Título internacional: La regla de Jenny Pen
Título original: The Rule of Jenny Pen
Año: 2024
País: Nueva Zelanda
Duración: 103 min.
Dirección: James Ashcroft
Guion: James Ashcroft, Eli Kent. Historia: Owen Marshall
Sinopsis: Stefan, un exjuez paralizado tras un derrame cerebral y recluido en una remota residencia de ancianos, descubre que Dave, otro residente, utiliza una marioneta infantil como instrumento para manipular y abusar de los demás internos. Atrapado en un cuerpo que ya no le responde, Stefan deberá encontrar la forma de detener a su sádico compañero antes de que las consecuencias sean irreversibles.
Al final, todos recibimos lo que merecemos.

La vejez, esa etapa temida.
O mejor dicho: las vejeces, porque hay muchas formas de vivirla, como bien se muestra en The Rule of Jenny Pen. Esta etapa que tantos temen puede venir acompañada de cambios profundos o pérdidas significativas: de la dignidad, del cuerpo, de la mente. Además, solemos pensar que las personas mayores son buenas, inocentes, incapaces de hacer cosas terribles. Pero, como alguien que ha trabajado varios años en el cuidado de ancianos, sé que no siempre es así. La vejez, en algunos casos, puede ser una etapa muy difícil, incluso cruel. A veces hay agresividad, maltrato, enojo. Todo esto está presente en la película, que lo muestra sin filtros.

En la película, nos encontramos con un anciano psicópata como protagonista, algo poco común en el cine. Dave, el personaje en cuestión, tiene una ventaja: ha trabajado dentro de la residencia. Conoce sus rutinas, las debilidades de los residentes y, sobre todo, la inoperancia del personal. Usa ese conocimiento para manipular el sistema y cometer los crímenes más perversos sin ser descubierto. Se mueve con libertad, atemoriza a otros residentes, deambula por la noche y cada vez va más lejos.
Algunos espectadores han cuestionado la verosimilitud del personaje: ¿cómo es posible que Dave actúe con tanta impunidad? ¿Por qué nadie lo detiene? ¿Cómo nadie lo denuncia? Puede parecer exagerado, pero estas situaciones suceden en la vida real. No es fácil denunciar, mucho menos salir del círculo del maltrato. En muchos casos, las personas mayores son tratadas con condescendencia, como si fueran niños, y cuando intentan contar lo que les sucede, no se les cree. Esto se refleja muy bien en el personaje de Stefan, quien no logra explicar con calma lo que está pasando y recurre a reacciones desesperadas, que el personal interpreta como delirios propios de la edad. Dave se aprovecha de eso con una frialdad aterradora.

Stefan, el juez, por su parte, ha vivido toda su vida ejerciendo justicia desde un estrado. Pero al ingresar a la residencia se enfrenta con una realidad que nadie parece notar: están desprotegidos. ¿Dónde están las cámaras? ¿Dónde está el personal vigilante? Yo misma presencié y escuché sobre situaciones similares. Ante la impunidad de Dave, Stefan decide hacer justicia por mano propia. Se niega a aceptar su nueva realidad, se muestra orgulloso y deja claro que no pertenece a ese lugar. Pero con el tiempo se da cuenta de que muchos de los residentes están solos, olvidados por sus familias. Es una realidad tristemente común.

Los diálogos de Stefan están cargados de ironía y revelan su intelecto, lo que a menudo descoloca a Dave. Me gustó cómo la película muestra sin eufemismos los aspectos más crudos de la vejez: la fragilidad, la pérdida del control físico y mental, los olvidos, los desvanecimientos. Todo eso se potencia con una puesta en escena que usa los encuadres para reforzar esa vulnerabilidad. En contraste, Dave no parece afectado por el paso del tiempo, lo que le da a su personaje un aire inquietante e inhumano. Sin embargo, también tiene un punto débil, y es ahí donde Stefan, junto con Tony, encuentra la forma de detenerlo.
Las escenas de abuso son duras, impactantes. Me afectaron profundamente. Ver a una persona mayor sometida, indefensa, sin que nadie intervenga, es de las cosas más aterradoras que se pueden mostrar… y lo peor es que no es ficción: esto sucede.
El nivel interpretativo realza enormemente la película. Rush y Lithgow están brillantes, enfrentados en un duelo de poder que encarna el eterno conflicto entre el bien y el mal. Ambos deben enfrentarse al “juego” de Jenny Pen. El juego de Dave.
La música, por momentos disonante y amenazante, recuerda a los thrillers psicológicos de los años 70. Aporta una tensión constante, sin caer en subrayados innecesarios. El director construye una obra sobria, incómoda, ambigua y cargada de simbolismo.

The Rule of Jenny Pen es un thriller psicológico inquietante, con elementos de terror sutil y un trasfondo social profundamente real. No necesita recurrir a lo explícito para provocar angustia: lo logra a través de la tensión, la impotencia y el reflejo crudo de una vejez solitaria y vulnerada. Las interpretaciones de Geoffrey Rush y John Lithgow son memorables, sostenidas por un guion afilado y una puesta en escena que no le teme a la incomodidad. Es una película chocante, pero también invita a reflexionar sobre aquello que muchos temen: el paso del tiempo, la pérdida de uno mismo y la posibilidad de quedar a merced del olvido o la violencia. Una obra tan necesaria como perturbadora.
Si la viste, dejame tus impresiones. Y si no, ¿qué estás esperando para verla?
Por Evelyn.
Saludos desde la oscuridad.
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