El Cónclave, dirigida por Christoph Schrewe, es una de esas películas que no mucha gente conoce, pero que vale la pena rescatar si te interesa la historia del Vaticano y todo lo que se mueve detrás de sus muros. La historia transcurre en 1458, justo después de la muerte del Papa Calixto III, en un momento en que Europa estaba marcada por tensiones religiosas, conflictos políticos y luchas internas por el poder.
Lo interesante es que el protagonista es un joven Rodrigo Borgia, quien con el tiempo se convertiría en el polémico Papa Alejandro VI. En esta película todavía es un muchacho ambicioso, atrapado entre la lealtad a su familia, la fe que profesa y sus propias aspiraciones personales. No es fácil empatizar del todo con él, pero tampoco es el villano típico. Más bien, es un reflejo bastante humano de alguien que intenta avanzar en un sistema que ya estaba lleno de intereses cruzados y manipulaciones.
Desde el lado histórico, la película hace un esfuerzo serio por representar cómo funcionaba un cónclave en esa época. Las alianzas entre cardenales, las promesas secretas, los juegos de poder disfrazados de espiritualidad… todo eso está ahí, y por momentos uno se olvida de que está viendo una ficción. Obviamente, hay licencias dramáticas, pero en general da una idea clara de cómo la política y la religión se mezclaban (y quizás todavía lo hacen más de lo que pensamos).
Eso sí, aviso: no es una película para ver con prisas. El ritmo es pausado y más centrado en los diálogos y la atmósfera que en la acción. A algunos les puede parecer lenta, pero si te dejas llevar por la trama, es bastante envolvente. A mí personalmente me gustó que no intentara “vender” al Vaticano como algo sagrado e intocable, sino que mostrara sus contradicciones y conflictos internos sin caer en el morbo ni en el sermón.
Visualmente, cumple bien. Las locaciones, vestuario y ambientación te transportan a ese mundo de mármol frío y túnicas rojas. No es una superproducción, pero tampoco lo necesita. Se apoya más en lo que dice y sugiere que en los efectos visuales.
En resumen, El Cónclave es una película para quienes disfrutan del drama histórico con contenido, para los que les gusta pensar y debatir después de los créditos. ¿Fue justa la mirada sobre Borgia? ¿Qué tan diferentes son hoy los juegos de poder? Me quedo con esas preguntas… y con ganas de saber qué opinan los demás.


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