Presenciar el funeral detrás de un árbol lo hizo sentirse como un cobarde. Pero no podía ir cómo si nada a darle el pésame a la madre de Gwen, si él había sido el responsable de que su hija estuviera siendo enterrada tres metros bajo tierra.
—¿Seguro que no quieres despedirte, Peter? —escuchó la débil voz de su tía May, pero él aún seguía observando el entierro, viviendo como en un loop la muerte de la víctima.
Esto es mi culpa, debí alejarme aún más.
Pasar por el duelo de un ser amado nunca es fácil, pero es aún más complicado si crees que tuviste la culpa.
Primera etapa: “Negación”
Una de las razones por la que no aceptó acercarse y estar en el funeral, además de la culpa, fue porque Peter aún no podía creer que Gwen estuviera en ese cajón. Parecía todo tan falso…
—No, solo vámonos, May —Parker se dio la media vuelta, dispuesto a volver a su auto. No obstante, su tía lo agarró del brazo.
—Peter…
—Si tú quieres, ve. Yo volveré a casa.
—Necesitas…
—No —Y el joven adulto hizo lo que le dijo, se dio la media vuelta y volvió a su hogar.
Apenas ingresó a su cuarto, se dejó caer a la cama, mirando fijamente el techo, notando algunas grietas en ella. Pero su atención en esos defectos se vieron apaciguadas por el recuerdo.
Gwen cayendo de espaldas, mirándolo fijamente con lágrimas en sus ojos.
Rápidamente negó con su cabeza, tratando de rechazar por completo ese recuerdo, y decidió que era mejor entretenerse con otra cosa. Quizás arreglando esas grietas.
Segunda etapa: Ira.
Había olvidado por completo que tenía una fotografía con Gwen en su pantalla de inicio en su computadora. Luego de estar evitando y tratando de nublar ese recuerdo, ver la viva imagen de su novia no le produjo sensaciones placenteras.
Al instante en que vio esa foto, no pudo manejar sus emociones. Tomó entre sus manos el monitor y lo estrelló contra la pared, para seguido destrozar todo a su paso en ese cuarto pequeño. No podía dejar de romper cosas, su visión se había nublado, no sabía si por la ira o por las lágrimas.
Hasta que divisó, entre todo el desorden, que había roto un marco en el que se encontraba la foto de la graduación que May había tomado. Y el vidrio se había astillado en el rostro de Gwen. Agarró ese objeto y quitó el papel, admirando las facciones de Stacy.
Ojos celestes, melena rubia, cutis perfecto… Y rompió en llanto al no recordar cómo se sentía acariciar su rostro y mucho menos besar esos labios rosados.
Tercera etapa: Negociación.
No es nada fácil abandonar aquello que hacia fluir la adrenalina por tu sangre. Esa excitación por saltar de un edificio o salvar la vida de alguien eran algunas de las cosas que hacían a Peter Parker querer ser Spiderman.
Sin embargo, luego de la muerte de Gwen, esa llama interior por querer ser el héroe y salvar el día se extinguió, dejando a un corazón vacío en su pecho. Ver a la chica por la que estuvo suspirando durante su adolescencia entre sus brazos y con la sangre escurriendo por su nariz debido al golpe en su nuca, hizo que se jurara nunca volver a ponerse ese traje rojo y azul.
Nunca volvería a escuchar su voz, nunca iba a volver a exigirle que la deje ayudarlo, no iba a poder tocarla, ni mucho menos quitarse de la cabeza sus últimos momentos. Cómo ella cerraba los ojos envueltos en lágrimas y se entregaba a su destino, a ser abrazada por la mismísima muerte.
Y por eso, se había prometido nunca volver a ponerse ese traje. No volvería a cometer ese error, ya no podía seguir cargando con muertes. Necesitaba un respiro.
Es por eso que, apenas recapacitó, se deshizo del traje, lo vio arder en llamas hasta hacerse cenizas. Así, iba a asegurarse que Spiderman nunca más volvería y cometería un error como pasó con Gwen.
Y buscaría un nuevo empleo. Ser el fotógrafo en ese periódico no sonaba nada mal. Aún tenía la cámara que usaba en la escuela.
Cuarta etapa: Depresión.
—¡Peter, ya está la cena! —escuchar el llamado de May tan feliz, hizo que la sensación en su pecho pesara más. Y aumentó al oír sus pasos hasta dar con su puerta —Pet, ¿te sientes bien? —su tía se acercó a él, un tanto preocupada. No había salido de la cama en todo el día.
—Si… Solo… Quiero dormir. Estoy cansado.
—Pero no saliste de tu cuarto en todo el día —el rostro preocupado de May al ver sus ojos tan apagados no ayudaban en nada a su situación, así que solo le dio la espalda y se cubrió con sus frazadas.
—Déjame dormir, May —la mayor simplemente suspiró y lo dejó en paz.
Solo en ese cuarto. Como él lo había pedido. Pero aún así, dolía. Dolía profundamente el sentirse en soledad, con el incesante ardor en sus pulmones cada que respiraba y, a la vez, sentir que su corazón estaba muerto, que no estaba latiendo en su pecho.
Inhaló y exhaló, tratando de cerrar los ojos y volver a dormir.
Toda su tristeza estaba comenzando a afectarle en su nuevo trabajo, ya no estaba tan atento como antes y llegó al punto de que hasta su jefe y compañeros se lo hacían notar. Entregaba las fotografías tarde, en una muy mala calidad o la imagen era sacada en un pésimo ángulo que otro fotógrafo debía encargarse de volverla a tomar.
—Parker, puedes hacerlo mejor.
—¿Qué carajos es esto? ¿Esto es tu mejor trabajo? Dile a Guntherson que se encargue.
—Si sigues así… Ve juntando tus cosas, Parker.
Esos comentarios simplemente lo desalentaban a seguir, y comenzó a faltar al trabajo. No hacia casi nada durante el día, había dejado la ciencia a un lado, solo le quedaba el trabajo y cuidar de su tía May. Pero estaba muy cansado.
Quinta etapa: Aceptación.
Luego de caer en ese abismo de tristeza por unos largos meses, al fin se encontraba ahí. Era invierno, a pesar de estar abrigado, sus huesos se helaban por las bajas temperaturas. La nieve caía a su alrededor, y él se encontraba ahí.
"Gwendolyne Maxine Stacy
Amada hija, hermana y amiga"
Estaba parado frente a la lapida, leyendo sin parar esa dedicatoria a la difunta. No sabía qué hacer, dejar la rosa entre sus manos o darse la vuelta e irse. Y decidió ser valiente, se arrodilló y dejó la flor, acariciando esa placa.
—Hola, Gwen… Perdón por tardar —murmuró, con la voz rota. Tal vez por el frío o por el nudo en su garganta —Te juro que intenté… venir antes. Pero creo que no soy lo demasiado fuerte.
Una sonrisa se dibujó en su rostro, al mismo tiempo que las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos. Rió suavemente y decidió sentarse en el suelo nevado, aún con su mano en la lapida.
—Conseguí un trabajo… No me… está yendo tan bien como creí, pero es algo. Al menos, tengo una razón para levantarme de la cama, ¿Cierto? —se quitó el gorro y se revolvió el cabello, mordiéndose el labio —Me siento un idiota hablando con… un pedazo de roca siendo que… estás debajo de mí. Ay, Dios…
Luego de un corto silencio, Peter soltó una fuerte carcajada, quitándose todo el peso de encima que cargó por unos largos e interminables meses de dolor por la pérdida. Y aún así, sintió algo pasar por su espalda, una especie de brisa, aunque decidió ignorarla.
—Lo lamento mucho, Gwen. Realmente, lo siento tanto… Y te amo. Siempre lo haré —la sonrisa en el rostro de Peter Parker seguía intacta, aún cuando estaba cubierta de lágrimas.
—Te amo, y lo siento.



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