Digamos la verdad. Tom Hanks es un tipo querible.
O sea, hay actores y actrices (aunque hoy no me voy a dedicar a ellas) que despiertan amores y odios. Desde leyendas como Robert De Niro o Anthony Hopkins, a galanes que derriten pantallas como Brad Pitt o Jude Law; pasando por los eternamente lindos Kevin Costner, Daniel Craig o Antonio Banderas; y ni qué hablar de "nuevos íconos" como Timothée Chalamet o Eddie Redmayne.
Pero Tom Hanks no corresponde a ninguna de esas clasificaciones. O, tal vez, corresponda a todas ellas. Su forma de actuar y elegir papeles híper reales le ha dado un sello distinto: no es una leyenda, pero va camino a serlo; no es un ídolo lejano, más bien parece tu vecino de al lado.

Vuelvo al principio: Tom Hanks es un tipo querible. Mi viejo decía de él que tenía "cara de nada" pero que, por eso mismo, era un excelente actor: sabía imprimir a sus personajes autenticidad y realismo.
Muchos crecimos con sus películas. Terminamos la secundaria viéndolo enamorarse de una sirena o viajando a una lejana isla, y fuimos jóvenes cuando él era joven y componía una de las más recordadas parejas de comedias románticas junto a Meg Ryan.
Pero es ahora, cuando tiene 68 años de vida y 65 películas en su haber, que la profundidad de su carácter asoma en cada personaje convirtiéndolos en inolvidables.
Tom Hanks tiene pliegues en su paisaje interior y es lo que demuestra en cada rol que le toca componer para una nueva película. No importa si son productos comerciales o si, por el contrario, se trata de una obra de arte: su forma de construir personajes es siempre jugada e introspectiva.
Ganador de dos Oscars al Mejor Actor; cinco Globos de Oro, incluyendo el premio Cecil DeMille; dos Emmys por la miniserie Band of Brothers; además de tener un sinnúmero de nominaciones, es uno de los artistas más respetados de su generación.
Analicemos su obra
Es cierto que Tom Hanks nunca fue considerado un galán de Hollywood y, sin embargo, enamoró a millones de muchachas allá por los 90 con su Sam en Sintonía de Amor (Sleepless in Seattle) y su inolvidable Joe Fox de Tienes un email, su tercera colaboración genial con Meg Ryan con quien había comenzado filmando Joe contra el Volcán.

A esa altura, iniciando los años 90, Tom ya había participado en 13 films. Los más recordados: Despedida de soltero; Quisiera ser grande; El hombre con un zapato rojo; y Socios y sabuesos. Sin embargo, no fue hasta La Hoguera de las Vanidades -junto a Bruce Willis y Melanie Griffith- y Un equipo muy especial en la que encarnó a un entrenador de un equipo femenino de beisbol junto a Geena Davis y Madona, que su camino comenzó a transitar hacia el perfil que lo convirtió en un gran actor, guionista, productor y director del cine mundial.
Personalmente creo que su papel en Philadelphia, obra maestra de Jonathan Demme, fue un antes y un después en su carrera. Corría 1993 y el mundo aún temía al virus del SIDA que desde la muerte de Rock Hudson se había esparcido como un rumor temido y pegajoso. Hanks dio vida al abogado Andrew Beckett, quien es despedido de un gran buffet al enterarse de su homosexualidad y de su enfermedad. Ese rol, inspirado en la historia real de Geoffrey Bowers, le dio su primer Oscar como Mejor Actor en rol protagónico.
Apenas un año después llegaría su segundo Oscar por Forrest Gump, el film que también ganó el podio a Mejor Película; Mejor Director (Robert Zemeckis); Mejor guión adaptado; y Mejores efectos especiales así como Mejor montaje por el trabajo "histórico" realizado en torno a Forrest y su paso por el mundo.

Pero a esa altura, Hanks era el actor más taquillero del mundo y no tardó en ser parte de otro tanque cinematográfico como fue Salvando al Soldado Ryan multipremiada en los Globos de Oro y los Oscars.
Por supuesto que los niños de fin de siglo e inicios del XXI reconocerían donde quiera que fuera la voz de Woody de la saga Toy Story, obra del genial actor. Para ese momento ya había filmado también Apolo 13, The Wonders y llegaría The Green Mile.
En el 2000 le llegó el turno a Náufrago, donde tuvo una isla para él solo y compartió protagónico con Helen Hunt. El film pudo haber sido sólo un gran aviso publicitario de FedEx pero Hanks lo puso en la historia del cine de supervivencia con su Chuck Noland flaco, bronceado, eternamente enamorado y su "Wilsonnnnnn" que aún hoy nos resuena dentro cuando perdemos algo querido.
En estos 25 años, desde Náufrago hasta hoy, Tom Hanks fue el profesor Robert Langdon creado por Dan Brown para El Código Da Vinci, Inferno y Ángeles y Demonios. También un viajero sin país en La Terminal; un dibujo animado en The Polar Express; Charlie Wilson y Larry Crowne, en las películas que llevan esos nombres; y hasta fue Walt Disney en El sueño de Walt.
Punto aparte para el papel que lo llevó a encarnar a una de las víctimas del 11S en Tan fuerte, tan cerca que millones de personas vieron tanto en el cine como en streaming.
Hanks ha seguido moviéndose entre películas que, evidentemente, lo divierten: como Puente de espías; Un amigo extraordinario; Finch o el Peor vecino del mundo; con otras que siguen marcando su calidad actoral como The Post; Asteroid City; o Noticias del gran mundo. En esta última, su rol como el Capitán Kidd endurecido por los años y el hecho de ir de pueblo en pueblo leyendo el periódico a los habitantes, para así tenerlos al tanto de lo que pasa en el mundo, dejó un recuerdo imperecedero en el bolsillo de mi corazón.
Prefiero verlo a él, con su nariz graciosa y esos ojos que tanto dicen, antes que películas cargadas de músculos o estética visual. Prefiero ver el siguiente libreto que Tom elija para subirse a la gran pantalla, que cualquier almibarada comedia de esas que pueblan cines y televisión.
Creo que, con los años, pasó de ser ese personaje simpático y juvenil de Sintonía de Amor, a este actor de gran madurez emocional que elige qué personaje emprender y cuál no. Lo cual le da, a su actuación, profundidades recónditas y una gran riqueza de contenido.
Para el final les dejo una frase de Tom Hanks que sorprendió, poco tiempo atrás, al participar en un famoso programa de entrevistas en el que preguntaban a estrellas de cine qué le dirían a su yo de hace 40 años atrás. Tom respondió, ante la mirada admirada de Robert De Niro y Adam Sandler:
"A mi yo pasado le diría: ¿te sientes mal? ¿tienes un grave problema? Todo es pasajero. Todo esto pasará.
Pero también le diría: ¿hoy te sientes genial? ¿crees que estás en la cima? ¿crees que todo está perfecto? Pues... ESTO TAMBIÉN PASARÁ".




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