La última toma de "Sunset Boulevard', cumbre de un cine ido para siempre. 

Mr. DeMille, I'm Ready for My Close-Up.

Del Hollywood de la Era Dorada solo queda el recuerdo. Una memoria que aparece citada de cuando en cuando en alguna película reciente.

Pero la rememoranza del pasado no cosa nueva. La nostalgia es también una antigua conocida del cine. En la década de los setenta se añoraban los años cincuenta y en los años cincuenta se tenían muy presentes a los ‘locos veintes’. Es precisamente en este periodo, la primera década de posguerra, que Hollywood echa un primer vistazo al pasado, para ver y reconocer a los muertos y heridos que dejaron las crisis económicas, las guerras mundiales, el tránsito al cine silente, la censura y los prejuicios de todo calibre.

Entre los escombros destacaban muchas luminarias, una de las más atrayentes la eterna y célebre Gloria Swanson. Quien fuera una actriz incomparable, de mirada electrizante y personalidad arrolladora e inevitablemente polémica.

Fue un entonces apenas maduro Billy Wilder quien se atrevió a rescatarla del olvido para su personaje más memorable: la enigmática Norma Desmond, protagonista de Sunset Boulevard (1950).

Aunque propuesta a mucha otras actrices del periodo silente, sin duda el binomio Desmond-Swanson es insuperable. La actriz le aporta al personaje una esencia superior, un aire divino a la decadencia de su corporalidad. Y junto con ella, para sopesar su personalidad, aparece otra criatura cósmica: Eric von Stroheim, el hombre que sepultó para siempre la edad de cineastas autores en Hollywood con su enorme ‘Avaricia’ (1924). En la película es el a negado mayordomo y guardián de Desmond, un director de cine en el olvido, refugiado en el anonimato y la rutina.

Wilder se propuso contemplar los escombros del final de una era y rendir homenaje a la cultura cinematográfica estadounidense que lo atrajo en su juventud en Polonia. Y lo consigue con una película cuyo título es un emblema mismo en Hollywood. Sunset Boulevard es el nombre de sus calle más importantes, pero la aborda desde la periferie y no desde un lado turístico y soleado.

En esta historia de fantasmas conjurados por la ambición ajena, Norma Desmond tiene un último brillo que se confunde con redención. La chance de realizar su último protagónico es una ilusión, por tanto su motivación permanente e inalcanzable.

El desenlace de su historia es un descenso a la locura y configura una de las mejores escenas de la historia del cine. Rodeada por la inconsecuencia de sus acciones, atrapada por la ley y por la realidad, tiene un último suspiro de fantasía, su momento de gloria. Bajando suavemente por las escaleras, ante un gentío impaciente de su llegada, mira hacia la cámara y pronuncia su consigna: “Mr. DeMille, I'm Ready for My Close-Up”. Porque las verdaderas estrellas son inalcanzables, es verdad, pero es no evita que las podamos ver de cerca a través de la óptica adecuada, el lente de la cámara nos permite ese acercamiento, ese close-up hacia el último fulgor de una celebridad, y de una época sepultada en su propia añoranza.

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