En el marco del festival ENERC Se Proyecta se está realizando un ciclo por los 100 años de José A. Martinez Suarez, un director que con una cuantas películas supo lograr un lugar en el cine nacional en distintas etapas. Siempre con un espíritu crítico con la sociedad argentina, se embarcó en narrar historias de los distintos sectores que la coponen. En sus dos primeras películas (El Crack y Dar la Cara), por ejemplo, se acerca a las posibilidades de la juventud porteña de la década del 60. Los personajes de Martinez Suarez exponen las inquietudes de una generación pérdida y tratando de encontrarse entre lo viejo y lo nuevo.
Si uno ve estas películas puede llegar a sorprenderse por su absoluta actualidad en cuanto a los temas que aquejan a la sociedad, e incluso al propio cine.
En este sentido, es valorar el hecho de recuperar estas películas en este momento no sólo como una acto de memoria o revisión del cine nacional, sino para pensar sobre los temas que traen a colación, como el rol de los jóvenes el presente y la relación entre estos y un mundo adulto ya formado y construido sobre estructuras que se resisten a ser modificadas.
También es interesante, como propone el ciclo, ver como los temas y los personajes de este director van cambiando a lo largo de su filmografía. En las películas posteriores, como Los muchachos de antes no usaban arsénico este chocque generacional aparece desde otro punto de vista y también con otro tono, otro género y otra manera de narrar.
Podemos entender entonces entender a Martinez Suerez como a una figura elementar para comprender al cine moderno argentino de los años sesenta y setenta, que en sus películas tuvo la capacidad de capturar los choques del pasado, el presente y el futuro de una sociedad en constatante convulsión.
El enfrentamiento entre lo viejo y lo nuevo sucede todo el tiempo, por eso siempre es un buen momento para ver una película de Martinez Suares.


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