La oreja de David Lynch
She wore blue velvet
Bluer than velvet was the night
Softer than satin was the light
From the stars
Tony Bennett
Introducción
Desde las primeras imágenes de “Blue Velvet” (1986), intuimos que no será una película fácil, hay algunas señales de alerta; ese tono irónico, esa felicidad multicolor a punto de ser ultrajada. Es como uno de esos postres almibarados, de colores pastel, peligrosamente ambiguos. Es como la empalagosa balada de Bobby Vinton que da nombre a la cinta; de pronto la voz y los coros se derriten en sonidos chirriantes de insectos asquerosos, reptando en oscuridades subterráneas. Después de tragar ese bocado espiritual, transcurrido un lapso, unas horas o días, sentirás la ponzoña corrosiva disolviendo la apariencia de lo que te parecía conocido y confiable. La realidad no siempre es lo que aparece.

Blue Velvet (1986)
En las siguientes páginas intentaré mostrar el contenido simbólico alrededor de esa imagen icónica: la oreja encontrada. No abundaré demasiado en otros elementos constructivos, que igualmente resultan fundamentales en el lenguaje Lyncheano, como la atmósfera onírica, acentuada por el color, luz-sombra pulsando terrores inconscientes, la oposición y superposición de conceptos y sensaciones, sinestesia alucinante; además los personajes ambiguos, hipócritas, locos; en fin... la sutil violencia del arte que se atreve a mostrar lo que debería permanecer oculto.
Ear Scene | BLUE VELVET (1986) Movie CLIP HD
Viaje infernal.
La anécdota es sencilla: un adolescente anodino encuentra en el patio una oreja humana. La cámara, que es el ojo del observador se acerca entre la basura, briznas de pasto, viscosidades; desciende y enfoca la oreja enorme, pálida, infestada por las hormigas. Hallazgo surrealista que recuerda la mano mutilada roída por hormigas de Salvador Dalí. La película está ambientada en la década de los años sesenta del siglo XX, en un pueblito aséptico en EE. UU. (lo suponemos por los peinados y maquillaje de las hembras, los modelos de autos, la decoración y los muebles del departamento de la cantante masoquista) ... En aquellos tiempos la aparición de una oreja humana en el patio trasero era un escándalo. Hoy, año veinticinco del siglo XXI, ya es lugar común encontrar restos humanos en cualquier esquina, entre bolsas negras de basura coronadas por una aureola de moscas.

Hieronymus Bosch: Detalle de "Infierno", panel derecho de “El jardín de las delicias” (1500).
Nótese el par de orejas amputadas por el cuchillo y a la vez unidas por la flecha.
La imagen de la oreja mutilada, amputada, separada, escindida de un cuerpo que le era familiar, es reiterada a lo largo de la narración. Hay una transformación, un flujo de lo orgánico, organizado, vivo, que regresa a las fuerzas irracionales de lo natural. Es un signo que se puede interpretar como un llamado a la escucha. Hay que poner atención a los detalles. En las últimas escenas de Blue Velvet, hay un zoom out extremo; vemos planicies lustrosas, formas redondeadas, cavernas con pelos. Lentamente aparecen rasgos parciales que nos parecen conocidos; las orillas de una oreja, cabello, nariz, labios, una cabeza completa, hemos emergido de una oreja. Un ascenso. Un devenir inverso al que sufrimos al empezar esta cinta esotérica. ¿Estamos ante un viaje infernal Lyncheano... Entrada y salida del infierno a través de las puertas de una oreja? La cámara ha penetrado por la oreja muerta encontrada y ha surgido por la oreja viviente del héroe Jeffrey (Kyle MacLachlan).
Si quisiéramos expresar el tema de la película en una sola frase sería algo así: "La dualidad entre la superficie de inocencia y la corrupción subyacente en la sociedad y en el alma humana."
Aunque... después de reflexionar unos segundos, comprendemos que el cine de Lynch, no es tan simple como una “dualidad”, una oposición extrema entre conceptos como: bien-mal, belleza-fealdad, verdad-mentira... Encontramos, más bien, un flujo orgánico, un pulso inconsciente que conecta diversos órdenes sin calificarlos.
Así pues, reelaborando la frase, diríamos que el tema profundo de Blue Velvet, es: “Un viaje infernal para perder la inocencia, una des-ocultación que muestra lo incomunicable”
La oreja: fragmentación de los sentidos.
En esta cinta de David Lynch, aparece la oreja mutilada como un símbolo de orfandad y separación; trauma y fragmentación del ser. La aparición recurrente de esta imagen no solo funciona desde un nivel narrativo, sino que la oreja-signo se convierte en un síntoma de la dificultad para escuchar, comprender y confrontar la verdad oculta.
¿Cuál es la función simbólica de la oreja en la cultura?
Conviene empezar con la filmografía de Lynch. El artista emplea la oreja como símbolo en varias de sus obras, no solo en Blue Velvet, sino también en otras, como en Eraserhead (1977), donde el monstruoso bebé, con orejas dañadas o amputadas insinúa la alienación del mundo real; la aparición de lo siniestro en la esfera de lo cotidiano. El crío es horrible (todos lo son) y siempre está chillando y llorando; además se rumora que Lynch lo creó usando una cabeza de conejo pelada y sin orejas.

Eraserhead (1977) El bebé sin orejas
En Mulholland Drive, (2001) el sonido y la percepción se fragmentan, y aunque no hay una oreja explícita, la banda sonora y la distorsión sensorial evocan la misma idea. Un mundo donde los sentidos ya no son confiables; no se sabe si estás en un sueño o en una de tantas realidades. La mutilación, la pérdida de identidad, la amnesia, simbolizan una pérdida de la capacidad de escuchar, (o percibir) las variadas intensidades del tejido de eso que nombramos “realidad”.
En la misma sensibilidad encontramos a David Cronenberg, que en películas de Body Horror, como Videodrome (1983), usa imágenes corporales deformadas y mutilaciones para simbolizar el control y la infiltración de la tecnología en la percepción humana. La Aesthesis; los sentidos mutilados, insuficientes; permanecen al precio de transformar su función, extender su sentido, mezclar, alterar, desorganizar.
Veamos otros ejemplos en la historia del arte y cultura popular.

Autorretrato, Vicent Van Gogh
En esta famosa pintura de Vincent Van Gogh, el artista se autorretrata llevando un vendaje sobre la herida que aparece en el lugar donde solía estar una oreja. Todos conocen la sangrienta anécdota. La oreja, o la ausencia de oreja, en esta obra simboliza tanto el castigo, el dolor emocional, la desconexión con la realidad y el descenso a la locura, como el sacrificio de la auto castración. Además, hay un grupo español de balada pop, que adopta el nombre de “La Oreja de Van Gogh”.
El Mochaorejas
En el universo surrealista mexicano conocemos algunos personajes que fácilmente podrían entrar en una cinta de Lynch. Digamos, por ejemplo, La Mataviejitas, (Juana Barraza Samperio), multi asesina condenada a 759 años de prisión por el asesinato de 17 ancianas. También tuvo éxito en la lucha libre con el nombre artístico de “La Dama Del Silencio”.
Otra más: La Narcosatánica, (Sara Aldrete) Asesina en serie, miembro activo del cártel de Los Narcosatánicos. A ella le dieron nada más 62 años de prisión. Realizaba rituales de brujería cocinando en una olla restos humanos y de otros animales; con el fin de recibir protección espiritual en los negocios de su banda. El cineasta Alex de la Iglesia, dirige la película “Perdita Durango” (1997), basada en los hechos de los Narcosatánicos.
Otro más: “El pozolero” (Santiago Meza López). Encargado de disolver en un tambo de 200 litros, con ácido, los cuerpos descuartizados de los enemigos del cártel de Tijuana. Lo agarraron borracho y drogado en una casa donde festejaba con sus colegas. En su defensa dice que el solo disolvía los cadáveres y que no asesinó a nadie.
Pero, volviendo a nuestro asunto, encontramos al Mochaorejas; (Daniel Arizmendi López) un multi asesino y secuestrador, que sembró el terror en el México de los años 90 siglo XX. Fue condenado a 480 años de prisión, aunque después le rebajaron a tan solo 393 años. El pueblo le nombró El Mochaorejas por su inclinación a mutilar sus víctimas secuestradas, amputando las orejas para enviarlas a sus familiares con el fin de obligarlos a pagar el rescate.
El Mochaorejas de Lynch; Frank (interpretado por Dennis Hopper) mantiene sometida a la cantante masoquista Dorothy (Isabella Rossellini), habiendo secuestrado a su marido e hijo. Nos enteramos de que la oreja encontrada en el patio trasero pertenece al marido. Así este perverso gánster asume el papel de marido e hijo simultáneamente, y mantiene relaciones sexuales con la cantante. (durante la sesión dice: mami, mami, ya va a regresar papá...)
Esta es otra escena icónica del cine: Dorothy vestida con su bata de terciopelo azul, dócil y complaciente se une al criminal, gimiendo, gritando y pidiendo más golpes; mientras el chico “bueno” los espía desde el interior del ropero. (Los chicos buenos son aburridos)
Algo hay de perversidad edípica en este despliegue. En otra escena en el departamento de Dorothy con sus decorados color de rosa apastelados, carnales; el chico bueno asesina a Frank el malo, su padre simbólico, metiéndole un balazo en la frente. ¿Por qué en la frente? Y se aparea violentamente con su madre simbólica; se ha cumplido así la inevitabilidad edípica. No hay vuelta atrás, nada puede ser como antes.
El infierno, ida y vuelta.
Efectivamente. Hemos asistido a un viaje infernal de autoconocimiento, donde el héroe aprende lecciones valiosas sobre la vida, la falsedad de las apariencias, tanto en la realidad como en las personas; el sufrimiento como fuego trasmutador, el nihilismo activo y la fragilidad de la esperanza. La puerta de entrada a este viaje infernal, es la oreja, escalera que desciende a las oscuridades tenebrosas del inconsciente particular de Jeffrey, que se conecta al inconsciente colectivo de su pueblo, su cultura, su época. Aquí voy a meter un latinajo para aparecer culto; recordemos que “infierno” procede del latín infernum, o inferus, que significa inferior o subterráneo. Al surgir de este viaje subterráneo, insinuado por la cámara al descender al subsuelo de los insectos y de las orejas mutiladas, el héroe entiende que todo es apariencia. Ha perdido la fe, la inocencia, la razón.
La esperanza en un futuro de amor y dulzura, prometida por Sandy (Laura Dern), que a través de un sueño recibió un extraño mensaje, a saber: el regreso de pájaros rojos anuncia felicidad; se ve ultrajada una vez más por el simbolismo lyncheano. Aparece el pájaro rojo en la ventana, se acercan los curiosos y ven que lleva en el pico un insecto monstruoso del cual se alimenta. No es un final feliz. No hay final clausurado. Hay flujos irracionales.
Conclusión
La oreja mutilada, tanto en Lynch como en otros contextos artísticos, históricos y culturales, funciona como un signo de fragmentación, desconexión, comunicación rota, teléfonos descompuestos. En Lynch, que se interesa por las complejidades del inconsciente, la oreja mutilada insinúa una percepción truncada, una invitación a penetrar más allá de las apariencias. La oreja es un caramelo amargo que nos deviene más sabios, pero más tristes.



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