiendo la protección de mi hijo pequeño en una preocupación primordial. El primer año en Bogotá fue extraordinariamente positivo; construimos un fuerte vínculo de unidad y apoyo mutuo, volviéndonos inseparables.

Nos fue bien a todos, generando admiración y afecto en quienes nos rodeaban. Sin embargo, tras la decisión de tener un hijo y la llegada de la pandemia, la situación comenzó a deteriorarse significativamente. Su afecto y pasión por nosotros parecieron desvanecerse, dando paso a un comportamiento violento y manipulador. Durante nuestras discusiones, intentaba controlarme utilizando a nuestro hijo, abrazándolo o cargándolo mientras me ofendía, lo que generaba en mí un profundo temor por su seguridad. En ocasiones, salía con él a la calle durante el confinamiento, buscando intimidarme para mantenerme sumisa. Sus salidas nocturnas con amigos se volvieron frecuentes, regresando con un comportamiento agresivo. Descubrí su infidelidad a través de su teléfono, que se había convertido en un registro constante de llamadas y fotografías inapropiadas, mientras yo permanecía aislada en un país con fronteras cerradas.Su comportamiento violento se intensificó, desarrollando celos infundados y acusándome de engañarlo mientras él buscaba trabajo tras el cierre de su anterior empleo por la pandemia.

Jennifer Lopez

Exigía relaciones sexuales frecuentes al regresar de la calle, después de estar con otras personas, creo que lo hacia con la maldad o morbo de hundirme . La situación escaló hasta la agresión física, y durante dos años viví un infierno protegiendo a mi hijo de él. Cuando conseguí un trabajo remoto, su actitud empeoró. Se iba a trabajar como repartidor y me dejaba a cargo del niño mientras yo atendía llamadas en inglés para una compañía de servicios eléctricos de EE. UU. y Canadá. Al recibir mi primer sueldo de tres millones de pesos, en lugar de alegrarse, su comportamiento se tornó aún más hostil y sus ausencias del hogar se hicieron más frecuentes.

Recuerdo haber visto la película Nunca Más, que a pesar de tener una trama con potencial para ser galardonada, carecía de un guion sólido. Sin embargo, me sentí reflejada en la preocupación de la protagonista por su hija al presenciar el maltrato, las injusticias y las mujeres que aparecían en la vida de su agresor. Sus amigos estaban al tanto de la situación y me observaban con burla, mientras que mis amigos de España y una amiga que se encontraba en Bogotá me brindaron el apoyo necesario para escapar de él. Tal como sucede con Jennifer en la película, me prestaron dinero, ya que cada vez que recibía mi salario, él encontraba una excusa para quitármelo, dejándome sin recursos. Gastaba en mercados excesivos y en supuestos pagos de arriendo que no existían, todo para evitar que yo pudiera irme.

El día en que recibí mi sueldo más las comisiones, vi mi oportunidad. Mi amigo de España me prestó el resto del dinero necesario, y mi amiga de Bogotá me acompañó a tomar un autobús que me dejó en la frontera de Cúcuta. Fue un día en que él no se quedó en casa, supongo que estaría en casa de alguna de sus amantes. Recogí todas mis pertenencias, los documentos de mis hijos y los míos, nuestros pasaportes, y me marché. Lloré durante todo el camino. Apagué el teléfono. Fueron dos días de un viaje interminable, lidiando con alcabalas, viajando desde Cúcuta hasta Caracas con mi bebé de dos años.

Pensaba que esa misma escena que vi hace algunas noches en la sala de mi apartamento en Bogotá me inspiró a dar un giro de 180 grados, donde no había vuelta atrás. Temía que me acusara de secuestro, pero cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde: había llegado a Caracas, aterricé en casa de mis padres ocultando la verdad, solo dije que nos habíamos separado y comencé mi vida sin él. Él llegó a Caracas semanas después, me dejó algo de dinero y se fue a España con una de sus amantes. Se casó allí y formaron una familia. Mientras tanto, mi hijo y yo quedamos seguros en casa de mis padres.

Fue una decisión donde tomé el valor de Jennifer en la película para irme, dejarlo todo, arriesgando incluso nuestras vidas para escapar de un abusador. Me hubiera gustado un final más heroico como el de ella, una paliza brutal para que entendiera que eso NUNCA MÁS lo haría, pero en los pocos enfrentamientos que tuvimos, recordaba que no era tan ágil como Slim, pero sí tenía el valor que ella demostraba. Fue un papel muy duro que marcó mi vida. Jennifer Lopez no es mi actriz favorita, pero me ayudó en una situación que no le deseo a nadie.

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