Daredevil Mas alla del Miedo, Un Hombre Realmente Ciego.  

1. El retiro del Diablo

Fue un día, al levantarse, cuando Matt Murdock no pudo ver, o al menos no de la forma convencional. Esto no lo tomó por sorpresa, pues desde hace tiempo sus sentidos aumentados iban perdiendo poder, y su radar fue disminuyendo progresivamente. Tal vez era la edad, aunque los oídos de Matt ahora eran como los de un chico en sus veintes, el resto de él se sentía como debía ser; como un hombre de mediana edad.

Los primeros días fueron duros, aunque después se adaptó fácil. Ya conocía cómo usar el bastón, distinguir todos los sonidos a su alrededor y, claro, debía preguntar más seguido y dejar que lo ayudaran, cosa a la que no estaba acostumbrado, pues antes podía caminar mejor que cualquier persona normal.

Lo más complejo fue dejar el traje; aún podía distinguir los gritos en las calles cuando caminaba, las patrullas en las noches y los noticiarios anunciando el aumento del crimen y, sobre todo, la desaparición de Daredevil.

Recordo la muerte de Electra, la desaparición de Foggy y el asesinato de Bullsey. ¿No le había dejado todo a Nueva York?¿No merecía un descanso? ¿Perder sus poderes era una señal de que debía dejar de luchar? Pero si todo aquello era cierto… ¿Por qué sentía tanta impotencia? Tal vez porque no se sentía culpable de desear dejarlo y cambiar de vida.

Con el tiempo, Matt entendió que realmente ya no podía hacer nada, que sentir impotencia no le serviría para apoyar a nadie y lentamente fue soltando al diablo y dedicando todo su tiempo a ayudar de la mejor forma que sabía.

No sabría decir si su carrera mejoró o si solo disfrutaba genuinamente su trabajo como abogado, pues todo el tiempo que dedicaba antes para ser un justiciero lo dedicaba para sus casos, y también para dormir.

2. La Justicia Ciega

Los superhéroes desaparecían, o al menos junto a los que él alguna vez había luchado; ahora se alzaban nuevos, más jóvenes. No fue un pensamiento sin bases; fue una tarde, mientras caminaba, que alguien se le acercó y suavemente lo detuvo del brazo con una mano enorme. Al saludarlo, reconoció la voz, gruesa y tosca, no del hombre que alguna vez fue Kingpin, sino la de un cansado Wilson Fisk, pero imponente y con la misma fortaleza.

Su saludo fue resentido, pero cortés. Al final terminó con una amenaza sarcástica, y ahí Matt entendió que era la amenaza de un hombre que ya no poseía el poder y liderazgo que en sus días de gloria. Los villanos también desaparecen, concluyó cuando siguió su camino después de aquel particular encuentro.

3. Un Rostro Inolvidable

Ella lo llamó; fue ella quien pasó por él a su apartamento y fue ella quien lo guio ese día, sin despegarse de su brazo. Cuando le contó por primera vez que ya no podía ser Daredevil, todo cambió; ya no tenía razón por la cual preocuparse y, al caminar en la calle, Karen Page estaba tranquila de que Matt no moriría esa noche ni la siguiente, y que si moría, sería la muerte de una persona normal, no la de un justiciero con superpoderes.

Matt recordaba su rostro de memoria, al igual que su cuerpo; desde esa noche en adelante, sabía que no lo olvidaría jamás.

4. Renacido… de Nuevo

Cuando el juez Matt Murdock terminó el juicio, los medios lo intervinieron a la entrada, con múltiples preguntas, la mayoría sin importancia, lo cual hizo que no contestara conscientemente. Él, como en todos los casos, al finalizar, solo quería ver a su familia, saber que estaban bien y que no estaban en riesgo.

Alzó a su hija y no la soltó hasta llegar a casa; haría lo mismo de siempre: cenar con su esposa e hija, mientras ella le leía los encabezados, que siempre eran divertidos, “La justicia es ciega”, “¿Veredictos a oscuras?” o “Perdió la vista, Gano la corte”. Mientras él reía a carcajadas, su hija lo imitaba sin entender qué le divertía a su padre.

Esa noche jugaron a las escondidas; Karen buscaba a la pequeña, y Matt la ayudaba si la escuchaba cerca. Cuando la oyó escabulléndose en la habitación, este la siguió. Había una respiración agitada que le indicó dónde estaba ella; igualmente, este fingió buscar bajo la cama, pero al final la sorprendió cuando abrió la puerta del armario. La reacción de la niña fue ignorarlo. En sus manos tenía una vieja máscara que alguna vez fue roja, ahora era opaca y estaba llena de polvo.

Al preguntarle de qué era, él solo respondió que era de un disfraz, y que tal vez algún día podría ser de ella.

No supo de dónde surgieron aquellas palabras, pero sin duda fueron de la esperanza. La esperanza de que en un futuro lejano, si su hija era abogada, doctora o lo que ella decidiera, tal vez y solo tal vez, pudiera hacer parte de esa nueva generación de héroes, con o sin poderes, de la que él alguna vez fue parte.

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