Tres amigas (titulada originalmente como Trois amies), el film francés dirigido por Emmanuel Mouret, compitió en la Sección Oficial de Venecia y se proyectó en la edición 2025 del Festival de Cine Francés en Argentina.
En esta comedia de enredos románticos con algunos toques dramáticos, Mouret explora la vida de tres amigas (Joan, Alice y Rebecca), mujeres de treinta que viven en Lyon. Joan y Alice son profesoras en un mismo colegio y Rebecca trabaja en una galería de arte.
El punto de partida de la película sucede cuando Joan le confiesa a Alice que ya no está enamorada de Victor, su pareja con la que vive y tiene una hija. Alice le responde que ella tampoco está enamorada de su pareja, Eric, pero le resta importancia. Lo que no sabe Alice, y tampoco se enterará a lo largo de toda la película, es que Eric mantiene un romance a escondidas con su mejor amiga Rebecca.

En la línea temporal de Tres amigas, hay un momento específico que dispara una especie de efecto dominó que repercutirá en todas las parejas y es cuando Joan le confiesa a Victor que ya no está enamorada de él. En principio él le propone dormir unos meses separados, pero luego de tres meses, ella decide ponerle fin a la relación. La reacción de Victor ante la noticia es totalmente inesperada, principalmente porque es el personaje que le da vida a la voz en off que acompaña el relato de la película. Victor se embriaga y tiene un accidente automovilístico que pone fin a su vida, pero aun así, el director decide dejar su voz para acompañar el relato, e incluso recuperar su imagen, que aparece en forma de presencia onírica durante algunos momentos específicos del film.
A partir de la muerte de Victor, se abre una nueva etapa de la película, donde Joan conoce y afianza su relación con Thomas, el profesor que reemplaza a Victor y que se muda a su mismo edificio. Thomas tiene una hija de la misma edad que la hija de Joan y rápidamente las niñas se vuelven muy amigas, por lo que su vínculo con el nuevo vecino también crece. En un día que van a pasar los cuatro a un campo, Thomas intenta besarla y Joan le confiesa que aún no está preparada para entablar otra relación.

Mientras tanto, el affaire entre Rebecca y Eric sigue creciendo bajo la promesa de que él va a dejar a su esposa Alice, cosa que siempre termina posponiendo por algún motivo. De cualquier manera, Rebecca está enamorada y mantiene su esperanza de que puedan vivir su amor libremente. Al mismo tiempo, Alice comienza a vincularse con un artista, primero vía mensajería y luego viaja a conocerlo. No se le ocurre mejor idea que pedirle a Rebecca que la cubra en su infidelidad y ella termina confesándole a Eric que su esposa, al igual que él, también está teniendo un affaire.
En el imaginario de Rebecca, esta confesión tendería a agilizar el proceso de separación de la pareja, pero sucede más bien todo lo contrario. Cuando Eric se entera de que su esposa le está siendo infiel, Alice también se entera de la infidelidad de su esposo (aunque nunca relaciona que la amante puede ser su mejor amiga). Esto hace que los personajes, lejos de alejarse, se terminen acercando. De alguna manera, ante la posibilidad evidente y concreta de perder a su pareja, vuelven a enamorarse. Esto no es una buena noticia para Rebecca, que decide terminar la relación con Eric y en un acto desesperado viaja a buscar al artista con el que Alice estaba teniendo una aventura. Él no está interesado en Rebecca, así que le deja pasar la noche en su casa pero la echa a primera hora de la mañana pidiéndole que le entregue una carta a su amiga.
Aun así, el destino de Rebecca toma un giro inesperado cuando asiste a una entrevista de trabajo y el entrevistador es un hombre con el que había conectado en una aplicación de citas, pero que entonces no le había gustado por su apariencia física. Rebecca tiene la cita laboral, no queda en el trabajo, pero empieza a salir con este hombre, con el que por fin puede tener una relación que no se desarrolla en las sombras.

Joan, luego de rechazar a Thomas, se enamora súbitamente de un amigo de Thomas que acaba de llegar a la ciudad. Después de pasar una apasionada noche juntos, el amigo deja de responder los mensajes. Ella asume que esto es a causa de la amistad con Thomas, pero él le termina confesando que su silencio no tiene que ver con el amigo, sino que no siente lo mismo por ella.
En una fiesta en la que se reúnen las tres amigas y sus allegados, Joan decide que de una vez por todas va a darle una oportunidad a Thomas. Pero en el momento en el que está por acercarse a él, un hombre aparece y le ofrece sentarse juntos, por lo que entendemos que el amor con Thomas tampoco se encauzará esta vez.
Tres amigas habla de amor, de desamor, de encuentros y desencuentros. Y todo lo hace desde un guión ingenioso, fluido, orgánico, agridulce, en el que no resulta necesario una gran puesta en escena ni movimientos de cámara ni grandes conflictos narrativos. Más bien el director, con cierta reminiscencia a Woody Allen y Eric Rohmer, se apoya en la simpleza de las historias, en lo atractivo que resulta siempre para el espectador poner en pantalla la complejidad de los vínculos.



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