Cate Blanchett ha dado la mejor interpretación, en general, de la década en Tar. Sin embargo, no es su único rol alabado por la crítica. Elizabeth, I’m Not There, Blue Jasmine… son algunos de los papeles que demuestran que, a medida que envejece, el nivel de actuación de Blanchett es como el buen vino.
Creo firmemente que la actuación de Cate Blanchett en Tar (2024) es la mejor interpretación, hasta el momento, de la década. No hay alguna que se asome siquiera. Desde la primera escena en donde se ve a Lydia Tar esperando ser anunciada en una entrevista, se intuye el carácter metódico, obsesivo, perfeccionista y profundamente artístico de este personaje que, aun con sus matices, nos genera empatía. El lenguaje actoral, en este caso, no se limita a la enunciación de las frases, sino incluye la gestualidad del rostro, la expresión corporal y el ambiente que crea el personaje en la producción. Cate Blanchett en Tar dirige el ritmo de la película como si dirigiera la Orquesta Filarmónica de Berlín.

Es de suponer entonces que este escrito hablará sobre la trayectoria —nada despreciable— de Cate Blanchett y el refinamiento de su técnica como actriz. Sin embargo, hablar del gran currículum performático de la australiana es hacer mención también de los momentos donde sus actuaciones fueron poco valoradas por Hollywood, y le negaron en más de una ocasión el Oscar que entonces se merecía.
La toma del trono y la conquista del poder: Elizabeth I
Había actuado ya en algunos papeles menores o películas de poco presupuesto hasta que protagonizó Elizabeth (1998), un drama histórico que cuenta la historia de ascensión y permanencia en el trono de Elizabeth I. Con este papel, Cate Blanchett ganó la atención mediática y reconocimientos como el BAFTA y el Golden Globe. En el filme personifica dos etapas de Elizabeth I: una joven princesa, ingenua y despreocupada que asciende al poder tras la muerte de su hermana, y, una vez Reina de Inglaterra, debe mostrar su autoridad tras ser víctima de algunos complots mortales.

Aquí da muestras de su versatilidad: es creíble siendo ingenua y mucho más siendo una Reina que defiende su país y religión de los católicos. Su performance muestra sus primeros grandes rasgos como actriz: aún siendo joven, presenta complejidad emocional —paranoia, presión, vulnerabilidad, autoridad— muy mesurada y casi desapercibida. Además de tener una presencia cautivadora y magnética que fue, a decir verdad, la razón por la que la película funcionó. Y a pesar de ello, perdió el Oscar ante la actuación promedio de Gwyneth Paltrow, que muchos consideran incluso ahora como uno de los mayores robos de la historia de los Oscars. Por suerte, aún tuvimos Cate por largo rato.
La Reina de Hollywood y musa de Scorsese: Katharine Hepburn
Tras el gran salto a la fama que significó Elizabeth, Cate tuvo mayor actividad artística: aceptaba papeles menores y sin créditos (¿sabían que ella hizo voz en off en la última película de Kubrick?), coprotagónicos (The Talented, Mr. Ripley), e incluso formó parte de la saga de The Lord of the Rings. Sin embargo la gran propuesta vendría de Martin Scorsese.

En The Aviator (2004) encarna a la legendaria actriz Katharine Hepburn, quien fue otrora novia de Howard Hughes. Aunque muchos creían que la decisión de llamar a Cate Blanchett para interpretar a la cuatro veces ganadora del Oscar era un error, la australiana sorprendió, especialmente a sus detractores. La principal observación que se encontró a su casting fue que ella no se parecía a Katharine, sin embargo, cuando la personificó con brillante astucia, la apariencia física fue lo de menos. Los manierismos, la esencia libre e indomable, el carácter misterioso, la profundidad emocional y la voz de Hepburn resonaron en Blanchett como si de una reencarnación se tratara. No recurrió a la simple imitación, que habría sido un deshonor hacia la icónica actriz del Hollywood de Oro, sino supo estudiarla hasta ser ella, y convencerse —sobre todo convencernos— que las diferencias desaparecen cuando la precisión y la perfección toman un rol principal en el arte.
Hasta entonces, nada superaría a su Katharine Hepburn… por ahora.
¿Empatizar con una profesora depredadora?: Sheba Hart
Sheba Hart es un personaje difícil de comprender, y aún así sentimos lástima por su encarcelamiento. Dos años después de ganar el Oscar por The aviator, Cate Blanchett interpreta a una profesora de preparatoria que tiene una relación ilícita secreta con su alumno de 15 años. Así, Notes on a scandal (2006) le da su primer personaje controvertible.

Shea Hart es la muestra de la expertis actoral rescatada de sus dos grandes antecesores: tiene la sutileza y complejidad emocional de Elizabeth, y la intensidad y fuerza de Katharine. No solo hablamos de un personaje vulnerable, producto de los chantajes que le hace su colega Barbara Covett (Judi Dench), sino también de alguien con conflictos internos: lo correcto moralmente contra sus deseos e impulsos. Shea es frágil, algo muy diferente a lo que había hecho Blanchett antes. Esta característica de Hart como personaje hace que Cate, quien conoce su magnetismo, regule esta capacidad al punto de realmente parecer manipulable, débil, ambigua, dependiente y desesperada ante una también magnética Judy Dench. Esta química fue la razón del éxito e impacto del filme.
Entonces… ¿Shea Hart fue su momento culminante? Probablemente.
El cantante que ganó el Nobel: Bob Dylan (o uno de ellos)
La mejor interpretación de Bob Dylan no es la de Timothée Chalamet. Es la de Cate Blanchett. Tras haber sido la Reina de Inglaterra, la Diosa de Hollywood y una maestra pederasta, la australiana se aventura a ser el trovador americano y la Reina Elizabeth I… por segunda vez. Respecto a su rol en Elizabeth: The golden age (2007), se reafirmó la conexión que tuvo en la primera entrega, además de mostrar una madurez y autoridad establecidas como actriz que interpreta a una monarca. En I’m Not There (2007) lo cambió todo.

Con una performance eléctrica, se transformó física y actoralmente para ser el Bob Dylan andrógino de los ‘60. Nuevamente, Blanchett no recurre a la imitación, sino interpreta bajo su perspectiva femenina el espíritu rebelde, la inteligencia y el carácter ambiguo, la elusividad y el misterio, y la intelectualidad arrogante del Dylan de entonces. Además logra capturar la esencia de la época, junto al espíritu cambiante de la música, la cultura y la sociedad.
Fue en el 2008 cuando Cate logró algo increíble: fue la primera actriz en ser nominada al Oscar en dos ocasiones por un mismo papel; y además fue nominada a Actriz de Reparto. Esto valió el reconocimiento del gran crítico Roger Ebert, quien dijo «que Blanchett pudiera aparecer en el mismo Festival Internacional de Cine de Toronto interpretando a Elizabeth y a Bob Dylan, ambos espléndidamente, es una maravilla interpretativa».
La musa de la leyenda vetada: Jasmine French
La primera polémica de Cate Blanchett respecto al debate sobre separar al artista de su obra vino con Blue Jazmine (2013), donde trabajó bajo la dirección de Woody Allen, el cineasta acusado de abuso sexual por parte de Dylan Farrow, su hija adoptiva.
En aquel momento, algunos pocos medios cuestionaron la ética del casting. Sin embargo, debido a su actuación, muchas fueron pasadas desapercibidas.

Aclamada ampliamente y de manera unánime por la crítica, la performance de Blanchett se destacó por mostrar la angustia de Jasmine French a través de sus expresiones faciales y su lenguaje corporal, además de explorar su complejidad psicológica y deterioro mental. Hizo que un personaje esencialmente desagradable sea humano: la resonancia emocional brillante, completa y fuerte hicieron de Jasmine un personaje comprendido.
Ganó el Oscar a Mejor Actriz al año siguiente, y es una de las actuaciones femeninas más alabadas por la crítica, casi de forma unánime. Blue Jasmine la consolidó como una de las mejores actrices —sino la mejor— de su generación, y la consideraron la mejor actuación de su carrera… hasta aquel momento.
La recuperación y la pérdida del poder: Carol Aird y Lydia Tar
Tras haber explorado las profundidades psicológicas de una socialité en ruinas, mostrar su androginidad siendo Bob Dylan, la australiana ahora ya dos veces ganadora del Oscar decide interpretar a una lesbiana… en dos ocasiones.
La primera de ellas es en Carol (2015), que está ambientada en el Nueva York de los ‘50, y cuenta la historia de Carol Aird, una mujer aristocrática, que tiene un affair con Therese, una vendedora de juguetería. La elegancia, porte, autoridad, aura de misterio y atisbos de una angustia interna y misterio fueron características suficientes para llamar a su performance “cautivadora”. Sumado a ello, Blanchett mostró una vulnerabilidad muy refinada y discreta que muestra su comprensión del personaje. Otro de los puntos, y quizá el más importante, fue la química que tuvo con Rooney Mara, su coprotagonista. Esta compatibilidad hizo que nosotros como espectadores podamos sentir, con cercanía, la profundidad de su relación. Cate nuevamente se supera, deleitándonos con una actuación conmovedora y cautivadora.

Y cuando se creía, inocentemente, que Blanchett había llegado a su punto cúspide, llega Tar (2022), su segundo encuentro con un protagónico sáfico y también el segundo respecto al debate de separar el arte del artista. En Tar se cuenta la historia de una obsesiva directora de orquesta, Lydia Tar, a quien se le acusa de ser responsable del suicidio de su otrora asistente.
Como se señaló al principio, desde la primera escena podemos intuir el carácter despótico de Lydia Tar. Esto refleja la inmersión y compromiso que tuvo Blanchett para su realización: todo lo que se ve en la película es profundo, metódico, complejo. No se habla únicamente de la precisión con que la construyó —aprendió a hablar alemán, dirigir una orquesta, lenguaje corporal y ensayos continuos de una escena en particular… todo en seis meses—, sino de que es capaz de transmitir esto: Lydia Tar no es un personaje cualquier u olvidable: es alguien que forja su ambición mediante su carácter obsesivo, y transmite sus luchas internas a través de las miradas y silencios. Con todos sus defectos, no deja de ser fascinante y atractiva de ver. Logra sumergirnos en un mundo completamente ambiguo que se encargó de construir con sus cuestionables dinámicas de ejercicio del poder. Aun con todas esas características, nada simpáticas valga decir, Lydia sigue siendo respetable: fortalece su carisma porque le da una particularidad contradictoria, y por consecuencia humana.
![TÁR - Official Trailer [HD] - In Select Theaters October 7](https://img.peliplat.com/api/resize/v1?imagePath=peliplat/article/20250503/146aec932b25854b26a9d99eced864f9.jpeg&source=s3-peliplat)
Esta hipnosis actoral fue ampliamente bien recibida, incluso muchos la consideran una de las mejores interpretaciones, tanto masculinas como femeninas, de la década. Sin embargo, nuevamente, eso no fue suficiente para darle el Oscar que perdió ante Michelle Yeoh.
A modo de conclusión, el perfeccionamiento de la técnica de Cate Blanchett como actriz se puede distinguir por diversos indicios. El más obvio: hacernos empatizar, comprender y defender (hasta cierto punto) a personajes cuestionables. A medida que ha pasado el tiempo, los roles que ha interpretado han sido más complejos, controversiales y, en ocasiones, más indefendibles. Con todo lo que constituye la actuación, Blanchett nos los ha vendido como humanos, y ha hecho que los veamos y apreciemos de esa forma, incluso a alguien como Lydia Tar. El otro indicio se ve mediante su magnetismo. La actriz se ha caracterizado por su presencia de autoridad ante la cámara y esa atracción visual que es el verla actuar. La memorabilidad de sus últimas actuaciones nos han hecho recordarla solo a ella por sobre sus coprotagonistas. Esto ocurre, creo, desde I’m Not There. ¿O acaso alguien recuerda que Christian Bale actuó en ese filme?

Hay muchas carreras largas de las que recordamos pocos personajes o actuaciones. Cate Blanchett será recordada porque, a pesar de la magistralidad y cátedra al momento de actuar, sus reconocimientos no siempre fueron justos.
Como el buen vino, Cate Blanchett, esperemos, siga envejeciendo con buen bouquet.



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